

2 de agosto de 2026 - 11:10 PM


Entre las avenidas Ponce de León y Miramar, una nueva obra de arte comienza a abrirse camino en el paisaje urbano del histórico barrio sanjuanero. Ahora, la fachada lateral del hotel Don Rafa está embellecida con una pieza de cemento de sobre 3,000 libras que cuenta la historia de la estructura y de su primer habitante.
Con un estilo influenciado por el arte europeo, especialmente por el modernismo catalán de Gaudí, la artista Rowan St. Clair trabajó durante un año en la pieza, que se divide en cuatro niveles con una tela esculpida como elemento conector al contar la vida de Don Rafa junto a su esposa, Pura.
“La obra se centra en un inmigrante que dejó a su familia para empezar una nueva vida en Puerto Rico. Lo interesante de este edificio es que fue su taller. Así que la obra no es solo una escultura, sino algo que cuenta la historia del propio edificio. Eso es lo realmente poderoso del arte: que tiene la capacidad de expresar cosas más allá de las palabras”, expresó St. Clair.
El primer nivel habla de la infancia de Don Rafa en España. Luego, su llegada a Puerto Rico, a mediados del siglo XX, para desarrollarse en la industria textil. El resto de la pieza está dedicado al amor de las dos personas que “construyeron todo esto” porque “sin amor nada más es posible”, relató la artista.
La obra cuenta con dos columnas laterales que suben hasta el final del bajorrelieve –como se le llama a las piezas planas con relieve– que son una oda a la naturaleza puertorriqueña con flores de maga, palmas, bejucos y el sol caribeño.
“Es la isla que les dio cobijo, que les cuidó, que les permitió vivir esa historia y tener esta oportunidad. Hay muchos pequeños mensajes ocultos y detalles en todas las piezas”, comentó St. Clair, quien es oriunda de Nueva York, pero tiene una conexión desde pequeña con Puerto Rico, el lugar que llama hogar desde el 2018, cuando llegó como voluntaria tras el huracán María.
Después de dedicar su vida principalmente a esta pieza por un año entero, St. Clair escogió como su parte favorita la tela que recorre toda la obra. Desde el agua y las nubes hasta el vestido de Pura, pasando por la máquina de coser, este detalle une la obra y le añade movimiento, de principio a fin.
La artista aspira a que la pieza genere curiosidad, no necesariamente que sea comprendida al mirarla por primera vez. “Te hace pensar: ¿Quiénes son estas personas? Y empiezas a descubrir más cosas; si fuera solo una pared vacía, ni siquiera sentirías esa curiosidad. El objetivo de este proyecto era realmente contar la historia del edificio y, en cierto modo, preservar ese legado”.

El proyecto se dividió en varias fases que totalizaron un año de creación. Primeramente, tocó diseñar la pieza, para la que tuvieron en cuenta el entorno en el que se encuentra, para que fuera armónico con las edificaciones vecinas, como la Capilla Nuestra Señora de Lourdes, y con el propio edificio, que tiene un aire más industrial.
“Si miras alrededor de Miramar, verás que hay muchísima arquitectura increíble. Por todas partes hay fachadas preciosas, molduras, esculturas y mosaicos. Así que realmente se aprovecha esa libertad que tiene el barrio”, expresó Rowan, quien afirma que “cada edificio de Miramar es una pieza histórica”.
La preparación también tomó en cuenta el cambiante clima tropical, de forma que pueda resistir lluvia, sol, vientos huracanados y salitre, cosas que eran nueva para la artista, que hacía principalmente murales. Si bien esperan que sea resistente, también está hecha para que se deteriore, se ensucie, envejezca, le crezcan bejucos y tenga un aspecto antiguo.
Para la confección, tocó llenarse de cemento, en su estudio en Vega Baja, mientras esculpía a mano cada una de las 90 losetas que conforman la obra, que están hechas con una base en “insulation foam”, recubierto por una capa de tela de “fiberglass” y dos de concreto.
“Las ensamblé, pegué las juntas y luego añadí los detalles de la parte superior, como las caras, las manos y parte de la tela, e integré las luces”, contó St. Clair sobre el agotador proceso final, ya “onsite”, que tomó cuatro meses, que coronaron con una rociada de “stucco” para proteger la pieza.
El proceso fue extenuante, mental y físicamente, por el trabajo artístico desde temprano en la mañana para resguardarse algunas horas del sol. “Sentía que estaba poseída por la pieza”, compartió la muralista.
“Creo que, como artista, te puedes obsesionar. Y con esta ‘bestia’, me iba a dormir pensando en ella y, al despertarme, seguía pensando en ella. Todos los días le hacía una foto y dibujaba sobre ella”, recordó.
Al preguntarle cómo se llega a tener paz con el resultado final, sin añadir más detalles, soltó: “Cuando mi cuerpo dijo ‘no más’”. Si bien asegura que podría estar toda la vida añadiendo detalles, llega un punto que “satisface lo que tiene que satisfacer y logra lo que tiene que lograr”.
La historia que refleja la obra de arte se siente cercana a St. Clair, quien es oriunda de Nueva York. Aunque de pequeña pasó temporadas en Puerto Rico, cuando su padre venía a surfear a Aguadilla, no fue hasta que llegó como voluntaria, en 2018, tras el huracán María y permaneció en la isla.
En las tareas de recuperación, en Yabucoa, conoció a su esposo, Lee, quien le acompañó durante todo el proceso de creación de la pieza en el hotel Don Rafa y quien le introdujo a la integración de estos materiales en su arte.

“Esto no habría sido posible sin mi esposo. Antes de conocerlo yo pintaba murales y cuadros al óleo. Él se dedica a la construcción. Así que empezó a poner ideas en mi cabeza sobre cómo se usa el cemento, cómo se usa el ‘fiberglass’, cómo se usa una sierra o una herramienta eléctrica. Desarrollé ese vocabulario al vivir con él, pude llevar mi arte a otro nivel”, expresó St. Clair.
Esta pieza también le abrió los horizontes sobre lo que puede hacer como artista. Aunque llegó a estar “desmoronada” mientras estaba esculpiendo las piezas en la fachada del hotel, el aprendizaje también le ha hecho replantearse lo que puede lograr con sus piezas.
De hecho, aparte del mural en la fachada de Don Rafa, hay un segundo “bas-relief” en la parte del edificio que da hacia la avenida Ponce de León, que enmarca la vitrina de lo que será una coctelería y restaurante. Esta pieza estuvo inspirada en el poema “La Ninfa de Puerto Rico”, de María Bibiana Benítez, considerada la primera poeta puertorriqueña.
La escultura de la ninfa sostendrá lámparas y estará rodeada de vegetación, pero aún no está terminada.
Mientras St. Clair realizaba estas obras de arte, continuaba su trabajo en “Tu Arte”, el programa de arte de la organización Bejuco, que fundó en 2019, para ofrecer clases y talleres artísticos a poblaciones marginalizadas, como los niños en escuelas públicas y los adultos mayores en égidas.
Afortunadamente la entidad está en un punto en el que tiene un equipo de talentosos artistas que pueden correr el día a día de la misma.
“Ha sido un momento genial en la historia de la organización, porque ahora, cuando hay eventos, la gente no me conoce. No saben quién soy. Me dicen: ‘¿Eres nueva aquí?’. Es genial poder pasar a un segundo plano y dejar que las cosas sigan su curso”, compartió St. Clair.

Aparte de los programas que llevan años, a la fundadora de Tu Arte le ilusiona un nuevo programa de “microgrants” en el que ofrecen pequeñas becas para que los artistas expresen su arte como quieran, con el único requisito de que sea dirigido al público.
Por ejemplo, tiene un participante que hace sesiones de “jam” en distintas plazas públicas, y otra que está organizando centros de reciclaje y una biblioteca gratuita en Isabela.
“Ya ni siquiera se trata de mis ideas. Se trata de dar a la gente los recursos y la estabilidad necesarios para que hagan lo que quieran, porque no voy a decir que sé lo que necesitas. Dime lo que quieres y yo te diré si puedo ayudarte”, expuso.
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