

8 de febrero de 2026 - 11:10 PM


A las mujeres que no son madres casi siempre se las nombra desde la falta. “No tuvo hijos”, “no formó familia”, “no pudo”, “se le pasó el tiempo”. Rara vez se las define desde lo que sí eligieron ser.
En el imaginario colectivo la maternidad todavía se plantea (más que como un camino posible entre tantos) como el destino natural de toda mujer, como si la capacidad de gestar trajera consigo el deseo de hacerlo. Cualquier desvío de esa profecía socialmente impuesta suele interpretarse como un fracaso, una desdicha con la que hacer las paces o una decisión cuestionable que levanta sospechas y prejuicios.
Al mismo tiempo, los mandatos culturales y religiosos han perpetuado un silencio histórico, así como la ausencia de referentes en los medios tradicionales que mostraran otras formas de vivir plenamente sin maternar.
Tita Guerrero es una de las pocas voces que ha roto ese silencio. La mediática puertorriqueña ha sido muy abierta y valiente al expresar públicamente, en más de una ocasión, su elección de no tener hijos. “La primera vez que me hicieron un reportaje y yo dije eso, la gente me dijo egoísta, ‘tú no sabes la bendición que es’, ‘eso tiene que ser que no pudiste’”, recordó la también actriz que, a pocos meses de alcanzar los 60 años de edad, reafirma su postura. “Yo nunca tuve el deseo (de ser madre). Sí jugaba con muñecas de niña, también hice mucho teatro infantil y adoro trabajar con niños, no es que les tengo fobia, pero para mí y sobre todo en esta carrera que la empecé bailando desde muy joven, con muchos ensayos y demás, tener un bebé nunca fue algo que me viera haciendo”, comentó a El Nuevo Día.
Sin embargo, su convicción no la hizo impermeable a la presión externa, que para las mujeres de su generación era mucho más fuerte. “A mis 33 años yo me senté con mi pareja de ese entonces y lo consideré, porque la presión social era heavy. Bien heavy. (...) Fue una conversación que nos duró dos semanas y después yo dije que no, no estaba convencida. En el fondo yo sabía que no quería y punto. Y es algo de lo que no me arrepiento”, afirmó Guerrero, quien puso su enfoque en construir una trayectoria de más de dos décadas con hits en teatro, radio y televisión.
Aunque en el 2026 el contexto ha cambiado y los discursos sobre la autonomía de las mujeres aparentan haberse vuelto más progresistas, la incomodidad frente a las que no encajan en el rol maternal sigue siendo evidente.
La comediante Marisé Álvarez lo comprobó recientemente cuando un fragmento de su especial de comedia “Nunca digas nunca”, recién estrenado en salas de cine locales, generó un tsunami de críticas en redes sociales. En el video corto (que gracias a la polémica alcanzó casi dos millones de visualizaciones en Instagram) la actriz de Teatro Breve bromea, en tono irónico, sobre el desgaste que observa en muchas de sus amigas madres: “Yo las veo cansadas. Lo que pasa es que como se pillaron, ¡me quieren pillar a mí!”. Esa humorada bastó para desatar toda clase de ataques en los comentarios, que poco tenían que ver con el chiste y mucho con la resistencia que aún provoca una mujer que decide salirse del guión esperado. “Me sorprendió que tuviera tanta repercusión y confieso que al principio me dio coraje ver a tantos hombres opinando pero luego vi que mis propias seguidoras y otras mujeres contestaban y dejé que el debate cogiera vida propia”, comentó la actriz apodada como “Tata”.
En su caso, no subirse al barco de la maternidad es, más que una determinación, un proceso de instrospección constante. “Yo no puedo identificar un momento en el que dije: ‘no quiero ser mamá’. Fue algo que no expresé tan directamente (...) Siempre decía ‘todavía’, ‘todavía no’, ‘de aquí a cinco años’… y me fui dando cuenta de que no era un deseo que estaba teniendo”, relató la artista, asegurando que lo que más valora de su estilo de vida es la libertad. “No me gusta sentirme atada a nada. Me da terror. Me disfruto tener el privilegio de elegir qué hacer con mi vida en todo momento: con mis sueños, con mis trabajos, con mis viajes, con lo que me dé la gana”, destacó Álvarez, reconociendo que, aunque ser madre no necesariamente sería un obstáculo para perseguir sus pasiones, simplemente no ha sentido la inquietud. “Nunca he pensado que es por mi carrera. Yo veo a mis compañeras de Teatro Breve que son madres maravillosas y lo hacen todo. No es que no se pueda. Pero yo creo que para ser madre o padre hay que tener muchas ganas, porque es una gran responsabilidad. Y como nunca me han dado esas ganas, pues debo respetar ese sentimiento”, argumentó Álvarez, que a sus 45 años y haciendo honor al título de su stand-up, no descarta por completo el ser mamá en un futuro, ni lo considera una prioridad en su proyecto de vida.
Cuando una condición médica dificulta o impide que una mujer quede embarazada, la reacción social suele inclinarse más hacia la compasión que hacia el reproche. Pero esa lástima que sustituye el juicio también trae una carga negativa, porque asume el diagnóstico como una sentencia a una vida incompleta.
Para la comunicadora Lily García, diagnosticada con ovarios poliquísticos, su realización personal nunca estuvo atada a la probabilidad de tener hijos. “Lo pude haber hecho. Yo pude haber buscado alternativas y no lo hice”, sostuvo García y contó que incluso detuvo un tratamiento de fertilidad que había comenzado durante su segundo matrimonio al percibir que no era el momento indicado. Y ese momento nunca llegó. “Sí conozco mujeres que han sufrido profundamente por no haber podido ser madres, pero ese no ha sido mi caso. Me siento completamente realizada como mujer”, resaltó la autora, que abunda en el tema en su último libro publicado, titulado “Y sigo fluyendo… cuarenta herramientas para celebrar la vida".
Con 67 años, 12 sobrinos, una madre bajo su cuidado y varias amigas mayores que va a visitar a menudo a residencias geriátricas, García ha sabido cultivar valiosos vínculos de amor y acompañamiento. “A veces la gente te acusa de egoísta porque no quieres tener hijos, y yo les puedo mostrar lo contrario, porque mi vida entera es de servicio. Tengo grupo de amigas con ochenta y pico de años que ahora están en un hogar y soy como otra hija para ellas, voy a verlas, les llevo galletitas. He ayudado muchísimo en la crianza de mis sobrinos, he sido madre hasta de mis padres y cuidadora de tías. De alguna manera he canalizado lo maternal pero de otras formas”, destacó la también tanatóloga.
¿Pero quién te va a cuidar cuando estés vieja? La interrogante esconde un tono amenazante y funciona como mecanismo de presión, basándose en un supuesto incierto. La actriz Suzzete Bacó, que a sus 40 años ya estaba segura de su decisión de no ser madre, tiene la contestación clara. “Tener hijos no es garantía de que vas a tener compañía el resto de tu vida y tampoco debería ser una razón para tenerlos. ¿Quién me va a cuidar? Pues me voy a cuidar yo, que para eso estoy proveyendo para mi futuro, para que llegado el día pueda contar con ese cuidado. Además de que tengo una familia súper unida que me ama, tanto como los amo yo, y yo sé que van a estar presentes", sostuvo la comediante de 58 años, afirmando que una vida sin hijos no es sinónimo de vivir en soledad.
Para Bacó, esta elección también fue una oportunidad para profundizar en sí misma. “Me dio la posibilidad de dedicarme más tiempo a conocerme, a entender qué quiero, qué no quiero y qué estoy dispuesta a tolerar”, explicó la artista. Reflexionando sobre la expectativa social que todavía asocia la realización femenina con matrimonio, hijos y hogar, Bacó señaló: “Vivimos en un país bien conservador y bastante machista. Mientras haya juicio siempre van a haber personas que sientan que deben justificarse. Pero creo que las nuevas generaciones son más libres a la hora de tomar sus decisiones. Es importante que se escuchen y aprendar a darle prioridad a lo que verdaderamente quieren o no quieren”.
Las narrativas que jerarquizan el amor y lo dividen en categorías colocan el vínculo maternal en la cima del podio. Pero esa no es una verdad universal. A la pregunta de “¿cuál es tu amor más grande?”, estas cuatro mujeres, que representan a muchas otras, responden al unísono: “¡Yo misma!”.
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