Según la OMS, la violencia entre parejas, así como el abuso sexual y el maltrato de menores tienden a aumentar tras los desastres naturales. (horizontal-x3)
Según la OMS, la violencia entre parejas, así como el abuso sexual y el maltrato de menores tienden a aumentar tras los desastres naturales. (GFR Media)

A casi 10 meses del golpe del huracán María, la violencia y la persistente falta de ofertas laborales, viviendas asequibles y mejores oportunidades sociales mantiene a muchas mujeres viviendo en un estado de vulnerabilidad.

A esos factores, se sumaron en su momento la falta de comunicación, el cierre de tribunales regionales, la caída de las líneas de emergencia y la carencia de oficiales de la Policía para tomar querellas.

“Ante la emergencia que había, las decisiones de denunciar la violencia, de buscar seguridad, se postergaron, y todavía estamos bregando con esa reacción postraumática y la búsqueda de soluciones”, reconoció la licenciada Josefina Pantoja, de la Comisión de la Mujer del Colegio de Abogados.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la violencia entre parejas, así como el abuso sexual y el maltrato de menores tienden a aumentar tras los desastres naturales.

Evidencia adicional apunta a que los efectos a largo plazo de un desastre pueden conducir a un mayor nivel de delincuencia y violencia comunitaria.

Entre los factores que actúan como detonantes, figura el aumento en los niveles de estrés, sentimientos de impotencia, pérdida de propiedad y trabajo, escasez de provisiones básicas y la destrucción de las redes de apoyo.

“Si iban a dar el paso de terminar con esa pareja, el issue de la vivienda segura y de, tal vez, pérdida de empleo las fuerza a permanecer en el sitio en lugar de buscar la opción de salir y, por otro lado, no hubo una respuesta del Estado que permitiera atender esa situación con agilidad”, expresó Pantoja.

Vilmarie Rivera, presidenta de la Red de Albergues de Violencia Doméstica, indicó que en el Hogar Nueva Mujer, que ella dirige, entre septiembre y abril pasado, atendieron 233 mujeres versus 187 que habían servido durante ese mismo período el año anterior.

“Hubo un incremento, y ciertamente la situación de violencia se exacerbó”, señaló Rivera.

En el caso de la organización Escape, por ejemplo, el impacto de María representó un incremento mensual de 43% en las solicitudes de servicios de psicología e intervención para adultos y niños en situaciones de riesgo.

Yadira Pizarro Quiles, directora ejecutiva de Escape, reportó que, previo al huracán, mensualmente recibían un promedio de 23 solicitudes. Ese número aumentó a 32.

En lo que va de año, 11 mujeres han sido asesinadas por su pareja, según datos de la Oficina de la Procuradora de las Mujeres (OPM). La Policía, sin embargo, solo ha relacionado ocho muertes de féminas con la violencia machista.

Dónde están los números

Para la exprocuradora de las Mujeres María Dolores Fernós,las estadísticas oficiales resultan inciertas. “No podemos decir que son unas estadísticas confiables que nos permiten analizar un antes, un después, un progreso o un retroceso”, denunció la abogada.

Mencionó que, antes de María, varias organizaciones que trabajan con este sector habían mostrado reservas porque los números oficiales revelaban menos casos de asesinatos de mujeres víctimas de violencia de género. Sin embargo, había un incremento en los casos sin adjudicar.

“Eso nos preocupaba porque podía ser que no hubiera una reducción real en asesinatos de mujeres por violencia de género en la pareja, sino que se estaban poniendo en esa bolsa bajo investigación... Eso fue antes de María”, señaló.

Fernós enfatizó que, tras el huracán, debido a la falta de comunicación, el cierre de cuarteles y el movimiento de policías a otras funciones, no se captó la realidad de los niveles de violencia.

“No tenemos estadísticas reales ni confiables... se perdió la posibilidad de conocer si en Puerto Rico, como en otros tantos países que han sufrido de crisis naturales o políticas, incrementó la violencia a las mujeres”, subrayó.

En cambio, dijo que existe mucha información anecdótica por parte de las organizaciones. “Ahí se nota, se nota que no cesó”, puntualizó Fernós.

La psicóloga clínica Iris Rodríguez destacó, por su parte, que los incidentes de violencia de género no solo han aumentado por la crisis que provocó María, sino por las precariedades que ya enfrentaba el país, y el manejo inadecuado de la emergencia por parte del gobierno.

“La crisis económica que pasan las personas en general en el país incrementa sus niveles de violencia, los niveles de suicidios, los niveles de dificultad con los problemas de salud mental, y eso a su vez, nos pone más vulnerables a las mujeres”, explicó.

Ante la ausencia de protocolos efectivos, lo que quedó en evidencia durante la emergencia, Rodríguez indicó que desarrollan una red solidaria entre los albergues. “Lo que no debe ocurrir es que una sobreviviente regrese con el agresor. Eso no puede pasar”, sentenció la también presidenta de la Coordinadora Paz para la Mujer.

La vida en la lejanía

Entre las montañas de Adjuntas, la pesadez del dolor se sintió hasta cinco meses después de la emergencia. “No solamente no tenían acceso a esos sistemas de comunicación, sino que también muchas de esas redes de apoyo físicas que tenían disponibles se estaban yendo”, recordó la activista Alana Feldman, quien reside en ese pueblo de la zona central.

De por sí, la vida en la montaña conlleva ciertas limitaciones de acceso, mencionó. Pero si a ello se le suman los retos adicionales que trajo consigo María, como la falta de electricidad y la migración de esa red de apoyo, la situación puede ser insostenible.

“Las redes comunitarias, familiares y deprotección se han ido reactivando pero, porejemplo, aquí en Adjuntas aún hay personas sin luz”, resaltó.

Según informes oficiales del gobierno, todavía 1.13% de los abonados de la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE) no tienen ese servicio. “El aislamiento, cuando no hay luz, es mayor. Sientes como que todo es mas difícil en tu vida”, dijo Feldman.

La carencia de energía eléctrica se convierte en un factor de vulnerabilidad al tomar en consideración el rol que asumen muchas mujeres de manejar sus comunidades y familias.

“Yo conozco de muchas mujeres en el área rural que no guían, que dependen de sus hijos o esposos para que las movilicen, así que ahí hay otro factor. Tienes la falta de luz, la distancia y, encima, esa limitación técnica para movilizarte”, señaló Feldman.

Fundamentales las mujeres

Tania Rosario, directora de la organización Taller Salud, ubicada en Loíza, reconoce el complicado panorama que persiste para muchas mujeres, pero cuando rememora aquellas primeras horas luego del huracán María, lo primero que viene a su mente es su liderazgo en roles de rescate, vitales para garantizar la sobrevivencia de sus comunidades.

“Eso no quiere decir que no haya habido la vulnerabilidad, la hubo. Creo que, quizás, uno de los problemas mayores que identificamos postdesastre es que la mayoría de las voces incluidas en el diseño de la respuesta no eran las de las mujeres”, comentó Rosario.

La falta de protocolos para atender casos de violencia de género o violencia sexual aumenta la peligrosidad. “Hace que cualquier vulnerabilidad que una mujer tenga se exacerbe tanto para ella como para sus hijas e hijos”, indicó.

Examinan la gestión del gobierno

El grupo identificó algunas áreas en las que se debe analizar la respuesta gubernamental. Rosario sostuvo que, contrario a las comunidades, las determinaciones del Estado no se generaron desde el consenso y no estuvieron ancladas desde la prioridad de proteger la vida.

“Fue una respuesta arbitraria, fragmentada, desconectada a la realidad de la gente. Todo lo contrario a lo que uno hubiese esperado”, expresó Rosario.

Señaló que el gobierno debe cambiar el discurso y estimular el desarrollo de planes de contingencia comunitarios versus familiares o individuales. “Hay que empujar un cambio de paradigma respecto a cómo, en un país tan pequeño, con una dependencia tan grande al diésel y la gasolina, estimulas que el diseño de la respuesta de emergencia sea súper local y descentralizada”, dijo Rosario.

Puntualizó que los planes de prevención y preparación de desastres carecen de perspectiva de género a pesar de que Puerto Rico es un país con un alto número de mujeres jefas de su hogar o a cargo de sus familiares encamados.

“Contamos con unas fortalezas tanto en el liderato comunitario como de género. Cuando quedamos fuera,queda fuera nuestra voz, nuestras propuestas, pero cuando viene la emergencia, tenemos que echar mano y responder”, subrayó Rosario.

Fernós, por su parte, coincidió con la urgencia de que se armen, desde el consenso, políticas que mejoren la respuesta gubernamental.

“Esa incapacidad de salir de esos boquetes grandes, de carencia, cuando no tienes nada, cuando la vivienda es endeble, te coloca en una situación donde no hay salida, y mientras no desarrollemos políticas efectivas -que existen y se han puesto en vigor en tantos países- vamos a seguir con tantas personas en esos boquetes enormes”, puntualizó la exprocuradora de las Mujeres.


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