Las calles del barrio Islote quedaron cubiertas por lodo y escombro producto de la marejada ciclónica.
Las calles del barrio Islote quedaron cubiertas por lodo y escombro producto de la marejada ciclónica. (Vanessa Serra Díaz)

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Santa Isabel.- A eso de las 8:30 p.m. del sábado, cuando Fiona se perfilaba convertir en un huracán categoría 1, Gladys Arzola y su familia decidieron abandonar su hogar y alojarse en el motel Marbella, en Juana Díaz, pues dieron por hecho que su residencia en el sector Islote del barrio Playita Cortada se inundaría con la marejada ciclónica causada por el fenómeno.

La estadía se extendió hasta este martes, cuando regresó junto a su esposo y dos nietas a la residencia. La estructura, tal cual vaticinó, estaba llena de agua y fango. El mar, que solo queda a pasos de su residencia de madera, trajo escombros, tierra y piedra hasta la carretera, que empleados del ayuntamiento y oficiales de la Guardia Nacional de Puerto Rico (GNPR) limpiaban hoy con equipo pesado.

“Si yo me quedo un día más allí en el hotel, yo salgo grave”, contó Arzola a El Nuevo Día. “Mi esposo y yo dormimos en la cama y las nenas en un mattress. La primera noche nos cobraron 66 pesos y al otro día 33, pero ya no podíamos más porque la comida también es bien cara”.

Para Arzola, la buena noticia es que no perdió la mayoría de sus pertenencias, contrario a lo que ocurrió en 2017 con el huracán María. Empero, la mujer de 66 años reconoció que vivir frente al mar ya no es seguro, por lo que espera mudarse pronto.

Gladys Arzola limpia su casa luego del paso del huracán Fiona.
Gladys Arzola limpia su casa luego del paso del huracán Fiona. (VANESSA SERRA DIAZ)

De acuerdo con Juan Teodoro Echevarría, un pescador con 32 años de experiencia en Playita Cortada, la marejada ciclónica “azotó bastante duro” a su comunidad, que vive, en su mayoría, en condiciones de pobreza.

Hasta ayer, todas las calles estaban repletas de agua, al punto de que en algunas residencias la acumulación de lluvia alcanzó los 2 pies. Hoy, lo que quedaba en las casas y carreteras era fango y algunos escombros, que los residentes removían para tratar de volver a la normalidad.

“Siempre es el mismo problema: agua de río y mar. La marejada era de olas de ocho a nueve pies”, describió Echevarría, al tiempo que lamentó que no podrá volver a pescar hasta reparar su bote, ya que se afectó por la caída de un árbol.

A unos minutos de la residencia del pescador, se encontraban Luis De Jesús y Disglaira Román, quienes intentaban reparar la guagua que el huracán inundó frente a la estructura de madera a la que se mudaron hace cuatro meses.

El matrimonio, que también habló ayer con este medio, abrió las puertas de su hogar para mostrar los daños que sufrieron. Las camas, televisor y muebles que compraron hace apenas un año, cuando decidieron mudarse a Puerto Rico desde Rochester, quedaron bajo agua.

Asimismo, la pareja perdió parte de las decoraciones de su boda, que estaba pautada para celebrarse el 21 de octubre. Ambos desconocen si la celebración continuará, pero esperan que ocurra “lo que Dios quiera”.

“Yo sé que hay gente peor que nosotros, pero la necesidad urgente es que llegue la luz y el agua, porque sin eso no podemos”, dijo. “Es fuerte, pero entremedio de todo estamos bien, estamos vivos”.

Rafael Burgos, alcalde de Santa Isabel, durante el recorrido de hoy.
Rafael Burgos, alcalde de Santa Isabel, durante el recorrido de hoy. (VANESSA SERRA DIAZ)

Buscarán relocalizar residentes

A juicio del alcalde de Santa Isabel, Rafel “Billy” Burgos Santiago, el sector Islote es el lugar más afectado por el huracán en su municipio, lugar que describió como “peligroso”.

Ante eso, el ejecutivo municipal anticipó que trabajará para relocalizar a las familias que residen en la comunidad, con el objetivo de prevenir emergencias similares en el futuro.

“Ya son muchas situaciones en temporada de huracanes y tormentas, donde se pone la situación difícil en este sector. Lo ideal sería buscar otro lugar donde puedan vivir, ya sea con el gobierno central o quien nos pueda dar la ayuda”, expresó.

Aceptó, no obstante, que será una tarea cuesta arriba, pues la mayoría de las personas están arraigadas a su comunidad. De hecho, aunque el ayuntamiento advirtió sobre las inundaciones, los residentes decidieron salir en el último momento, lo que provocó rescates bajo las intensas lluvias y vientos del huracán.

Hasta horas de esta tarde, la cantidad de refugiados en la escuela Pedro Meléndez, en Playita Cortada, ascendía a 32, mientras que en la escuela Elvira Colón, que está localizada cerca del centro urbano, había la misma cantidad.

“Yo mismo tuve que salir a buscar personas que estaban en situaciones difíciles y hubo una casa que se destruyó totalmente, pero con el equipo de trabajo pudimos atender la situación y no hay nada que lamentar”, reclamó.

Cuestionado sobre qué hará el ayuntamiento para prevenir inundaciones futuras, Burgos Santiago dijo que es necesario dragar el río Descalabrado, tarea que no se realiza hace “muchísimos años”.

Aunque aseguró que ya cuenta con los permisos para el dragado, dijo que el ayuntamiento no tiene los equipos necesarios para realizarlo. Espera que el Cuerpo de Ingenieros de Estados Unidos les asista.

El ejecutivo municipal también lamentó las pérdidas millonarias en las fincas agrícolas de su pueblo. Durante un recorrido, este medio validó sembradíos de plátanos y otros vegetales inundados. “Hubo mucho daño”, acotó.

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