Médicos afirman que los ejercicios aeróbicos y de fuerza son los más efectivos para reducir la inflamación. (Shutterstock)

Hoy, ya se sabe que los casos graves de COVID-19 tienen que ver con una gran "cascada inflamatoria" producida por la llamada "tormenta de citoquinas".

Se trata de proteínas que lanzan una especie de ataque contra el organismo a través del torrente sanguíneo, con lo cual matan a las células sanas.

Esto es causado por una sobrerreacción del sistema inmune y puede desencadenar la gran respuesta inflamatoria que, en algunos casos, provoca la muerte.

La buena noticia es que mientras se buscan tratamientos para combatir estos procesos, el ejercicio podría evitar sus consecuencias, según un artículo publicado en la revista Obesity.

El documento fue elaborado por el chileno Hermann Zbinden, doctor en Ciencias del Ejercicio y académico de la Universidad Finis Terrae, junto con tres científicos internacionales.

Este plantea que la actividad física regular y de intensidad moderada, antes de haber contraído el SARS-CoV-2, podría proteger a los pacientes de COVID-19 al impedir los efectos graves asociados a la inflamación.

Esto, a través de varios mecanismos, según explica Zbinden: "El ejercicio disminuye la cantidad de receptores que inician la cascada de inflamación, pero por otro lado, aumenta la cantidad de otro tipo de citoquinas que son antiinflamatorias y, además, activa una proteína, específicamente en el pulmón, que reduce procesos inflamatorios".

Las conclusiones, dice, se basan en varios estudios realizados en Chile y en el extranjero por los mismos autores del nuevo artículo. El más reciente, asegura, finalizó el año pasado en Santiago y fue realizado con 36 pacientes, de los cuales algunos tenían peso normal, otros presentaban obesidad y otros eran diabéticos.

"Allí se demostró que el ejercicio físico cumple esas funciones en todas esas poblaciones", sostiene el investigador. "Por eso planteamos (que hacer ejercicio corresponde a) la calma antes de la tormenta, porque el cuerpo está en un estado que disminuye la inflamación que se ve en el COVID-19".

Jean Romagnoli, médico especialista en medicina deportiva de la Usach y que no participó del estudio, concuerda. "Efectivamente, se ha visto que el ejercicio produce una serie de hormonas, proteínas y enzimas que tienen un rol en reducir la probabilidad de un estado inflamatorio sistémico, que es lo que complica el desarrollo del COVID-19".

Él estima que los beneficios reportados podrían obtenerse a partir de la quinta semana de entrenamiento si los ejercicios son los adecuados. Y por eso Zbinden llama a empezar ejercitarse lo antes posible.

Carolina Rivera, médico fisiatra de Clínica Alemana, coincide en que la actividad física podría colaborar en un mejor control del COVID-19, pero cree que es necesario hacer nuevos estudios, específicamente con estos pacientes.

"Es cierto que uno podría pensar que, al hacer ejercicio, se maneja mejor la inflamación, pero no sabemos si quienes tienen factores de riesgo, como ciertas enfermedades, van a recibir esa protección", comenta la especialista.

Antonieta Riffo, médico especialista en medicina deportiva, afirma que los ejercicios aeróbicos (como baile, trote y bicicleta) y de fuerza (entrenamiento con pesas) son los más efectivos para reducir la inflamación.

"Las recomendaciones son de 150 a 300 minutos a la semana con un máximo de una hora diaria. Es importante que el ejercicio sea moderado y no intenso, porque esto podría aumentar la respuesta proinflamatoria, lo que se busca evitar ante el COVID-19", advierte Riffo.


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