José Carlos Sánchez, estudiante de la Universidad del Sagrado Corazón, organizó, junto a líderes comunitarios, un esfuerzo de recaudación tras el embate del huracán María

Barranquitas - Cuando Francisco Díaz Ayala habla sobre el huracán María, su rostro cambia, su sonrisa se disuelve y sus gesticulaciones denotan preocupación. 

Él perdió su casa. A sus 57 años, el agricultor duerme en un pequeño cuarto que logró habilitar con unos pedazos de madera, de esos que volaron con los intensos vientos del ciclón. 

A su hermano Ismael Díaz Ayala, de 61 años, lo aterran otros problemas que también surgieron como consecuencia del ciclón. Su recuperación de una operación en una pierna se ha visto retrasada por la ausencia de servicios médicos accesibles. Fueron muchos los desafíos que sufrió durante y después del huracán, con su casa inundándose y los accesos a su residencia obstaculizados.

“Nos quedamos sin nada... Unos días después (del huracán) ya estábamos pasando necesidad”, dijo Francisco.

“Fue tan terrible (el huracán). Era todo comenzar de nuevo, desde cero”, dijo, por su parte, Yolanda Cintrón Torres, una de las líderes del vecindario. 

Estas historias, con sus variaciones, se repetían en la comunidad Maná de Barranquitas con personas pasando hambre, racionando la comida para asegurar que al menos sus hijos comieran algo; familias hacinadas en refugios improvisados de un solo cuarto; y hasta el simple desespero por encontrar un poco de agua para tomar, relató José Carlos Sánchez, estudiante de la Universidad del Sagrado Corazón y vecino del sector. 

Sánchez, junto con su familia y líderes comunitarios, organizaron su propio esfuerzo de recuperación tras el embate del ciclón.

Ayer, algunos vecinos, tanto los que prestaron ayudas como los que la recibieron, se reunieron para celebrar el día de Acción de Gracias. Pudieron simplemente ignorar la festividad dado los problemas que todavía persisten en la comunidad Maná en Barranquitas, y en todo Puerto Rico.  Pero había al menos una razón para estar agradecidos. Aquella era una comunidad resiliente, que no esperaba por solucionar los problemas, sino que tomaban acción. Y entre todos se ayudaban en medio del desastre natural. 

“No podemos perder el espíritu de que nos estamos levantando. No nos podemos dejar caer”, resumió Reina Margarita Cintrón.

“Yo le doy las gracias a ellos (la familia Cintrón y los líderes comunitarios) porque son los que nos han ayudado. Han hecho muchísimo”, dijo Israel Díaz Ayala un tanto emocionado. Había pasado necesidad durante la catástrofe, pero estaba bien. Solo le faltaba atender mejor su salud y saber de su familia en los Estados Unidos, con quienes no había logrado todavía contacto.

En casos de emergencia...

En cierto modo, Cintrón sentó las bases para la iniciativa de recuperación vecinal que de alguna forma ha ayudado a más de 350 familias de la zona. Sus esfuerzos iniciales no fueron ahora, sino hace casi 20 años. 

Específicamente, tras el paso del huracán Georges en el 1998, ella junto con su esposo emprendieron la tarea de recopilar agua del acueducto comunitario –que no estaba funcionando por falta de electricidad– y repartirla entre el vecindario.  

“Con María ya mi esposo no estaba (falleció hace una década), pero buscamos la guagüita y con una cisterna empezamos a repartir agua. Empezamos yendo a la casa de los que sabíamos que estaban enfermos, pero había mucha necesidad”, dijo la mujer en tono emotivo. Su padre, Inocencio Cintrón Zayas, había sido reconocido por su activismo y dadivosidad en la comunidad, dijo. Estos aspectos de su personalidad los han querido cultivar en los descendientes de la familia.  

Sánchez explicó que crearon una especie de cocina comunitaria. Las alacenas familiares se unieron y se repartía la comida entre todos. Pronto, los víveres escasearon,  por lo que tuvieron que pedir ayuda.  

Tras varios días incomunicados, los mismos vecinos lograron sacar los escombros de las calles. La primera parada fue en el municipio. La petición era simple, que se destinara un poco de la ayuda que estaba llegando para la comunidad. Ellos se encargarían de repartirla. 

Fue poco lo que encontraron allí. Los funcionarios del ayuntamiento ofrecieron darles una caja de suministros de un día para cada familia. Eso no mitigaba lo suficiente el problema. 

“En el municipio todos parecían todavía en ‘shock’ por el huracán”, señaló Cintrón. 

Sánchez entonces fue al Centro de Convenciones en Miramar. Allí no lograron ayudarlo. Pasó entonces a las inmediaciones del estadio Hiram Bithorn en San Juan porque pensaba que allí estaban algunas de las operaciones de la Agencia Federal de Manejo de Emergencias (FEMA, por sus siglas en inglés). Se encontró con funcionarios del municipio de San Juan. Esa tarde, recordó Sánchez, llegó con dos guaguas llenas de suministros para la comunidad. Continuaron la gesta haciendo peticiones en las redes sociales. 

Abrieron el Centro de Usos Múltiples del vecindario para usarlo como centro de acopio. Muy pronto comenzaron a llegar suministros de entes privados. María Quiñones, una concejal de Filadelfia, envió cajas de alimentos. Fundaciones como Extra Bases del expelotero Carlos Delgado y la iniciativa Ayuda a mi Isla también hicieron aportaciones. La Universidad del Sagrado Corazón, donde Sánchez cursa estudios en periodismo y mercadeo, hizo lo mismo. 

Canalizaron toda la ayuda, que consistía principalmente en comida y artículos de primera necesidad, entre unas 350 familias, extendiéndose así más allá  del sector Maná.

Así, poco a poco y con mucho esfuerzo, lograron atender las necesidades más inmediatas de los vecinos. Esa es una de las razones por las que ayer daban gracias. 

Con el restablecimiento, aunque lento, del comercio y la apertura de los caminos, no es tan urgente la obtención de artículos de primera necesidad. Aun así,    quedan muchas cosas por hacer. 

Cintrón explicó que actualmente buscan resolver el problema de suministro de agua en las casas. El acueducto comunitario funciona con un sistema de bombas que está detenido por la falta de electricidad. Para resolver el asunto de manera inmediata, necesitarían un generador eléctrico, cuya obtención están tramitando a través de FEMA. 

 Sánchez indicó que también buscan obtener para las familias de la zona artículos como estufas portátiles de gas, sábanas, toallas, y, si es posible, algún tipo de sistema que permita la conexión de los teléfonos inteligentes al internet, ya que todavía allí no llega este tipo de señal. 

 “Ya la parte de que lo que se necesitaba era comida, pasó”, dijo Cintrón. 

De hecho, ayer, durante un encuentro con motivo del día de Acción de Gracias,  la comida no faltaba en la casa de la familia Cintrón, en la que  se reunió una buena parte de los que aportaron y recibieron ayudas en la comunidad. 

Todavía, a simple vista, se podía observar la destrucción del ciclón. En algunos tramos se podían ver escombros, casas sin techo o protegidas con lonas azules, árboles caídos e infraestructura eléctrica destrozada. También estaba, justo en la entrada de una de las casas, la tubería improvisada para llenar la cisterna con la que se servía agua a los vecinos.

 Pero ya una buena parte de la emergencia estaba superada, había comida en la mesa y entre ellos estaba ese espíritu que no se rinde y da gracias por esa ayuda dada y recibida ante la adversidad.


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