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El 26 de septiembre de 2005, acompañado por una multitud, los restos de Filiberto Ojeda Ríos fueron trasladados del Ateneo Puertorriqueño al Colegio de Abogados. (Archivo / GFR Media)

Hay fechas que no se olvidan, que permanecen en la memoria como una huella indeleble. La que está grabada en la mente del cineasta puertorriqueño Freddie Marrero Alfonso es la del 23 de septiembre de 2005. Ese día, después de la conmemoración del Grito de Lares, agentes del Negociado Federal de Investigaciones (FBI) llevaron a cabo un operativo en el que abatieron a tiros al fundador del Ejército Popular Boricua Los Macheteros, Filiberto Ojeda Ríos, quien llevaba 15 años en clandestinaje tras ser acusado de varios delitos por las autoridades federales.

Marrero Alfonso recuerda lo que sucedió luego del asesinato del líder revolucionario. La gente en la calle, la furia, la tristeza, el luto colectivo. Esa respuesta del pueblo lo motivó a documentar, junto con su colega, el director Leandro Fabrizi, lo que se vivía en el país en aquellos días. Lo hizo por pura intuición. Pero al observar las imágenes capturadas, se dio cuenta de que ahí había un documental.

Doce años después de comenzar la investigación y filmación, y tras varios incidentes -incluyendo una disputa legal con la Corporación de Cine de Puerto Rico-, el documental “Filiberto” estrenará este sábado en los cines del Mayagüez Town Center. A propósito de este trabajo, El Nuevo Día conversó vía telefónica con Marrero Alfonso, director y productor del proyecto, quien narró cómo se desarrolló esta pieza que relata la vida de Ojeda Ríos a través de los relatos de quienes lo conocieron, entre los que figuran músicos, familiares, abogados, amigos y hasta agentes jubilados del FBI.

¿Por qué era importante para ti rescatar y recordar la figura de Filiberto Ojeda Ríos?

La muerte de Filiberto Ojeda Ríos causó conmoción en Puerto Rico, cientos de personas fueron a su funeral, pararon las clases cuando el cortejo fúnebre iba hacia Naguabo… Siendo una persona que era uno de los más buscados por el FBI y era clandestino por 15 años, pues era sorprendente ese tipo de reverberación en la sociedad y eso nos hizo lanzarnos. Cuando uno lo empieza a mirar, este era un personaje como de proporciones épicas, no porque fuera el súper hombre ni nada, sino porque tenía unas características de valentía, de voluntad. Por eso es el interés, porque vale la pena contar su historia, ya que habla mucho de diferentes cosas de Puerto Rico, de la diáspora, de la música, de los movimientos de independencia. De alguna forma se puede hacer la historia de Puerto Rico desde esta figura y un poco se trató de hacer eso, contar la vida de él, pero también contarla dentro del contexto que él vivió.

¿Cómo fue el proceso de investigación para el trabajo?

Fue exhaustivo y difícil porque Filiberto fue clandestino gran parte de su vida, así que no estábamos hablando de una investigación sencilla. Comprendió revisión de material en Nueva York y en Puerto Rico y de entrevistas con fuentes primarias. Grabamos en Irlanda, en Nueva York, en Hartford y en Puerto Rico.

¿Por qué tardó 12 años completar el documental?

Porque es un documental sobre una figura controversial en Puerto Rico que levanta pasiones exacerbadas a favor y en contra de diferentes personas o instancias. Y en un momento el carácter controversial del personaje como que arropó también al documental y eso nos causó problemas de financiamiento y nos tuvo detenidos unos cuántos años, por lo menos unos tres, cuatro años.

¿Qué tipo de problema?

Teníamos unos auspicios que se retiraron en un momento y tuvimos que entablar una disputa legal para poder zanjar ese financiamiento que luego recuperamos un poco. (Marrero Alfonso se refiere a la demanda que presentó la productora Proyecto Chiringa contra la Corporación de Cine de Puerto Rico, luego de que en el 2012 le cancelaran los fondos que ya le habían sido garantizados en el 2008. Las partes pudieron llegar a un acuerdo para continuar con el proyecto).

En una entrevista anterior señalabas que preferías catalogar a Filiberto como un “músico revolucionario”, ¿por qué?

Porque su identidad laboral era músico. Fue lo que estudió y así se ganó la vida. Pero en el surgir del tiempo, él también se convierte en revolucionario y tuvo que abandonar la trompeta para seguir esa vida. Creo que eso lo resume bien: un músico que se convirtió en revolucionario y decide vivir y morir por la independencia de Puerto Rico. No es que él no amara la música es que lo otro era tan importante que él se vio forzado a abandonarlo.

¿Qué descubriste de Filiberto Ojeda Ríos en este proceso?

Descubrí que no solo era un trompetista, sino que era un gran trompetista y que si él no decide tomar el giro que le dio a su vida, hubiese estado en orquestas famosas. Y lo otro que me sorprendió fue su capacidad de ser constante y consistente. Se levantaba todas las mañanas pensando en qué puedo hacer hoy por la independencia de este país. Hasta su último día, que era el Grito de Lares, estuvo trabajando mandando el casete que se escuchó en Lares, mientras rodeaban su casa y abrían fuego contra él.

¿Qué esperas con este documental?

Espero que independientemente guste o no, por lo menos genere un interés en la gente. Que quede como un testimonio para futuras generaciones y que lo usen como punto de entrada para seguir explorando esta figura.


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