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Un día como hoy, hace 25 años, Puerto Rico celebró su coronación en Miss Universe como si fuera Cenicienta. Rememoramos todo lo que pasó después.

Cuando el mundo escuchó el nombre de la puertorriqueña Dayanara Torres como la nueva Miss Universe 1993, un día como hoy hace 25 años, su rostro era de incredulidad, temblaba, y las lágrimas llenaban sus ojos azules.

La vida la había llevado a realizar, sin afanarse, lo que muchas jóvenes buscan cada año y muy pocas logran… Esa noche en el Auditorio Nacional de México, Yari, como la llaman, triunfaba por su belleza, candidez, humildad, y muchas otras cualidades que aun la adornan. Así se convirtió en una de las reinas más bellas y más jóvenes (a punto de cumplir los 18 años) del Miss Universo.

Hasta ahora la artista se sorprende como ha transcurrido su vida desde aquel momento en que los directores de franquicia local, Víctor Mercado y Javier Ríos, la detuvieron en una calle de su pueblo, Toa Alta, para pedirle que participará en el Miss Puerto Rico.

“Tenía 17 años, la edad que tiene Ryan, mi hijo mayor. Lo miro y pienso que en ese entonces yo era una bebé como él. No puedo creerlo. Lo mío fue algo que muy pocas veces pasa; una persona me vio me hizo unas cuantas preguntas y al otro día mi vida cambió. De ahí vino el participar en el Miss Puerto Rico, sin concursos previos, y el Miss Universo. Mi vida hubiese sido otra totalmente distinta de no haber sido porque Javier y Víctor me vieron en la calle y creyeron en mi”, dijo en exclusiva para este diario Dayanara quien hoy planea celebrar el evento con sus hijos en Las Vegas.

¿Sientes que realizaste todo lo que deseabas?

“Sí, He hecho lo que jamás imaginé. Cuando esto empezó yo no estaba en concursos de belleza ni mi familia tenía recursos. Recuerdo que la gente le decía a mami cuando íbamos al Cantón Mall de Bayamón que me pusiera en clases de modelaje y ella respondía que no tenía dinero para eso”.

Como Miss Universe, la beldad de 43 años viajó el mundo y tras entregar corona se mudó a Filipinas desde el 1994 al 2000 donde fue la animadora del programa musical ASAP Manía. En 1995 conoció al actor filipino Aga Muhlach con quien inicio una relación que duró cuatro años, además filmó varias películas.

“Hasta ese momento el único viaje que había hecho fue cuando gané el Miss Puerto Rico y visité Santo Domingo”.

¿Crees en los cuentos de hadas?

“Sí, hay angelitos, pero imagino que todo esto es un plan de Dios. No hay forma de explicar el que alguien encuentre a esta niñita de campo y lograra que me cambiara la vida de esa manera. Esa noche en que gané, el 21 de mayo del 1993, me preguntaba si eso esta pasando de verdad. Era increíble porque yo no era la más alta del concurso ni la más preparada. Había mujeres con estudios, y yo estaba acabada de graduar de escuela superior. Me paraba al lado de estas mujeronas tan grandes y con estudios y me decía ‘que pase lo que tenga que pasar’. Creo que por eso se me caía la cara de sorpresa, no lo creía”.

¿Cuáles han sido las grandes lecciones de la vida a lo largo de estos 25 años?

“Muchísimas, pero pienso que mantenerme como soy, mi esencia, es la lección más grande, porque hasta el sol de hoy siento el cariño de la gente. Al ser tan chiquita iba por ahí como una esponja aprendiendo de un mundo distinto al que conocía. Mi crecimiento no era el de una niña normal de 18 años, el estar en el ojo publico viajando, conociendo gobernantes, gente importante. La lección era diaria y empezó desde Puerto Rico, a como sentarte, pararte, andar derecha subir y bajar escaleras a conocer de que lado iban los cuchillos y tenedores. Me enseñaron a caminar con tacos y yo no tenía más que los zapatos de ir a la escuela y las zapatillas de estar en la casa. Tuve que aprender a maquillarme, fue un aprendizaje intenso”.

¿Cómo se ha transformado en tu vida la palabra ganar?

“El significado cambió al momento de ganar esa corona porque yo era de Puerto Rico, lo estaba representando y lo debía usar para promover mi país. Hasta el día de hoy lo hago con orgullo porque no es solo la corona es mostrarle al mundo quienes somos”.

¿Qué sientes al ver que el público no te ha olvidado y te sigue apoyando, como el año pasado cuando ganaste Mira Quién Baila?

“Es un regalo que me llevo. A lo mejor se debe a que mis principios no fueron fáciles y no vengo de la losa que la gente me tiene ese cariño. Soy bendecida”.

¿Cómo evalúas los concursos de belleza?

“Hay mucha diferencia, ahora lo veo más como un certamen de modelos. He sido jurado (la última vez fue en Filipinas en el 2006) varias veces y no me gusta que las chicas estén demasiado trabajadas, ensayadas, que no se ven natural o espontáneas. Lo que busco es esa chispa natural, más normal, no una muchacha hecha”.

Háblanos de tu relación con tus hijos adolescentes.

“Con los nenes es más difícil porque lo dos son ‘teenagers’, pero mantenemos siempre el respeto. Pienso que lo que me ha ayudado es mi cultura. Vivimos en Los Ángeles pero yo los he criado a lo latino, el respeto a los mayores. Veo cada niño en las escuelas la forman que se comportan y me quedo boba porque en mi casa no pueden tener esos comportamientos. Con una mirada ya saben lo que viene, así me crió mami. Esos niños son dulces, respetuosos, la gente que los conoce me llaman para decirme cosas lindas de ellos y ese es mi orgullo, mi mejor trofeo. Han sido criados como me criaron a mi. Se me paraban los pelos cuando vi una grabación de ellos en ‘Mira quien baila’ como agarraban a la abuelita a subir al escenario”.

Dayanara no sabe si sus hijos serán artistas, pero le gustaría.

“Espero que sí porque lo tienen en la sangre. Han dejado la banda a un lado y los entiendo porque empezaron bien chiquitos haciendo estos conciertos cada dos meses. Tienen la cualidad de que aprenden de oído cualquier canción con la guitarra. Es como magia nada más de escucharlo. Al grande le encanta dibujar y se puede pasar el fin de semana en eso haciendo cosas maravillosas. A mí me gusta dibujar y soy muy creativa pero no me puedo comparar con lo que él hace, es del más allá. Y el chiquito sigue con la música. En lo que decidan los voy a apoyar”.

Señaló que sus niños siguen hablando español. “A veces se trancan, creo que al no sonar perfectos, pero cuando están con amigos en el cine, porque ya van al cine solos, los llamo y me hablan todo en español. Lo hacen por lucirse con sus amigos”.

Reveló que la relación con el padre de sus hijos, el cantante Marc Anthony se ha superado.

“Los nenes están más grandes y comparten mucho. Una de las cosas que hablaba en mi libro es que tenemos que concentrarnos, no en los problemas ni las cosas que pasaron sino en ser los mejores padres para nuestro hijos”.

Has actuado en teatro, cine y televisión. Has sido cantante, modelo, bailarina y escribiste un libro, ¿qué te falta por hacer?

“Me falta trabajar en Broadway bailando y cantando”.

¿Qué deseas para Puerto Rico?

“María nos tumbó. Yo perdí a mi padre por culpa del huracán porque cogió una bacteria del agua y se quemó con una vela. A mi isla le deseo que se levante como un pueblo guerrero que somos”.


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