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Su amor por los libros surgió desde que era una niña y sus padres, Rafael Hernández Usera y Carmen Badillo, le enseñaron a valorar en la extensa biblioteca del hogar. (GFR Media)

Nació y creció, literalmente, entre libros. Lo confiesa, cándidamente, la escritora y crítica literaria Carmen Dolores Hernández, quien ha hecho de la lectura un oficio que, por más de 30 años, no ha dejado de apasionarle ni un instante.

Un amor por los libros que surgió desde que era una niña y sus padres, Rafael Hernández Usera y Carmen Badillo, le enseñaron a valorar en la extensa biblioteca del hogar.

“Mi padre era abogado y ensayista. Mi mamá también era abogada, leía muchísimo y era muy aficionada a la poesía. Así que antes aún de yo saber leerlos a derecha, leía los títulos en los lomos de los libros y se me quedaban en la cabeza… Yo me decía qué será eso de ‘La lengua de Cristóbal Colón’ y siempre me imaginaba una lengua larguísima”, rememora entre risas, tras aclarar que obviamente en ese momento no sabía que se trataba de un estudio lingüístico del filólogo español Ramón Menéndez Pidal.

“Nunca dudé que iba a estudiar mucho porque me gustaba. Y sí, en la secundaria hubo una profesora que también me inspiró a estudiar literatura. Luego hice el programa de la Universidad de Nueva York en España y tuve unos profesores magníficos”, relata entusiasmada. Entre ellos, menciona a varias eminencias de la literatura española, como Dámaso Alonso, Rafael Lapesa, Alonso Zamora Vicente y Ángel Valbuena Prat, entre otros.

Por ejemplo, recuerda una anécdota con Dámaso Alonso, quien enseñaba un curso monográfico sobre el poeta Federico García Lorca. “Estaba explicando lo que había pasado con su muerte y se nos echó a llorar en el salón, luego de decirnos que era su amigo… No sabíamos qué hacer, pero yo sentía que era un privilegio estar en una clase con alguien que había sido amigo de personas que habíamos estudiado”, recuerda Hernández, quien tiene un maestría en Literatura de la Universidad de Nueva York y un doctorado en Filosofía y Letras con especialidad en Literatura Española de la Universidad de Puerto Rico (UPR).

Además, en 2013 recibió un doctorado honoris causa de la Universidad del Sagrado Corazón y es académica de número de la Academia Puertorriqueña de la Lengua Española.

Ayer, además, la XX Feria Internacional del Libro de Puerto Rico (FIL-PR) anunció que le otorgará el Gran Premio Nacional Ricardo Alegría durante la inauguración de este evento cultural -que se llevará a cabo en la Rotonda del Capitolio de Puerto Rico, del 18 al 22 de abril.

Un reconocimiento que Hernández dice que no esperaba y por el que se siente muy honrada. “Fue una sorpresa cuando me llamaron para decírmelo y se los agradezco mucho. En cierto sentido, creo que también quiere decir que lo que uno hace llega”, afirma la escritora, cuya profesión la ha llevado a entrevistar a importantes figuras del panorama literario nacional e internacional y que le ha permitido documentar la historia cultural del país.

Las letras y los hijos

Su vida como profesora en la UPR, cuenta Hernández, fue relativamente corta, de unos tres años. Específicamente, porque al salir embarazada de su primer hijo, decidió conscientemente, dedicarse a cuidar y a educar personalmente a ese y a otros bebés que eventualmente llegarían.

“Esa decisión fue un poco traumática para mí en el momento, pero fue consciente y querida. Sin embargo, al final resultó, porque la vida es así, magnífica”, afirma la también investigadora.

Se refiere a que debido a esa decisión, fue que eventualmente comenzó a colaborar, en 1981, como crítica literaria de la revista cultural y de estilos de vida de El Nuevo Día, En Grande. “Me acuerdo que la primera reseña que hice fue de un libro de cuentos de Carlos Fuentes. A la semana siguiente, José Luis Díaz de Villegas (el editor) me llamó para preguntarme si me había leído otro libro y si podía hacer otra reseña. Y así, casi sin querer, comencé a escribirlas”, rememora la escritora, quien desde ese momento hasta ahora ha escrito ininterrumpidamente en las páginas culturales de este periódico.

“Las reseñas de libros me han dado dos cosas: primero la oportunidad casi única en este país de vivir de leer, lo que más me gusta y entusiasma. Y lo otro, la oportunidad de desarrollar mi escritura periodísticamente”, agrega Hernández, quien al momento tiene seis libros publicados.

El primero fue su tesis doctoral: “Manuel Altolaguirre, vida y literatura” (1974) y le siguieron: “De aquí y de allá. Libros de Puerto Rico y del extranjero” (1984); “Puerto Rican Voices in English: Interviews With Writers” (1997); “Ricardo Alegría: una vida” (2002); “A viva voz. Entrevistas a escritores puertorriqueños” (2008) y “En busca de Isolina: Centros Sor Isolina Ferré” (2014), un libro para el que hizo una investigación exhaustiva y que le permitió conocer a una mujer “que no solo era una religiosa sino una socióloga profesional”.

Hernández también ha sido editora de varios libros y cuenta con un vasto catálogo de publicaciones en revistas especializadas y diarios del exterior. Recuerda, por ejemplo, su primera entrevista a un escritor, asignada por el director de El Nuevo Día en ese momento, Carlos Castañeda.

“Él me llamó a su oficina y me dijo que venía el escritor Juan Goytisolo y que necesitaba que lo entrevistara. Yo le dije: ‘Castañeda, yo nunca he hecho una entrevista’, pero él me dijo ‘usted se la va a arreglar bien’ y así me estrené”.

Hernández también organizó y dirigió los certámenes de cuento y poesía de El Nuevo Día, coordinó la sección Letras para La Revista, así como la revista cultural quincenal que salió antes con el mismo nombre, y la revista cultural Foros, entre muchas otras colaboraciones en este diario.

Una larga trayectoria que le ha permitido hacer innumerables entrevistas a reconocidos escritores del país y extranjeros. Entre ellos,los Premios Nobel de Literatura, Derek Walcott, Mario Vargas Llosa, Camilo José Cela y Gabriel García Márquez.

“Esa entrevista con Walcott la recuerdo vívidamente, al igual que la de Vargas Llosa. Fueron tan gentiles, tan accesibles y comprensivos… Todas esas entrevistas me fueron dando una amplitud y aunque no sé qué hubiera pasado si me hubiera quedado dando clases en la universidad, creo que he tenido muchas oportunidades”, agrega.

Por ejemplo, menciona que escribir el libro “Puerto Rican Voices in English: Interviews With Writers”, surgió de su curiosidad de conocer a esos puertorriqueños que escribían en Estados Unidos. También resalta la experiencia de entrevistar a Ricardo Alegría para escribir su biografía. Una oportunidad que, según dice, fue el “trabajo de mi vida”.

“Todas las semanas me sentaba por dos o tres horas en las que me iba contando no solo su vida, sino también su trabajo y fue como ver la historia de este país desde adentro. Uno puede leer en un libro que en tal año pasó tal cosa, pero yo estaba con la persona que había estado allí tras bastidores”, rememora, mientras pone el ejemplo de conocer de primera mano cómo fue fundar el Instituto de Cultura.

“Cuando él me contaba todo eso, yo sentía que se estaban abriendo puertas, que estaba conociendo una historia de la que solo sabía superficialmente. Eso fue extraordinario”, recuerda.

Panorama cultural

En estos momentos, Hernández ve el ambiente cultural del país un poco “raro”. “No hay la efervescencia que ha habido en otros momentos, como en los 80 y 90. Hay una especie de dispersión y ha decaído un poco el entusiasmo, “aunque quizá soy yo que lo veo así”, opina, aunque resalta que todavía queda el Festival de la Palabra y la Feria Internacional del Libro de Puerto Rico.

“Pero ahora hay algo interesantísimo, los ‘podcast’, que son como pequeñas historias radiales que se pasan por internet. Es otro formato y se tiende a pensar que no es literatura, pero sí puede ser literatura”, sostiene, mientras recuerda los blogs y las discusiones que se generan. Aun así, le preocupa las pocas librerías y espacios para la tertulia literaria.

Sin embargo, afirma que la literatura infantil y juvenil ha tenido un auge en los últimos años “porque a los niños siempre les gustan los libros y hay muchísimos autores que están escribiendo”. De hecho, se acababa de leer uno de la escritora Mayra Montero, quien en dos ocasiones se ha ganado el premio de literatura infantil El Barco de Vapor.

“Hay un movimiento que yo diría que es muy entusiasta de la literatura infantil y juvenil y se está dando toda una serie de actividades en torno a ella”, añade.

Tampoco tiene dudas de que el libro en papel se mantendrá con vida por mucho tiempo más. “Yo creo que el libro de papel siempre va a tener un lugar. A mí, por ejemplo, me gusta subrayarlos y escribir en las esquinas, los hago míos, los personalizo”.

Mientras tanto, tiene entre manos un nuevo proyecto, aunque no quiere dar muchos detalles todavía. “Me interesaría estudiar lo que los norteamericanos hanescrito sobre y desde Puerto Rico”, sostiene Hernández, quien dice que se han publicado varias novelas inspiradas en la isla que, además, han sido reseñadas en periódicos como The New York Times, pero aquí no se conocen.


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