

13 de mayo de 2026 - 11:10 PM


Son las palabras como flores y también como cuchillos. La belleza muchas veces cuesta sangre. Quienes usan las palabras son, entonces, jardineros sanguinarios. Y ningún obrero de letras habita esta irónica realidad como el poeta.Pueden ser sus versos como laberintos de rosas y claveles, que transportan el alma a donde habitan el amor y la pasión, o pueden ser jaulas de espinas que atormentan al espíritu y le extraen la vida estrofa tras estrofa. Amanda Hernández ha transitado entre esas realidades por mucho tiempo y, en su tiempo peregrino, ha encontrado en la poesía mucho más, espacios grises que todavía esperan por ser explorados.
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