¿Cómo se están arruinando las vías del punto turístico más emblemático de Puerto Rico? ¿Cuáles son las consecuencias de los daños? Te lo explicamos todo en este video.

Nota del editor: esta es la segunda de tres historias sobre la situación de los adoquines en el Viejo San Juan. Mañana busca las propuestas para atender el problema.

No tienen 500 años ni 300, sino 128 años. 

Para sorpresa de muchos, los adoquines azulados del Viejo San Juan son más jóvenes de lo que tradicionalmente se piensa, resaltó Andrés Rivera, historiador y fundador de la Sociedad Puertorriqueña de Dibujo de Edificios Históricos.

Esto pese a que la ciudad amurallada cumple el próximo año cinco siglos desde que los españoles la fundaron.

Particularmente, la pavimentación de las calles del Viejo San Juan se remonta a 1772, cuando el gobierno de aquel entonces decidió colocar en el suelo pedazos de piedras. 

Luego en 1880 instalaron en el casco histórico adoquines de madera. 

No fue hasta el 1890 cuando los adoquines azules, que actualmente permanecen en gran parte de la isleta, llegaron a la isla, según el libro “Memorias”, del fenecido escritor Pedro Tomás Córdova.

Los adoquines, provenientes de Inglaterra, tienen seis pulgadas de profundidad, ocho pulgadas de largo y 4.5 pulgadas de ancho. Las piezas tienen una base de piedra, pero cuentan con una capa azul de media pulgada de escoria, un metal que le aplicaban derretido y que les dio el color azul, explicó Rivera.

El propósito de esa capa era hacerlos más resistentes y evitar la porosidad. 

No obstante, el historiador precisó que esos adoquines fueron instalados sobre túneles en forma de arco que formaban parte de un sistema de drenajes de agua que provenían de cisternas ubicadas debajo de las residencias.

Los túneles y las cisternas todavía tienen presencia debajo de las calles adoquinadas y las casas del Viejo San Juan que hoy conocemos. 

Rivera indicó que estos adoquines fueron colocados sobre los túneles sin considerar que en el futuro el peso que se cargaría sobre estos aumentaría. 

En aquel momento, los ciudadanos se movían a pie, en carretas o caballos provocando una presión menor. 

Unos 100 años después, camiones pesados, vehículos y transeúntes ejercen un peso mayor sobre los adoquines y las estructuras que permanecen bajo tierra. 

Área de la caleta de San Juan en 1990 que muestra el adoquinado del casco histórico. (Suministrada)

Su desgaste es evidente

“En los tiempos modernos los vehículos pesados ejercen una presión brutal sobre estas estructuras. Toda esa presión te hunde las calles”, describió Rivera, quien es arquitecto de profesión. 

Este es el panorama que se repiteen las calles que tienen adoquines históricos,pero también en las que recientemente han sido remodeladas y que cuentan con bloques de cemento, simulando los adoquines históricos en sus calles. 

Rivera explicó que el deterioro de las calles se debe a la presión que ejercen los vehículos de motor sobre las vías, provocando el hundimiento de estas y la creación de una ondulación en el centro. 

Esta situación se sigue produciendo pese a que la Legislatura Municipal de San Juan aprobó en 2015 una ordenanza para regular el paso de vehículos pesados por la isleta capitalina. 

Según datos de la Sociedad Puertorriqueña de Dibujo de Edificios Históricos, en el 2010 se estimó que casi 82,000 vehículos entraban diariamente por la Intersección 5 a la isleta de San Juan.

Igualmente, los vehículos que permanecen estacionados a los lados de las calles adoquinadas ejercen presión. En la ciudad hay sobre 600 espacios reservados solamente para autos de los residentes en plenas calles. 

“Existe una presión vertical, pero también existe una lateral. Cuando tu presionas vertical tú vas comprimiendo ese terreno, pero también se va empujando hacia al lado y es evidente que por eso se están separando los adoquines en forma recta”, describió el historiador. 

Rivera dijo que el alcance de esta situación es aún mayor, pues por esta presión también se ven afectadas las estructuras comerciales y residenciales que están ubicadas al lado de las calles.

“Esa presión comienza deteriorar las carreteras, luego las aceras, se presentan grietas en las paredes, y en el balcón de las casas. Es una reacción en cadena que se va aumentando”, estableció. 

Un diagrama sobre los efectos de la carga sobre las calles adoquinadas. (Suministradas)

El arquitecto afirmó que la ondulación que toman las calles, producto de la presión, responde a la forma que tienen los túneles.

“Esta forma de la masa vertical y las dos curvas a los lados es porque está marcando donde está la estructura abajo”, sostuvo. 

Asimismo, Rivera puntualizó que la situación es más preocupante en las calles en las que se han removido los adoquines históricos para reemplazarlos por “bloques de cemento” y señaló que la calle Fortaleza es el vivo ejemplo de este deterioro. 

La vía que conduce al Palacio de Santa Catalina posee una gran cantidad de cráteres y adoquines que están sueltos a solo cuatro años de haber culminado los trabajos de restauración. 

Aquí no solamente alteraron el material histórico, sino que alteraron la configuración histórica. Se altero el patrón visual, antes las calles eran más anchas y las aceras más angostas. Por eso éramos famoso, pero ahora lo invirtieron”, argumentó.

El arquitecto dijo que, en este proyecto, a cargo de la compañía puertorriqueña Jafer Construction, los adoquines se instalaron con una losa de hormigón y varillas para hacer la carretera más resistente. 

Sin embargo, tras cuatro años de la culminación de los trabajos, la calle no está en condiciones óptimas. 

“El problema de esa losa, a mi juicio, es que se hace para formar una especie de cama para que los adoquines descansen y se mantengan juntos. Pero, aunque la idea está buena, esa losa pesa mucho y ejerce un peso adicional a los túneles”, dijo. 

Este medio reportó ayer, jueves, que el Municipio de San Juan entabló una demanda en contra de la constructora a cargo del proyecto por incumplimiento de contrato, ya que luego de unos estudios que comisionó el ayuntamiento los adoquines de cemento que se instalaron, no contaban con la resistencia en compresión necesaria para aguantar el peso que se ejerce sobre la vía. 

Para el arquitecto uno de los proyectos de reconstrucción de vías históricas en Viejo San Juan con mayor éxito fue el de la calle Tetúan durante la incumbencia del exalcalde Jorge Santini. 

“En la calle Tetuán arreglaron el túnel, compactaron la tierra y volvieron a instalar los adoquines sin subirlos al nivel de la acera porque la ciudad iba a ser peatonal. Esto lleva aquí cinco años intactos porque hicieron un trabajo bueno”, puntualizó.

Asimismo, reconoció que los adoquines de hormigón en los callejones, donde no pasan carros, están en mejores condiciones. 

¿Cuál es la solución? 

Para el arquitecto, hay que dar paso a un plan para peatonalizar las calles adoquinadas del Viejo San Juan, pues “ya no aguantan más”. 

La solución básicamente consiste, aunque es cara, en hacer un plan para establecer áreas de mayor impacto por zona. Identificar las calles que están en peores condiciones, y tratar de remover los adoquines. Luego, inspeccionar el túnel, reparar los daños, preparar el terreno y una vez estén los adoquines en forma orientada a una ciudad peatonal, bajar las aceras al nivel de la calle”, describió. 

Rivera reconoció que la decisión de peatonalizar las calles de Viejo San Juan, como lo ha hecho Cuba en La Habana Vieja de forma parcial, es una decisión que involucra armonizar diversos intereses de los comerciantes, residentes y visitantes del área. 

El historiador confía que un proceso de educación a la ciudadanía daría paso al cierre al tráfico de algunas calles.

“Estoy seguro de que si se reúnen todas las partes, las que fueran, pudiese llegarse a una mejor decisión que es preservar nuestro patrimonio y peatonalizar las calles”, dijo. 


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