

24 de abril de 2026 - 11:10 PM


Bajo el cielo eterno de Antigua, Guatemala, y custodiados por la silueta de los volcanes, Victoria Leandra y José Luis Feliciano Cruz unieron sus vidas el pasado 12 de abril de 2026 en una ceremonia que pareció detener el tiempo. Entre buganvilias y muros cargados de historia, el romance y la tradición se fundieron para dar inicio a un nuevo capítulo en la historia de la pareja puertorriqueña.
Rodeados de familiares y amigos cercanos, la periodista y el ingeniero protagonizaron un fin de semana de celebraciones que destacó por la elegancia, el respeto a las costumbres locales y la innegable química entre la comunicación y la precisión que define su relación. Desde Italia, uno de los destinos donde pasarán su luna de miel, los recién casados conversaron en exclusiva con Magacín sobre el proceso y cómo vivieron este día trascendental.
“Nosotros nos comprometimos el año pasado en un viaje sorpresa. José Luis, para la fecha más o menos de San Valentín, me dice: ‘Victoria, te tengo un ‘date’ tal día, separa la fecha’. Como yo siempre estaba viajando por trabajo para ese entonces, pues por eso es que él me dijo con anterioridad. También me dijo ‘vístete casual’ y casual era que mi mamá, que era quien me estaba llevando a la supuesta cita, me llevó al aeropuerto. Él me tenía un viaje sorpresa y mi mamá ya me había empacado todo”, contó la comunicadora.
Durante la escapada, Feliciano le propuso matrimonio a Victoria Leandra en el Lago de Atitlán. Tadavía, expresó, se sorprende al pensar en el sigilo con el que actuó su ahora esposo, quien hasta contrató los servicios de un fotógrafo y un videógrafo para capturar cada momento.
Ambos quedaron prendados de los encantos del espejo de agua que se encuentra a unos 1,500 metros sobre el nivel del mar. Esta razón llevó a la pareja a decantarse por Guatemala como el destino donde contraerían nupcias un año después.
“La mayoría de la gente hizo Antigua, el lago, los volcanes… O sea, fue realmente una experiencia donde la gente se montó y estuvo obligada, como quien dice, a vivir otra cultura”, dijo Victoria Leandra sobre el grupo de 80 invitados que los acompañó.
Para este gran día, la novia lució cuatro cambios de vestido. El primero fue heredado de su madre, quien se casó hace 38 años.
“Ella guardó su vestido de novia por 40 años. Ella se casó hace 38 años, pero compró el vestido tiempo antes porque ya mi papá le había propuesto matrimonio. El vestido se pagó a plazos porque, para el que conoce de ese lugar, ella lo compró en El Imperio, que era un lugar bastante costoso. Su abuela, que es mi bisabuela, le regaló el vestido. Antes de yo comenzar a ver vestidos para mi propia boda, ella me enseñó el vestido que estaba en excelentes condiciones”, apuntó la periodista.
Según la también empresaria radicada en Nueva York, el vestido solo necesitó algunas modificaciones para que le quedará a la perfección. Para ello, contó con la diseñadora de moda Yelitza Villafañe.
“Las novias, esa mañana de la boda, usualmente, se ponen una batita. A mí como que nunca me gustó la idea de ponerme una batita, incluso algunas se ponen lencería, y a mí no me gustaba esa idea. Así que yo dije: ‘Mami, ¿qué tú crees si yo transformo tu vestido y lo reutilizo. Lo rediseñamos juntas y me lo puse antes de yo dar el sí”, detalló quien se ha consolidado como una de las voces latinas más influyentes de su generación.
La fundadora de Leandra Media agregó que, al compartir la historia en sus redes sociales, la gente “se volvió loca con el resultado”. Su madre, de igual modo, sintió mucha emoción y nostalgia al verla.
El segundo vestido, quien ha trabajado con con plataformas y marcas de prestigio como The New York Times, The Washington Post, Forbes y Bloomberg, deseaba que fuera de cuello alto, de manga larga, elegante y tradicional. Tras una intensa búsqueda en Puerto Rico, Los Ángeles y Nueva York, el diseño ideal apareció en Designer Loft, en Nueva York.
“Logré yo llevar el vestido en vez de que el vestido me llevara a mí, que es el error que muchas novias cometen, al final el vestido resalta más que ellas”, expresó.
Entre otros detalles, Victoria Leandra destacó que su velo y accesorios fueron confeccionados por Eden Luxe Bridal, una marca que viste a celebridades como Venus Williams. “Trabajé por varios meses con la fundadora en mi ‘bespoke veil’, escogimos cada detalle desde el ‘tulle’ hasta el encaje, fue un velo catedral. Ella también diseñó e hizo la ‘custom tiara’ que utilicé para la ceremonia”, continuó.
Fundado en el siglo XVIII, el Convento de Santa Clara se erigió no solo como un monumento a la arquitectura colonial de Antigua, Guatemala, sino como el escenario perfecto donde el pasado y el presente de la pareja se encontraron. En este jardín de claustros y leyendas, celebraron el triunfo del amor sobre el tiempo.
“Pues mira, en términos de la ceremonia como tal, nosotros tuvimos violines en vivo. Yo entré con la canción Sauvignon blanc de Rosalía, pero en instrumental. Entonces, el lugar en sí es súper dramático. Tiene unos arcos espectaculares y lo más bonito de todo y que lamentablemente no se puede poner en palabras, pero tenía pajaritos. La gente se miraba y decía como que ‘mira, esto es una música que tú pusiste, y yo como que, no, yo me quedé en ‘shock’ también, porque los pajaritos eran parte de la situación”, describió la comunicadora.
Feliciano, por su parte, recordó: “Obviamente, yo me sentí bastante tranquilo ese día hasta que llegó justo el momento de empezar a caminar con mi mamá. En ese momento las emociones, pues, dominan a uno. Cuando yo llego al altar, Victoria tenía dos sorpresas para mí”.
El novio hizo referencia a su abuelo, quien llevó los anillos y su abuela, quien fungió como florista. También se refirió a una grabación de voz de Victoria Alejandra que fue reproducida mientras él la esperaba en el altar.
La mayoría de los elementos del enlace matrimonial fueron personalizados. Las invitaciones, por ejemplo fueron canvas pintados a mano por una tía de la novia. Los recordatorios, incluidos en las “welcome bags”, asimismo, los hizo su mamá, que es artesana certificada.
“Básicamente, yo colecciono ornamentos de Navidad, de todos los lugares que he viajado. Así que yo le quería dar a las personas un ornamento del lugar donde nos casamos, de Antigua”, dijo Victoria Alejandra.
Finalmente, la majestuosidad del Convento de las Capuchinas fue el escenario donde se completó el sueño de la pareja. La recepción, según Feliciano, supuso una fiesta de principio a fin amenizada por música de DJ.
“Es que todo el mundo bailó en todos los momentos. La boda fue como un ‘party’ desde siempre, desde que empezó la primera canción de baile hasta la última. Se disfrutó al máximo. Hasta la gente que no bailaba, bailó”, mencionó.
Durante la luna de miel, la pareja permanecerá tres semanas en Italia y una semana en Suiza. Luego, regresarán a Puerto Rico para emprender el proceso de transformar su nuevo hogar.
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