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A la izquierda, José Caraballo, presidente de la Asociación de Economistas de Puerto Rico. (Suministrada)

Orlando, Florida - Una devastadora tormenta azotó a Puerto Rico dejándolo a la deriva, y no fue el huracán María. Sus vientos se conjugaron y, a lo largo de varios años, fueron alineándose hasta generar un torbellino que colocó al país de rodillas.

Sus ráfagas siguen soplando. Llevan así poco más de 10 años, y se han llevado consigo a cientos de miles de puertorriqueños que han volado a otras tierras, han arrasado con negocios y han detenido el crecimiento económico de la isla.

Algo quedó en pie: la esperanza de restaurar a Puerto Rico y de dibujar un nuevo país en el canvas blanco que ha dejado esta crisis.

Dos economistas y un científico social son autores del libro “Población, migración y resultados socioeconómicos entre los puertorriqueños insulares y continentales: La crisis boricua”, que se publicó a finales del 2017 y sale a la luz en momentos en que la isla atraviesa una coyuntura histórica.

La economista Marie T. Mora, original de Nuevo México; el economista Alberto Dávila, natural de Texas, y el sociólogo Havidán Rodríguez, quien es arecibeño, vieron cómo lo que sería un capítulo para otra publicación sobre la situación migratoria y socioeconómica de la isla se convirtió, poco a poco, en un extenso y detallado libro que explica los factores que llevaron a Puerto Rico a la crisis en la que se encuentra.

El análisis de los autores está sustentado con abundantes datos, un elemento que suele escasear en las discusiones sobre la crisis boricua.

Enviaron el libro a la imprenta días antes que el ciclón devastara la isla. Así las cosas, el dantesco cuadro que pintan los investigadores descansa sobre un escenario preciclónico. Es un hecho que la situación económica, social y migratoria se tornó más seria tras María, coincidieron los autores en entrevistas separadas.

El libro expone importantes hallazgos: que uno de cada cuatro boricuas que ha emigrado a Estados Unidos sigue viviendo bajo niveles de pobreza; que contrario a lo que se ha divulgado, la mayoría de los que se han ido no son personas diestras ni profesionales, aunque este sector se ha ido sumando a esta ola migratoria en la medida que la crisis se ha recrudecido; que del 2006 al 2014, cerca de 215,000 boricuas regresaron a Puerto Rico, pero durante ese mismo período se fueron de la isla 445,536 puertorriqueños, y que la crisis actual no solo incrementó la emigración, sino que dispersó a la diáspora boricua en una veintena de estados, más allá de los tradicionales destinos de Nueva York, Pensilvania y Nueva Jersey, entre otros.

Los autores indican que la cifra de emigrantes neta es mayor si se considera el período entre el 2002 y el 2016: 646,932 personas (el 16.5% de la población). Esta cifra, indican, representa la mayor pérdida poblacional desde 1898, cuando la isla pasó a ser un territorio de Estados Unidos.

Asimismo, el libro destaca que las mujeres emigran más que los hombres; que el tema educativo es una de las fuerzas que empuja a los boricuas a decidir hacia dónde emigran; que hay una tendencia alta entre los puertorriqueños de abrir empresas en Estados Unidos, y que en Puerto Rico la población envejece a toda velocidad, no solo por la baja tasa de natalidad, sino porque los jóvenes son los que más están dejando la isla.

Retrato de la crisis

Como una foto tomada con una cámara instantánea, retratan la crisis humanitaria que se forjó por años, específicamente a partir del 2006, año en que se cuajaron los ingredientes para esa “tormenta perfecta”, que ya había sido profetizada mucho antes por diversos sectores. Fueron factores que cambiaron a golpes el paisaje demográfico y socioeconómico de los puertorriqueños en ambos lados del mar.

Esos factores incluyen la imposición de un Impuesto sobre las Ventas y Uso (IVU), elemento que, lejos de ayudar, empobreció a la clase trabajadora; el fin de la Sección 936, que proporcionaba incentivos contributivos a las compañías que se instalaran en la isla, y cuyo fin provocó el cierre de empresas que huyeron buscando mercados más competitivos.

Otros factores son la reducción laboral en el gobierno, el alto costo de la electricidad, el colapso en el mercado de las viviendas, la pérdida de activos bancarios, el deterioro general en la infraestructura, los problemas en el sistema educativo y la laceración en la prestación de los servicios de salud. Esto último debido a la pérdida paulatina de médicos y especialistas, muchos de los cuales también han ido dejando la isla.

Sus efectos no solo golpean directamente a los 3.3 millones de boricuas en la isla, sino que tiene implicaciones sobre los más de cinco millones que residen en Estados Unidos sobre quienes se ha descargado le responsabilidad de sacar la cara por Puerto Rico y los que allí viven.

“Como parte de este trabajo, realizamos varios viajes a la isla, y, en mi caso, no solo fueron viajes profesionales, sino emocionales pues revisité los lugares donde me crié, estudié y trabajé”, dijo Rodríguez, presidente de la Universidad de Albany, en Nueva York (SUNY, por sus siglas en inglés).

“Los problemas de Puerto Rico no se desarrollaron de la noche a la mañana, y con los cambios económicos y políticos fueron aumentando. Lo que hicimos fue tratar de ponerle una curita a la herida sin mirar las razones que llevaron a esa crisis”, dijo el sociólogo. “El libro, en realidad, no descubre nada nuevo. Lo que hace es poner en contexto, y con datos, el por qué llegamos aquí”, reiteró.

Rodríguez dijo que con el libro -que lejos de haber sido confeccionado en un lenguaje técnico y rebuscado, es sencillo y fácil de entender- buscan provocar una discusión multisectorial, hacer que se constituya una especie de foro permanente en la islayfuera de ella para que se planteen estrategias concretas que mejoren la situación económica, laboral y detengan el patrón migratorio actual.

La publicación destaca el potencial de los puertorriqueños en Estados Unidos como una fuerza que, si sale a votar, influenciará las decisiones de congresistas que puedan afectar a la isla, dijo la economista Mora. Se trata de un poder que no tienen los residentes en el país y que adquieren con solo mudarse, destacó.

Lo anterior, junto con propuestas para potenciar el sector laboral, afloran como algunas de las alternativas que debe mirar Puerto Rico aun cuando el ámbito de acción del gobierno está limitado a las prerrogativas de la Junta de Supervisión Fiscal (JSF), que estableció el Congreso en la isla en virtud de la Ley Promesa.

“Desafortunadamente, no parece que las cosas mejorarán, y si la migración continúa, y se mantiene el ciclo de envejecimiento de la isla, será mucho peor”, dijo la economista en asuntos laborales, al comentar un estudio que indica que no será hasta el año 2034 que Puerto Rico mostrará síntomas de mejoría, y si ocurren serán similares a los que existían en el 2006.

Mora dijo que uno de los retos que enfrenta Puerto Rico es lograr implementar un modelo de desarrollo socioeconómico en momentos que la JSF es quien tiene la autoridad sobre los asuntos fiscales.

“No está en manos del gobierno de Puerto Rico. Mientras, la Junta no tiene que rendir cuentas de lo que hace. Creo que, al final, el Congreso será el responsable de lo que ocurra en la isla, y por eso los puertorriqueños en Estados Unidos tienen que movilizarse y aprovechar que pueden votar y que tienen representación, sobre todo en Florida, que es un estado pendular (swing state) que puede decidir el resultado eleccionario. Sin lo anterior, la gente de la isla no tendrá una voz”, comentó.

¿Los han llamado representantes del gobierno de Puerto Rico para discutir los hallazgos de este libro?”, se le preguntó.

“No, y eso ha sido una sorpresa. Pero esperamos que eso ocurra y estamos disponibles y muy felices de poder hacerles una presentación”, dijo la también profesora de la Universidad de Texas Rio Grande Valley.

En la discusión sobre la búsqueda de soluciones a la crisis que atraviesa la isla, escasea el análisis histórico de las causas que llevaron a esta encerrona socioeconómica, coincidieron Rodríguez y Mora.

“El riesgo de no revisar la historia, de no analizar las cosas que pasaron, es alto. Si no sabemos de dónde surgieron los síntomas, ¿cómo vamos a tratar la enfermedad? Y eso es lo que pasa, que estamos tratando los síntomas sin pensar a largo plazo, sin saber el impacto que tendrán decisiones, sin mirar los aspectos sociales, económicos ni políticos”, dijo Rodríguez.

“Mirando esto desde fuera de la isla, la gente no parece estar discutiendo los problemas reales. Y si no analizamos los elementos que llevaron a esta crisis, la isla podría repetirlos”, agregó Mora.

Alberto Dávila, economista y también coautor del libro, es de la escuela que plantea que la crisis de Puerto Rico no es permanente y que las fuerzas naturales del mercadose encargarán por sí mismas de corregir o revertir la situación sin que haya intervención de alguien.

“Creo que las mismas fuerzas del mercado harán que puertorriqueños en Estados Unidos comiencen a regresar a la isla y habrá un renacimiento natural. Cualquier intervención en ese proceso podría tener consecuencias inesperadas y no necesariamente buenas”, dijo el también decano asociado de la Universidad de Texas Rio Grande Valley.

“Mira el caso de Japón y Alemania luego de la Segunda Guerra Mundial. Estaban en el fondo de la crisis. Los modelos económicos indican que, cuando una economía está en el fondo, luego tiende a recuperarse y subir con rapidez. Estar en el fondo y quedarte ahí no es consistente con las teorías económicas. Hay luz al final de túnel, y hay luz porque en el caso de Puerto Rico, ya estamos al final de ese túnel”, afirmó.


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