25 de julio de 2026 - 9:00 AM

Cooperstown, Nueva York - No solo las ventas del madrugador producen largas filas en Puerto Rico y en Estados Unidos desde la noche antes del Día de Acción de Gracias. Ni únicamente las estrellas de la música atraen a miles de seguidores que acampan uno o dos días previos a sus megaconciertos.
En Cooperstown, la costumbre no tiene comparación. Desde el jueves en la tarde, con más de 48 ahoras de antelación, múltiples aficionados del béisbol, muchos de ellos adultos mayores, tenían sitiada la acera opuesta del Salón de la Fama y Museo Nacional de Béisbol haciendo guardia hasta el momento de la parada de leyendas del recinto de inmortales que desfilarán hasta llegar frente a ellos este sábado en la noche.
Ya es una cita que muchos aguardan anualmente para hacer lo mismo cada vez. Un maratón de largas horas y días de espera, con sillas de playa apiñadas una al lado de la otra, como si fuera una barricada.
La razón es obvia. Asegurar un espacio pegados a donde luego se colocarán unas vallas para impedir que fanáticos invadan la calle, por donde discurrirá la caravana de vehículos que llevarán a los exjugadores miembros del Salón de la Fama.
Sobre medio centenar de inmortales del béisbol formará parte del evento en esta edición, incluyendo al final de la caravana a los tres homenajeados a ser exaltados el día después, domingo: el puertorriqueño Carlos Beltrán, el curazoleño Andruw Jones, y el estadounidense Jeff Kent, miembros de la Clase 2026 del Salón de la Fama.
“Oh, esto es increíble. Vine por primera vez en 2016 cuando nuestra superestrella, Ken Griffey Jr. fue exaltado”, dijo a El Nuevo Día Eddy Renstrom, un residente de Seattle que viajó por séptima ocasión desde la ciudad del estado de Washington en la costa oeste de Estados Unidos, y quien es fanático de los Mariners, incluyendo del otrora bateador designado de ese club, el boricua Edgar Martínez.
“Entonces esperé unos años y Edgar Martínez fue electo en 2019. Desde entonces he venido siempre. Esta es mi séptima vez”, agregó Renstrom, quien recuerda muy bien el tiempo que jugó el doradeño al asegurar que era “el mejor bateador con dos strikes que he visto”.
Renstrom viajó con dos hijos en esta ocasión, y mientras conversaba con este medio la barricada de sillas prácticamente estaba vacía. Él cumplía con su función de guardia, velando por las sillas de sus parientes pero también por la de amigos que ya “son una familia” por los años que lleva viniendo a Cooperstown.
Allí esperaba también por un relevo, ya que, naturalmente, no hay cuerpo que resista semejante maratón sentado por más de dos días.
“Toda esta gente es como familia para mí. Porque los conocí la primera vez, y luego vine por segunda vez, por tercera y cuarta, y somos todos familia. La familia de Filadelfia, la familia de Pittsburgh, la familia de Cleveland detrás de mí. Siempre acabamos alojándonos en el mismo sitio cada año”, apuntó sobre la hospedería tipo ‘Bed and Breakfast’ (B&B).
“Estoy esperando mucho por el día de mañana. Esta noche es una noche agradable y relajada. Mañana estaremos en pie temprano aquí, y es simplemente una fiesta. Es una gran fiesta durante todo el día hasta que llegue la parada”.
Más que ver desde atrás de la valla, la gran recompensa para estos apasionados del béisbol y de la historia del llamado ‘pasatiempo nacional’, es cuando por costumbre la parada termina con los ‘Hall of Famers’ bajándose de los vehículos y caminando hasta donde están estos fiebrús para saludarlos de cerca.
Luego de dos largas jornadas de espera, y de ver y saludar a las estrellas, al siguiente día acostumbran todos completar la fiesta con la ceremonia de exaltación el domingo.
“Y entonces, luego de ir a la exaltación (en el campo del Clark Sports Center), no todo el mundo lo sabe pero hay una ceremonia de las placas en el interior (del Museo). Los jugadores no vienen, pero los fanáticos que llegan ahí pueden ver cuando colocan en las paredes las placas”, agregó Renstrom sobre las tarjas que en esta ocasión serán las de Beltrán, Jones y Kent.
“Aquí estuve anoche (jueves) en estas sillas con una colcha y una almohada con otros dos muchachos que no había conocido antes. Y pasamos cuatro horas hablando solo de deportes”, dijo, al tiempo que explicó que realizan cuatro turnos por lo que no todos tienen que estar presentes durante la larga espera por tocar un pedazo de la historia del béisbol.
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