La jueza del Supremo federal presentó esta tarde su libro "Pasando páginas: la historia de mi vida” a más de 500 personas en Casa Norberto González, en Plaza Las Américas

La jueza del Tribunal Supremo de los Estados Unidos, Sonia Sotomayor, presentó esta tarde su libro infantil “Pasando páginas: la historia de mi vida a más de 500 personas en Casa Norberto González, en el primer piso de Plaza Las Américas.

La primera jueza hispana en el Tribunal Supremo compartió las vivencias de su niñez con decenas de niños puertorriqueños en un ameno y genuino conversatorio que incluyó fuertes abrazos y cientos de autógrafos. Sotomayor optó por salir del escenario de la presentación del libro para buscar abrazos entre los niños presentes, ya que desde que lanzó la publicación afirmó se ha dedicado a colectar el gesto de cariño y empatía que nutre su alma y la llena de alegría. Aseguró lleva más de 2,000 abrazos de niños, sin contar los que recibió de los puertorriqueños que asistieron al evento.

La jueza fue recibida con una enorme ovación del público que escuchó perplejo y con mucha atención las anécdotas contenidas en la publicación que van desde una infancia dura en el Bronx, New York; la muerte de su padre; el diagnóstico de su diabetes; sus viajes a la isla; el amor por el idioma español inculcado por sus padres y abuelos y hasta los miedos que enfrentó durante su nombramiento en el 2009 como jueza de la Corte Suprema por el presidente Barack Obama.  

Cada una de sus vivencias están narradas en el libro de lenguaje sencillo y con ilustraciones vibrantes para motivar la dinámica lectura.

Un diálogo entre la magistrada y la ilustradora del libro, la puertorriqueña Lulu Delacre dio inició a las revelaciones de Sotomayor, en las que recalcó que el motivo de realizar un libro para niños es dar a conocer como las palabras y la lectura le abrieron las puertas del éxito.

“Tengo que hacer un libro para los niños que todavía están aprendiendo a leer y de ahí nació Pasando páginas. Con en el libro le doy ideas de lo que fue lo más importante en mi vida que fue leer. Quiero transmitirles a ustedes el deseo de leer y cómo eso cambió mi vida. Si quieren la llave del éxito tienen que leer”, afirmó Sotomayor mientras le hablaba a cada uno de los niños que se encontraban en la primera fila del salón. Fueron los menores quienes tuvieron la oportunidad de fotografiarse con la magistrada federal, al final de la actividad en la que magistrada firmó los libros.

De igual forma, destacó que gracias al idioma español se enamoró de Puerto Rico y aunque siempre ha vivido en los Estados Unidos tiene “el corazón puertorriqueño”. Las constantes afirmaciones de su identidad como puertorriqueña arrancaron en muchas ocasiones los aplausos de la audiencia. Sotomayor es nacida y criada en New York de padres puertorriqueños.  

Ese amor y devoción por la lectura y las palabras que hoy comparte en la publicación infantil lo encontró a la edad de nueve años, cuando su padre falleció. Ella residía en New York con su madre y narró cómo el duelo y la tristeza de su progenitora la sofocaban. Fue ahí cuando descubrió en la biblioteca pública de Parkchester que a través de la lectura viajaba el mundo y "me permitía escapar de la tristeza que había en la casa". A partir de ese momento su vida cambió y los libros se convirtieron en sus mejores herramientas para enfrentar las adversidades de la vida.

“El poder entender, leer, hablar en español ha sido muy importante en mi vida”, sostuvo Sotomayor, mientras recordaba como su abuela puertorriqueña recitaba poemas en medio de unas fiestas los sábados en la noche que incluían baile y dominó. Su padre también lo hacía y ella siendo una niña vivía fascinada con las declamaciones de memoria de su abuela.

Entre las intimidades que narró de su infancia, contó con lujo de detalles el día que recibió el diagnóstico de diabetes. Tenía siete años.

Sotomayor hizo el relato desde que le intentaron insertar una aguja enorme para sacarle sangre y como huyó hasta debajo de un auto por miedo a la inyección. Los niños del público rieron con la anécdota y hubo algunos que se tocaban el brazo, mientras la jueza hablaba.

Sotomayor explicó que desde ese entonces lidia con la condición de que le ha enseñado la “preciosidad de la vida y las cosas realmente importante”.

En sus recuerdos de niña también incluyó los viajes a Mayagüez a comer mangos que su primo le recogía cada vez que viajaba en los veranos a la isla.

La dinámica de la presentación incluyó preguntas de los niños, leídas por la ilustradora. Las preguntas, todas respondidas por la jueza fueron las que invitaron a Sotomayor a contar un sinnúmero de anécdotas que van desde el uso de su toga puertorriqueña hasta su determinación de ser abogada y luego jueza de la Corte Suprema.

“Dios me ha dado una plataforma grande. Lo que escribo inspira a los jóvenes y niños a saber que pueden llegar a donde quieran llegar. Ustedes pueden realizar sus sueños”, acotó la autora de “My Beloved World”.


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