La extenista puertorriqueña Mónica Puig se estrenó en la gira profesional de la WTA en 2010 y alcanzó su punto más alto en el escalafón mundial, el número 27, en 2016. Ese año ganó la medalla de oro en las Olimpiadas de Río.
La extenista puertorriqueña Mónica Puig se estrenó en la gira profesional de la WTA en 2010 y alcanzó su punto más alto en el escalafón mundial, el número 27, en 2016. Ese año ganó la medalla de oro en las Olimpiadas de Río. (Xavier J. Araujo)

Su adiós al tenis y al prestigioso tour de la Women’s Tennis Association (WTA), en lugar de intentar otro retorno a la cancha, fue para la campeona olímpica de 2016 Mónica Puig un asunto de poner las prioridades en balanza para decidir entre su amor al deporte o tener calidad de vida fuera de las líneas.

Es que precisamente la condición de su hombro era tal, después de un par de cirugías, que el daño sufrido en abril en su retorno a la acción la puso contra la pared.

Puig, campeona y medallista de oro en los Juegos de Río 2016 y quien debutó en la gira de la WTA en 2010, anunció su retiro del tenis el lunes, tras una carrera que la llevó a cosechar esa y otras múltiples medallas para Puerto Rico en competencias del ciclo olímpico. Y a nivel de la WTA, tuvo su punto máximo precisamente en 2016 cuando alcanzó el puesto número 27 en el escalafón mundial, su más alto en toda su trayectoria.

“Cuando decidí volver a la competencia en Madrid, me desgarré varios ligamentos en el hombro, porque al esforzarme mucho, por querer volver a mi nivel que estoy acostumbrada, me lesioné mal. Mi hombro simplemente no estaba listo. Y por eso el viernes pasado me operé y esa operación fue más bien para tener calidad de vida, para ya no tener problemas con el hombro”, dijo Puig en videoconferencia celebrada este miércoles con miembros de la prensa de Puerto Rico, su primera luego del anuncio de su retiro el lunes.

Puig estuvo inactiva por casi dos años (19 meses) entre finales de septiembre de 2020, hasta que en abril de este año decidió retornar en el Abierto de Madrid. Y lo logró, pero pagó un precio muy alto, considerando el historial que ya arrastraba con dos operaciones.

Tres operaciones en menos de tres años

La primera fue en diciembre de 2019 para reparar el nervio cubital del brazo derecho (nervio que va del hombro hasta la mano), y la segunda, tras problemas de molestias y dolor recurrentes en el hombro derecho, en mayo de 2021. Eso fue antes de jugar un par de torneos, incluyendo el Abierto de Francia, tras el cual no pudo volver a jugar hasta ese año.

La ahora extenista admitió que sabía, aun antes de su regreso a cancha en Madrid, que sus días en el deporte estaban contados. Pero el desgarro de ligamentos en el hombro la condujeron al quirófano por tercera vez el viernes pasado, como preámbulo al anuncio de su retiro.

Mónica Puig y Nacho Todero durante la celebración en La Fortaleza de la conquista de la medalla de oro olímpica en Río 2016.
Mónica Puig y Nacho Todero durante la celebración en La Fortaleza de la conquista de la medalla de oro olímpica en Río 2016. (TERESA.CANINO@GFRMEDIA.COM)

“Si soy honesta, sabía que mi hombro no estaba al 100 por ciento y que iba a tomar tiempo poder llegar ahí. Pero la gente que me conoce sabe que a veces soy impaciente. Cuando tengo algo puesto en mi mente, voy a tratar de intentar lo posible por llegar ya. Mis entrenadores me decían, ‘mira, la carrera es larga, quizás no es lo más lógico forzar’”, agregó Puig, de 28 años.

“Pero cuando uno entra a la zona competitiva y cuando uno quiere dar lo mejor y quiere ganar tanto, a veces se te va… el 70 por ciento que podía dar de mi hombro. Y empecé a sacar sobre las 100 millas por hora, sin haber hecho eso en muchas prácticas. Empecé a forzar mucho. Y aunque ese fue el partido que realmente saqué los mejores saques que he tenido en este periodo de tres años, forcé mucho”.

En ese sentido, Puig aceptó que esa fue su sentencia para salir del deporte forzosamente, aunque las operaciones previas no auguraban que le quedaba mucho tiempo en el tenis. Sin embargo, se mostró tranquila con su decisión de intentar regresar, y aceptó que fue un riesgo calculado.

“No me imaginé que me iba a hacer tanto daño. Imaginé que solo iba a ser sensibilidad y un poco de ‘soreness’ y todo eso”, agregó refiriéndose a lo que esperaba tras el esfuerzo que hizo en su partido de primera ronda en Madrid ante la estadounidense Danielle Collins.

“Pero cuando fui al segundo torneo (el L’ Open 35 de Saint Malo, en Francia, en mayo) no pude dormir por varios días; no podía dormir encima del hombro derecho. En las prácticas ya me estaba molestando en los golpes y cuando iba a sacar, no podía hacer más de cuatro saques. Ahí empecé a sentirme como que ‘algo está mal aquí’. Fue la misma sensación que tuve antes de las primeras dos cirugías”.

Puig conversó con los medios de la isla ampliamente y aseguró que tiene planes de casarse a finales de año. También mencionó que a largo plazo sueña con ser madre, pero que por el momento dará continuidad al trabajo que ya comenzó a realizar en los medios, específicamente para la cadena ESPN como analista.

“Que mi carrera de tenis ya no iba a ser igual yo lo sabía, porque un hombro no es igual después de dos cirugías. Ahora, que iba a tratar de volver a jugar sin un saque potente, lo quería intentar porque físicamente me mantuve fuerte, me mantuve ágil, estuve estudiando mucho el deporte. Mejoré en muchas cosas”, dijo repasando el proceso de recuperación de casi dos años.

“Tuve charlas con mi familia y con mi equipo, diciéndoles, ‘tranquilos que yo voy a llegar no importa si toma tres, seis, ocho (meses) o un año, voy a volver’. Ahora, cuando ya vi que mi hombro, el tanque de gasolina llegó a cero, ahí fue cuando me empecé a preocupar. Llamé a mi mamá, que fue a quien llamé para tomar esta decisión, me senté con ella, y le lloré y le dije, llegué a mi fin”.

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