Vive en unión constante con tu fuerza interior, o sea, con el Cristo que vive en tu corazón. Las más duras, difíciles y educativas lecciones ya las has aprendido. Recuerda que lo que hoy tienes te lo has ganado por tus verdaderos méritos. Tu salud mejora notablemente y encontrarás la sanación a tus viejos males.