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Raúl Ríos Díaz desea expandir el cortometraje que hizo sobre Miguel Enríquez. (Angel Luis García)

De pequeño, el documentalista puertorriqueño Raúl Ríos Díaz soñaba con piratas. Disfrazarse de corsario era su aventura favorita y cada vez que viajaba con su familia en la lancha de Cataño hasta el Castillo del Morro lo único que pensaba era en tesoros.

Pero el tiempo pasó, creció y continuó por otros caminos. Hasta que una tarde, ya convertido en un profesional, entró a una librería en San Juan y se topó con un libro del historiador Ángel López Cantos sobre el pirata Miguel Enríquez, cuya historia desconocía. Sin pensarlo, lo compró, retornando sin saberlo a esas aventuras del mar con las que tanto fantaseó de niño.

Bastó leer algunas páginas de aquella historia sobre el corsario puertorriqueño del siglo 18, para saber que algún día contaría su vida. Fue así que Ríos Díaz se lanzó a explorar y desarrolló el cortometraje “Miguel Enríquez” sobre este influyente pirata que, como explica, fue borrado de los libros de historia por ser un mulato en una isla controlada por una élite blanca. La producción obtuvo el premio al mejor director en la categoría de documental corto en los Gold Peer Award que otorga la Television, Internet & Video Association de Washington DC, y recientemente fue ganadora del premio de público en el Festival Internacional de Cine Fine Arts de San Juan.

El éxito del trabajo estriba, precisamente, en la fascinante historia de Miguel Enríquez. Hijo de una esclava libre, este hombre -que fue un zapatero-, logró amasar una fortuna en el siglo 18 como corsario al servicio de la corona española. De su padre se sospecha que era un hombre blanco perteneciente al clero. “Él estuvo por todo San Juan y la hacienda más grande, donde él vivía, está por donde ahora está Río Hondo, en Bayamón, porque desde esa área veía todo el Morro y podía observar los barcos que venían. Fue un hombre sumamente listo, un preparador de corsos que comenzó a tener una flota que tuvo gran éxito y cuyos botines eran increíbles. Se hizo de mucho dinero. Nosotros apenas podemos imaginar la magnitud de lo que él tenía. La cantidad de esclavos, de reses, de cultivos, básicamente tenía un imperio”, explicó Ríos Díaz, quien ha dedicado casi una década a estudiar en profundidad este personaje histórico, al que cataloga como el “más fascinante del país”.

“Realmente su vida es una historia de intriga, aventuras, suspenso, es un thriller”, compartió con evidente emoción.

Esas características son las que componen el cortometraje que realizó y que ahora desea expandir en un proyecto transmedia que constará de un largometraje, una novela gráfica y un proyecto urbano donde se hará valer de la tecnología de realidad aumentada para que el público con sus celulares o tabletas pueda ir descubriendo la historia de Enríquez en una ruta de murales que irá de Santurce hasta el Viejo San Juan.

“En el cortometraje recorrimos sus comienzos, así como la buena vida que se llegó a dar, su posición como el gran esclavista de la Isla, a pesar de que era hijo de una esclava libre… Exploramos todas sus contradicciones y hablamos de cómo quedó en el olvido. Pero realmente el corto no da para contar esta historia tan rica, donde hay asesinatos, sobornos, miles de cosas que ahora queremos integrar en esta nueva fase del proyecto”, indicó.

Ríos Díaz dijo que en los próximos meses estará promocionando el cortometraje, así como toda la propuesta, pues el propósito es que el año próximo, con la nueva entrega de la saga “Los piratas del Caribe”, protagonizada por Johnny Depp, la audiencia conozca una “historia alterna que es la historia del verdadero pirata del Caribe”.

Historia desconocida

El cineasta precisó que urge conocer este personaje histórico porque sintetiza todo un periodo del desarrollo de la historia del país y porque aborda la complejidad racial que todavía existe en Puerto Rico. “Yo lo llamo el primer puertorriqueño porque realmente era un listo. Tomó ventaja de una disyuntiva específica de la historia y le sacó partido. Influenció al gobierno, a personajes de la iglesia, de todas las capas. Además, terminaba como un Robin Hood porque le pagaba las misas a los pobres que morían para que sus almas fueran al cielo, como se creía en la época”.

Pero a pesar de toda la fortuna que obtuvo Miguel Enríquez, éste murió olvidado. Ríos Díaz destacó que las élites blancas, que controlaban el comercio, el contrabando, la iglesia, les molestaba el poder que tenía el mulato y no tardaron en sembrar cizañas en la corona. Poco a poco, el pirata lo fue perdiendo todo y terminó abandonado, escondido en un convento, donde se sospecha fue envenenado.

Gracias a historiadores como Ángel López Cantos, Francisco Moscoso, Luis González Vales y Jalil Sued Badillo, entre otros, así como a la Universidad de Puerto Rico y al Centro de Investigaciones Histórica, se ha podido ir conociendo poco a poco su vida, según el documentalista. “Cuando tú le hablas a la gente del pirata más famoso de la Isla todo el mundo piensa en Cofresí, pero Cofresí fue un pirata muy breve, aunque una figura de gran romance. Realmente si vamos a tener una figura que sintetice lo que es el mundo de la piratería y los corsarios es Miguel Enríquez, quien tuvo una vida bastante extensa y que cubrió todo un periodo del desarrollo de la Isla. Básicamente si quieres entender la historia de este país, esa es la historia”, opinó Ríos Díaz.

Por esa razón, el cineasta desea elaborar esta propuesta documental, para la que ya está buscando fondos, auspiciadores y colaboradores. “El mar siempre ha sido para mí el símbolo más grande de lo que es una aventura”, dijo.

“Sin esa idea de explorar el mar no hubiéramos explorado otros continentes, no hubiéramos explorado el espacio, no hubiéramos explorando el fondo del mar o el interior de nuestros cuerpos, así que creo que es una gran metáfora el estar en un espacio y decir 'yo quiero saber lo que está al otro lado'. Hacer cine también es esa metáfora en la que empiezas con esta idea de hacer algo y no sabes a dónde te va a llevar, y cuando lo estás haciendo, llega ese momento en que dices ‘esto no se va a dar, esto es imposible, no tengo los recursos’, pero de momento llegas al otro lado. Esa es la travesía”, concluyó Ríos Díaz, cuyo deseo de ser pirata al final se le dio en el mar de la creatividad.


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