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Alimentación funcional en crisis: qué es y cómo ayuda a planificar comidas seguras y saludables

Elegir alimentos nutritivos, prácticos y de fácil conservación ayuda a mantener la energía y el bienestar cuando las circunstancias cambian

27 de agosto de 2026 - 12:00 AM

En momentos de emergencia, alimentarnos bien también es parte de la preparación. (Shutterstock)

Más allá de llenar la alacena con productos no perecederos para enfrentar emergencias, hay que tomar conciencia de que, aun en situaciones extremas, se debe elaborar un plan para brindar comidas seguras, prácticas y adecuadas para la familia.

Esto según las necesidades particulares de cada integrante del núcleo familiar, considerando las edades, condiciones de salud, alergias e intolerancia a ciertos suministros, en vías de mantener las funciones vitales, prevenir deficiencias y reforzar el sistema inmunitario en circunstancias atípicas.

Así se define el concepto de alimentación funcional en crisis, una estrategia nutricional que prioriza los alimentos de alta densidad calórica y nutritiva que no requieren preparación compleja y que se pueden ingerir en medio de desastres naturales, emergencias humanitarias o dificultades personales.

Productos esenciales

Para la licenciada en nutrición y dietética, Keyla Ortiz Arroyo, “durante una emergencia, la meta no es únicamente tener comida disponible, sino que debemos tomar en consideración que esa reserva cumpla con mantenernos con energía y que tengamos una buena hidratación”.

Según la experta, la ingesta apropiada de macronutrientes, entiéndase proteínas, carbohidratos y grasas, “es algo que debemos tener bastante presente al planificarnos para hacer la compra y tener estos alimentos previamente disponibles”.

Asimismo, afirmó que estos alimentos deben ser fáciles de almacenar, seguros para el consumo familiar y que puedan ingerirse con poca o ninguna preparación.

¿Qué debe incluir en esa reserva?

Una recomendación para que no se olvide de adquirir los alimentos que necesita, es hacer una lista y dividirla en cuatro grupos.

El primer renglón, según la nutricionista, abarca las proteínas, entre estas, atún, pollo, salmón o sardinas enlatadas, así como habichuelas, garbanzos, huevo en polvo, mantequilla de maní, nueces y semillas, las cuales “también nos aportan grasas saludables”.

“Muchas de estas opciones se pueden conseguir bajas en sodio. Así que, (debe) tratar de buscar en la etiqueta nutricional que tenga 140 miligramos o menos y podríamos conseguir también alternativas hasta 200 miligramos. Recomiendo entre 140 y 200 miligramos para estos productos que ya son enlatados y que de por sí van a tener sodio”, advirtió.

El segundo renglón son las fuentes de energía y fibra, como son los carbohidratos, entre estos, avena, cereales integrales, galletas de soda, preferiblemente integrales; plantillas bajas en sodio y otros productos de larga duración.

En tercer lugar, están las frutas y los vegetales. Algunas opciones recomendadas son: frutas enlatadas en su propio jugo, puré de frutas en su propio jugo y sin azúcares añadidos; frutas secas como dátiles y pasas y vegetales enlatados bajos en sodio. El cuarto renglón es el grupo de lácteos, entre estos, leche UHT baja en grasa, leche en polvo y bebidas vegetales de larga duración, entre estas, la leche de soya o la bebida de soya, según las necesidades de la familia.

En tanto, afirmó la importancia de adquirir suplementos nutricionales y alimentos específicos para bebés, adultos mayores o personas con necesidades particulares.

“Esto, dependiendo de las necesidades de la familia, es algo que siempre debemos evaluar, entre estas, alergias, intolerancia o alguna especificación. Todo esto hay que considerarlo como parte de la lista de planificación y compra de alimentos”, recalcó.

Alimentos funcionales

De acuerdo con la nutricionista y dietista, la alimentación funcional es para todo el mundo, nuevamente, analizando las particularidades nutricionales de las personas que viven bajo su techo, “dependiendo de si hay alergias, intolerancia o problemas de tragado”.

Se trata de alimentos bastante densos y que son fáciles de mantener en la alacena, entre estos, mantequilla de almendras o de maní, los cuales aportan “bastantes grasas saludables y proteínas”.

Estos productos se pueden combinar con galletas de soda o una plantilla y, “ahí tenemos un alimento bastante completo. Claro, esto es pensando en hacer una combinación bastante fácil, sencilla y de poca preparación”.

“Ahora, si al asegurar en la lista de compra todos los alimentos antes mencionados, al tener una proteína como pollo o atún, ya tenemos ahí una proteína de alto valor biológico. Con eso nos referimos a densidad nutricional; no tener en la alacena alimentos por tener, sino con consciencia y comprando con intención”, sentenció.

“Asegurando el carbohidrato, tendríamos que considerar que sea de poca preparación, como una plantilla, galletas de soda, que es lo más fácil y no requiere mucha preparación”, insistió.

En cuanto a las grasas saludables, hay que considerar contar con nueces, semillas o aceite de oliva ya que, estos productos no requieren refrigeración, son de larga duración y, proveen energía densa y prolongada.

“Ahí tendríamos alimentos completos y con densidad nutricional”, mencionó.

Qué cocinar y congelar en los días previos al aviso de tormenta para consumirlo de forma segura en las primeras horas

De otra parte, señaló que los días previos a una tormenta o huracán, representan una oportunidad para transformar los alimentos que hay en el hogar. Incluso, los sobrantes del mismo día se congelan “el mismo día en que se prepararon” para no perderlos”.

Esto le ayudará a planificar posibles opciones para brindarles a los suyos comida saludable.

Igualmente, aconsejó que esa preparación puede hacerse, por lo menos, tres días antes del paso del fenómeno atmosférico.

“Algunos de estos alimentos que nos pueden ayudar y mantenerlos congelados para el uso bastante inmediato serían pollos guisados o desmenuzados, habichuelas, garbanzos o lentejas guisadas, sopas, caldos, arroz con habichuelas, pastas con proteína, vegetales cocidos”, detalló.

“Ahí estamos asegurando, con estas alternativas, el combinar proteínas, carbohidratos y grasas saludables”, sostuvo.

No obstante, instó a seguir la regla 48, 24 y 4.

“Eso significa que, si el refrigerador o la nevera está cerrado, el tiempo aproximado de esos alimentos seguros es de 4 horas. Cuando el congelador está lleno y cerrado, el tiempo aproximado seguro es de 48 horas y, un congelador medio lleno y cerrado puede durar hasta 24 horas”, reveló.

Esto facilitará el análisis de cuán seguro está el alimento para consumo o si debe descartarse de inmediato.

“No te dejes llevar por olores o apariencia física del alimento. Si ya pasaron más de 4 horas en una nevera y no se consumieron, pues no puede dejarse llevar para decir si lo como o no. Ante cualquier duda, es mejor descartar”, manifestó.

Igualmente, debe contar con un termómetro “para estar seguros de la temperatura del alimento, así como de la nevera y del congelador”.

Reserva de agua

La poca precipitación experimentada en el país desde hace varios meses dificulta el abastecimiento de agua potable durante la temporada de huracanes.

Esta situación compromete directamente la seguridad alimentaria y salubridad, ya que el agua es esencial, no tan solo para el consumo, sino también en la preparación de alimentos e higiene personal.

Ante la escasez del líquido, es importante el desarrollo de estrategias para gestionar el agua potable en el hogar, así como planes nutricionales en sequías y prevención de riesgos de salud.

“Algo bien importante que debemos tener presente es que los CDC (Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades) recomiendan almacenar al menos un galón de agua por persona, por día, para un mínimo de tres días”, recordó.

“Cuando sea posible, si llegamos a tener esa reserva hasta dos semanas, sería lo ideal porque vivimos en un lugar bastante caluroso y puede ser que se requiera un poco más. Además, lo vamos a utilizar no solo para el consumo, sino para la preparación de alimentos, para la higiene en general”, expuso.

En el caso de familias con bebés, envejecientes o con necesidades nutricionales específicas, hay que buscar la manera de aumentar la reserva de agua.

“Esto, si tenemos que preparar fórmula infantil o alguna alimentación especial para algún envejeciente o miembro de la familia que requiera alimentación en polvo y se tenga que mezclar con agua pues, también tenemos que considerarlo”, aseveró.

Aunque muchas personas se pertrechan con agua embotellada que, representa el método más seguro para consumo, la realidad es que, en momentos de crisis se puede afectar la disponibilidad del producto.

Por eso, necesitarás aprender cómo desinfectar el líquido antes de consumirlo.

Según la experta, “el método preferido es hervir el agua, aunque, obviamente sé que, en ocasiones las personas puede que no tengan estufa de gas”.

“El método más seguro es hervir el agua durante un minuto y luego dejarla enfriar. Luego, se guarda en un recipiente limpio y desinfectado”, destacó.

En caso de que no tenga la facilidad para hervir el agua, existen otras prácticas recomendadas por las autoridades sanitarias, entre estas, el CDC, el cual advierte que “saber de dónde viene su agua para beber y cómo ha sido tratada puede ayudarlo a tomar medidas para evitar enfermarse”.

“Si no se puede hervir, el CDC permite que se desinfecte con bleach doméstico sin aroma, siempre y cuando la concentración del cloro doméstico tenga las cantidades de hipoclorito que, prácticamente, en la etiqueta podemos ver”, esbozó.

“Para bleach de 5 a 9%, el CDC indica que son 8 gotas por cada galón de agua clara. Luego, hay que mezclar y dejar reposar al menos 30 minutos antes de utilizarla. Si (el agua) está turbia o con un color muy fuerte, se utiliza el doble de las gotas por galón”, explicó.

Sin embargo, admitió que, el uso de cloro para destilar el agua no es la primera opción pues, “depende de mucha precisión para que sea seguro y, por eso se recomienda hervir cuando el agua no es potable”.

Otra de las recomendaciones para purificar el agua es a través de un filtro de café.

“Se deja reposar para filtrarla, una toalla de papel o hasta un paño de microfibra completamente limpio y que nunca haya sido utilizado, se puede usar para filtrar el agua. Esto es extremo cuando no conseguimos agua embotellada”, concluyó.

La autora es periodista colaboradora de Suplementos.

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Este contenido fue redactado y/o producido por el equipo de Suplementos de GFR Media.

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