El presidente de Estados Unidos quiere comprar a esta isla helada y hasta bromeó con cambiarla por Puerto Rico. ¿Por qué? Mira este video.

Washington - Aunque fuese una “broma de mal gusto”, el comentario que se le atribuye al presidente Donald Trump de querer cambiar a Puerto Rico por Groenlandia reafirma que percibe a la isla -en consonancia con la cláusula territorial de la Constitución federal- como una posesión.

Los primeros comentarios de Trump de que quiere que Estados Unidos compre a Groenlandia parecieron una sátira, en alguna medida por el estilo en que se expresa el presidente estadounidense.

Las cosas, no obstante, se complicaron y causaron una ruptura diplomática.

Trump, muy susceptible a las críticas y quien fue un magnate de los bienes raíces, canceló un viaje que tenía previsto para el 2 y 3 de septiembre a Dinamarca, por invitación de la reina Margrethe II, después de que la primera ministra, Mette Frederiksen, describió como “absurda” la insistencia del presidente de EE.UU. en adquirir Groenlandia, un territorio autónomo danés.

En medio de todo el revuelo internacional, el tema tocó a la isla.

Un exfuncionario del gobierno de Trump reveló a The New York Times que, en 2018, en medio de una reunión y durante del proceso de recuperación de la isla del huracán María, el presidente bromeó que quisiera canjear a Puerto Rico por Groenlandia.

La broma trasciende en momentos en que Puerto Rico busca superar una grave crisis política y que, según la comisionada residente en Washington, Jenniffer González, tiene ‘cero’ credibilidad en la capital estadounidense.

Trump ha visto a Puerto Rico como un dolor de cabeza, ante las denuncias sobre la lenta e ineficiente respuesta federal al huracán María, que causó cerca de 3,000 muertes y sobre $100,000 millones en daños.

Ha cuestionado -y buscado frenar- el nivel de asistencia que ha recibido la isla para mitigar el desastre que dejó el ciclón a partir del 20 de septiembre de 2017. Sus ataques a los políticos de la isla han sido constantes.

Pero, la referencia a canjear la isla por Groenlandia sería la segunda ocasión en que Trump se toma a chiste las relaciones entre Puerto Rico y Estados Unidos.

En junio de 2018, Trump también se tomó a broma la propuesta de estadidad para Puerto Rico, cuando, ante un planteamiento de Ricardo Rosselló Nevares, indicó que, al promover ese tema, el entonces gobernador le quería garantizar que los electores de la isla solo enviarían republicanos al Senado estadounidense.

No es la primera vez que, desde la Casa Blanca, se plantea la posibilidad de ceder a Puerto Rico a otro país, con todo y ciudadanos.

En el informe de diciembre de 2005 del Grupo de Trabajo de la Casa Blanca sobre el status político de Puerto Rico,la administración de George W. Bush, muy en serio, expresó que regalarle la isla a otro país es una alternativa.

“El gobierno federal puede renunciar a la soberanía de Estados Unidos (sobre Puerto Rico) otorgando la independencia o cediendo el territorio a otra nación; o puede, como lo establece la Constitución, admitir un territorio como Estado, haciendo que la Cláusula de Territorio sea inaplicable”, indicó el informe, al descartar la posibilidad de un ‘nuevo Estado Libre Asociado’ y un “pacto bilateral” que no se pueda romper sin “consentimiento mutuo”.

Desde mediados de agosto, Trump ha hecho público su interés en que Estados Unidos adquiera Groenlandia -a la que, como una vez Puerto Rico, se le considera un enclave estratégico militar-, una idea que también promovió en 1946 el entonces presidente Harry Truman.

Como natural de las Islas Vírgenes estadounidenses, Jeffrey Farrow, quien fue presidente del Grupo de Trabajo sobre Puerto Rico de la Casa Blanca del presidente Bill Clinton y ahora asesora a grupos estadistas, recordó que su territorio natal fue adquirido en 1917 por EE.UU. -a un costo de $25 millones- precisamente de Dinamarca.

Pero Farrow sostuvo que hablar, como se dice que hizo Trump, de “intercambiar colonias” es “de mal gusto, ofensivo” y recuerda “un tiempo antiguo en la historia”.

Además, Farrow dijo que la simpleza de esa expresión ignora las complicaciones jurídicas que tendría el asunto con respecto a los 3.2 millones de puertorriqueños en la isla que son ciudadanos estadounidenses y la jurisdicción que tiene el Congreso sobre el futuro político de la isla.

El propio Tribunal Supremo estadounidense ha establecido que Puerto Rico pertenece a, pero no es parte, de Estados Unidos. “Trump ve a Puerto Rico como una posesión que puede vender, pero en términos prácticos no puede hacerlo”, agregó Farrow.

La Casa Blanca, la comisionada González – aliada de Trump- y la oficina del gobierno de Puerto Rico en Washington no hicieron ayer comentarios sobre las expresiones que habría hecho Trump.

“Es difícil dar crédito a cualquier denuncia anónima”, indicó, por su parte, Javier Ortiz, quien fue miembro del comité de Transición de Trump y es director ejecutivo de FixPuertoRico.org.

Visión racista

Para el sociólogo y profesor de la Universidad de Puerto Rico (UPR) Emilio Pantojas, la visión colonialista, imperialista, racista y eurocentrista de Trump debería provocar una reacción masiva de los puertorriqueños encabezados por la gobernadora Wanda Vázquez Garced, quien se ha identificado con la filosofía republicana, y la comisionada González.

“Ellas deberían responder. Darse por ofendidas a nombre del pueblo de Puerto Rico. La respuesta (también) debe de ser de todos los puertorriqueños, especialmente de los penepés que se creen norteamericanos”, indicó.

Pantojas sostuvo que el comentario que seatribuye al presidente de EE.UU. “es una confirmación de que para los americanos que apoyan a Trump Puerto Rico es una nación distinta de los Estados Unidos. Somos una nación latinoamericana, ellos lo saben y nos desprecian por eso”.

Para el abogado y profesor de Derecho Rafael Cox Alomar, la óptica “racista y paternalista” que exhibe Trump está “anclada en una visión bien torcida de la Constitución de Estados Unidos y del alcance de la cláusula territorial”. Es la misma postura que defendió el gobierno estadounidense en el Tribunal Supremo de Estados Unidos cuando se cuestionó la constitucionalidad de la ley Promesa la Junta de Supervisión Fiscal, dijo Cox Alomar.

“Es el mismo argumento que usa Trump -de forma velada aquí- que es que el Congreso tiene el poder para hacer lo que le dé la gana con Puerto Rico. Esa es la visión que esta gente tiene. No es un chiste. Es una visión jurídica limitante e imperialista. Es una posición colonial, imperialista, racista y deshumanizante”, sentenció.

Para la profesora de Ciencia Política de la UPR, Melody Fonseca, la “broma de mal gusto” de Trump “plantea que puede regalarnos, similar a su idea de los países centroamericanos y África a los que llamó ‘shit holes’ (mierdas)”.

Fonseca sostuvo que la comisionada González, que apoya la reelección de Trump y ha defendido su gobierno, “es imperativo que diga qué opina de esas expresiones”.

Cox Alomar indicó que este nuevo episodio de Puerto Rico con Trump debería avivar el debate sobre el derecho a la autodeterminación de los puertorriqueños.

“También trae a la superficie de que nosotros, los puertorriqueños, descubramos nuevas formas de autonomía”, apuntó el profesor.

Cox Alomar destacó que Groenlandia tiene desde 2009 mayor autonomía que la isla. En las relaciones internacionales puede alcanzar tratados económicos. Y tiene poder decisional sobre el manejo de algunos recursos naturales como los hidrocarburos.

“Creo que nuevamente Trump, con su torpeza, trae a la superficie la agenda inconclusa de autodeterminación. Con la misma lucha de consenso, debemos marchar, exigir en Washington que cumpla con su obligación legal de descolonizar a Puerto Rico. Es un aldabonazo a la conciencia de los puertorriqueños para retomar la batalla que se inició en verano y enfocarnos hacia la agenda inconclusa que tiene que ver con el status y la regeneración económica del país”, agregó Cox Alomar.

La antropóloga Yarimar Bonilla coincidió en que la broma “resalta la relación colonial de Puerto Rico con Estados Unidos”.

El comentario de Trump le recordó a Bonilla el que hiciera en julio del 2015 el ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Schaeuble, quien ante la intervención estadounidense en la crisis de deuda griega expresó que la Unión Europea estaba dispuesta a dar entrada a Puerto Rico a la zona euro, si Estados Unidos aceptaba a Grecia “en la unión del dólar”.

Las expresiones de Trump plantean un “reto” para los líderes del Partido Nuevo Progresista (PNP), que abogan por la estadidad, opinó la profesora Fonseca. Afirmó que “estos son los momentos en que toca ver si la exigencia de la anexión viene desde el desafío al colonialismo o desde una política de no confrontación con la metrópoli”.


💬Ver 0 comentarios