

7 de junio de 2026 - 11:00 AM

Uno de los muchos efectos del cambio climático es el aumento en las temperaturas. En Puerto Rico, las olas de calor son cada vez más frecuentes y extensas. Ante esta realidad, es crucial entender el riesgo al que la ciudadanía se enfrenta.
Más allá de la temperatura, existen diversos factores que afectan la sensación térmica o el índice de calor, es decir, cómo se siente el calor. Por ejemplo, se ha demostrado que el cemento y el asfalto retienen el calor por más tiempo, lo que afecta las zonas urbanas y crea “islas” de calor extremo. La sensación térmica también es influenciada por factores socioeconómicos y demográficos.
En San Juan, debido a su alta densidad poblacional y tamaño, ya existen mapas de vulnerabilidad al calor. Estos mapas combinan información sobre temperatura, condiciones sociales y características del entorno para identificar las comunidades más expuestas al calor extremo y con menos recursos para enfrentarlo. De esta manera, ayudan a priorizar acciones como la siembra de árboles, la creación de espacios frescos y la preparación de servicios de salud.
Sin embargo, en otros municipios, como Ponce, este tipo de análisis está incompleto. Dado que Ponce es más seco, registra temperaturas más elevadas; también, tiene más habitantes con altos niveles de pobreza comparado con la zona metropolitana, por lo que el desarrollo de modelos de vulnerabilidad al calor es crítico para la salud pública en la zona sur.
Un grupo de científicos, liderado por la doctora Laura Cabrera Rivera y bajo la mentoría del doctor Pablo Méndez Lázaro –ambos del Departamento de Salud Ambiental de la Escuela Graduada de Salud Pública del Recinto del Ciencias Médicas de la Universidad de Puerto Rico–, completó un detallado análisis estadístico para crear un mapa de vulnerabilidad al calor de Ponce. Los hallazgos de su análisis se publicaron en la revista “Urban Climate” de enero pasado.

“Nuestro grupo de investigación, el ‘Caribbean Collaborative Action Network’ (CCAN), parte del programa de Alianzas para la Adaptación Climática de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA, en inglés), trabaja en diversas iniciativas para ayudar a Puerto Rico a adaptarse y prepararse frente al calor extremo. Este fenómeno afecta cada vez más a sectores esenciales de nuestra vida diaria y muy especialmente a poblaciones vulnerables, como los adultos mayores y los niños”, indicó Méndez Lázaro.
Los científicos midieron u obtuvieron información sobre diferentes variables, incluyendo la temperatura del suelo, la cantidad de vegetación, la presencia de cemento y asfalto, la densidad de población y condiciones como pobreza y envejecimiento para desarrollar un modelo de calor. Luego, utilizaron esta información para crear un mapa interactivo que muestra cómo se distribuye la vulnerabilidad al calor en las distintas comunidades de Ponce.
“Para entender realmente la vulnerabilidad al calor, no basta con medir la temperatura. Es esencial integrar factores como la cobertura vegetal, las superficies impermeables, la densidad poblacional y las condiciones sociales, porque son estos elementos los que determinan quiénes están más expuestos y quiénes tienen menos capacidad para protegerse del calor extremo”, explicó, por su parte, Cabrera Rivera.
Con los modelos de calor urbano que el CCAN ha desarrollado, el próximo paso es colaborar directamente con agencias y personas que toman decisiones para crear estrategias de mitigación basadas en evidencia científica.
Méndez Lázaro resumió algunas de estas iniciativas. Por ejemplo, se efectúan actividades de reforestación en escuelas, lideradas por el Departamento de Educación, para crear espacios más frescos y saludables. Además, el CCAN ofrece talleres de capacitación a educadores, primeros respondedores, personal de Manejo de Emergencias, la Asociación de Hospitales y grupos de adultos mayores, con el fin de que cada sector pueda prepararse mejor ante los retos del calor extremo.
Con 78 municipios en la isla, los esfuerzos de Cabrera Rivera, Méndez Lázaro y sus colegas del CCAN apenas comienzan. Su plan es expandir los mapas de vulnerabilidad al calor a otras ciudades de Puerto Rico.
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El autor es catedrático en Física y Educación Científica en Morehead State University, Kentucky, y miembro de Ciencia Puerto Rico (www.cienciapr.org).
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