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La presentación del libro será hoy a las 7:00 p.m. en el anfiteatro Emilio S. Belaval de la Universidad del Sagrado Corazón. ([email protected])

Todos parecían saberlo, pero a Silverio Pérez le tomó muchos años y muchos libros declararlo al mundo: es escritor. Ha ido creciendo, se siente y vive absorbido por esta vocación que hoy le permite entregar su décimotercer libro “Solo cuento con el cuento que te cuento”.

Se trata de una colección de relatos cortos que componen las memorias de su vida, desde su infancia en un hogar pobre del campo en Guaynabo hasta convertirse en el primero en el barrio Mamey que logró estudiar en la universidad y obtener un grado en ingeniería. Eventualmente, Pérez se identificó plenamente con la causa de la independencia de Puerto Rico, y en la efervescencia social y política de la década de los años 70 y 80 dejó fluir su vena creativa para escribir libretos para el proyecto de Los Rayos Gamma y también soltó su voz como parte del grupo Haciendo Punto en otro son. Luego vinieron los programas de televisión, las columnas en periódicos, las conferencias y los libros. En fin, Pérez tiene mucho que contar.

Pero lo que encontrará el lector en las páginas de estas memorias no es una narración fría de su evolución profesional. La esencia de la obra está en las revelaciones que hace el autor acerca de su mundo interior en sus roles de pareja, padre de tres hijos de madres diferentes, hijo y puertorriqueño. Un hombre que ha tenido que enfrentar el peso o la gloria de sus decisiones. Unas que lo llevaron a saborear éxitos que a él mismo le ha costado creer o golpes muy difíciles vinculados a quebrantos de salud o la transformación de lo que considera como lo más importante en su vida: las relaciones humanas.

Aunque hacía algún tiempo Pérez había estado recopilando sus vivencias no fue hasta el azote del huracán María que encontró el tiempo y también el impulso de trabajar más intensamente en el proyecto.

“Realmente el génesis del libro es cuando cumplo los 70 y yo digo, creo que es momento de dar una mirada hacia atrás a mi vida y ver qué cosas aprendí, de qué cosas fui testigo”, explicó el escritor, quien dejó en manos de la escritora y periodista, Ana Teresa Toro, la responsabilidad de editar el trabajo desde que produjo las primeras páginas.

Como en toda buena memoria, Pérez procuró contar su historia desde un contexto amplio que permite apreciar no solamente una vida sino al país y a la gente que acogió a esa vida. Así, en la descripción del hogar donde creció está el Puerto Rico previo a la industrialización, con sus casas alumbradas por quinqués, sus fincas aradas por bueyes y sus frutos abundantes. Entre sus familiares, especialmente sus padres, están los jíbaros sin escolaridad, sabios y comprometidos con el trabajo y la familia.

También hay eventos históricos importantes entrelazados a las vivencias, incluyendo la época de la persecución política en la isla, que afectó directamente a Pérez.

Una de las satisfacciones del autor al terminar la obra fue saberse producto de la educación pública de la isla, pero este sentimiento se vio al mismo tiempo opacado por la preocupación del porvenir de quienes quizás no tengan la misma oportunidad si el sistema sigue sufriendo el impacto de las políticas gubernamentales. Un logro que se reconoce es haber logrado la relación que siempre deseó con sus hijos, a pesar de separarse de sus madres, y lograr que ellos se sientan verdaderamente familia.

“Para lograr eso necesitas tener bien claro en tu mente que los hijos son lo más importante, no tu ego de que se rompió una relación o las peleas. Hay que aprender a morderse la lengua y a poner a tus hijos en primer lugar. Y también, darte con personas, como han sido mis compañeras, que un momento dado sintieron lo mismo”, contó el autor.

Del proyecto también surgieron descubrimientos. Entre ellos, entender que la época en la que le tocó nacer y crecer determinó su manera de enfrentar la vida. Pérez cree esa urgencia de crear y de hacer tan característica de su personalidad responde a que los “baby boomers” de veras creían que iban a salvar el mundo.

A sus 70 años, Pérez quiere ir “más despacito” pero muy adentro admite que quizás se le haga difícil. Actualmente cursa estudios de doctorado en historia, buscando más información para crear nuevas historias. De sus clases ya ha surgido la inspiración para dos cuentos y todo indica que vendrán más. Pérez es un estudiante y sigue descubriendo.


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