Nota de archivo: este contenido fue publicado hace más de 90 días.

En el comedor de Arecma, en el barrio Mariana, en Humacao, han servido un promedio de cerca de 150 platos  de comida diarios.
En el comedor de Arecma, en el barrio Mariana, en Humacao, han servido un promedio de cerca de 150 platos de comida diarios. (Teresa Canino Rivera)

Humacao - Después del azote del huracán María, los vecinos del barrio Mariana en este municipio son guardianes permanentes de su paraíso.

Desde la loma del barrio, vieron venir la furia del huracán, que entró por Yabucoa y sopló con particular fuerza por sus imponentes colinas horas antes del 20 de septiembre pasado.

El ciclón les arrebató su realidad. A algunos los dejó sin nada. Por unas semanas hasta les quitó el verdor del área.

Constataron, con dureza, el colapso de las estructuras del gobierno, incapaces de asistirles. Llevan 23 semanas sin energía eléctrica.

A 45 minutos de San Juan, para llegar al barrio Mariana de Humacao se deja atrás la salida del complejo Palmas del Mar. Aquí, por 35 años, la comunidad ha girado a través de la Asociación Recreativa y Cultural del barrio Mariana (Arecma), que organiza el Festival de la Pana, y tiene un centro comunitario en la loma de las 16 cuerdas que adquirieron hace 35 años. Hasta el huracán María, sus actividades eran periódicas.

Ahora, apoyados en Arecma, Christine Nieves, fundadora de Emerge Puerto Rico, y su compañero Luis Rodríguez Sánchez, músico y cantautor, se dieron a la tarea de poner en marcha el Proyecto de Ayuda Mutua, que coordina un movimiento de autogestión que se nutre de experiencias como el Centro de Ayuda Mutua de Caguas.

En los meses previos al huracán, Nieves y Rodríguez Sánchez vivían entre Santurce y Mariana.

Decidieron que lo mejor era pasar el huracán en Mariana, donde Rodríguez Sánchez creció, su papá tiene una residencia y ya conocían de las bases organizativas de uno de los barrios más grandes de Humacao.

Con cerca de 3,200 habitantes, los propios vecinos construyeron un acueducto en el barrio Mariana en la década de 1960.

El ciclón les hizo claro que otra vez no podían sentarse a esperar por nadie.

“El gobierno no ha sido diseñado para entender lo que necesitan las comunidades. Nos toca a nosotros hacerlo”, dijo Nieves, hasta hace un año profesora de Liderazgo Empresarial en la Universidad estatal de Florida y quien en medio de la crisis fiscal decidió que su taller estaba en Puerto Rico.

“Mariana era todo un desastre” el 21 de septiembre, indicó la presidenta de Arecma, Rosalina Abreu González.

Muchos lo perdieron todo. La misma comunidad tuvo que echar a un lado los escombros para ir en busca de sus vecinos. Taparon como pudieron los techos rotos y las ventanas quebradas. La tarima del Festival quedó destruida.

En medio de la crisis, han organizado un comedor comunal, al que todos aportan y en el que las más experimentadas, mujeres de la tercera edad, han estado cocinando al barrio en que han vivido durante décadas.

Pidieron ayuda, como pudieron. Escribieron mensajes de socorro en sus calles. “SOS, agua y comida”, todavía se puede leer en uno de los caminos del barrio. Con la señal de teléfono que le quedaba, Nieves hizo llamamientos a través de la red social Facebook.

Una de las transmisiones fue vista por una integrante de la red LadyTechMafia, de la que forma parte Nieves. La mujer contactó a la organización Avwatch, que tras el huracán Sandy golpear Nueva York y Nueva Jersey en 2012, ayudó a instalar centros de internet.

La mujer puso en las manos de Avwatch $40,000 con la encomienda de ir a Mariana. “Les dijo ‘aquí queda el barrio Mariana. Busquen a Christine’”, contó Nieves. En poco tiempo, utilizando la conexión que tiene en el pueblo la empresa Osnet, el barrio tuvo sistema de internet.

La alerta del barrio generó el arribo de placas solares para energizar el centro comunal y de tres plantas de filtración de agua suministradas por la fundación Planet Water.

En el comedor de Arecma, han servido un promedio de cerca de 150 platos de comida diarios. El día que los funcionarios de FEMA fueron a llenar solicitudes de los vecinos del área, necesitaron usar el WiFi de Mariana.

Las cocineras del barrio alimentaron aquel día a cerca de 500 personas que fueron a reclamar reembolsos y a los propios empleados federales. “El gobierno tardó dos meses en llegar aquí arriba”, indicó Abreu González, la presidenta de Arecma.

Cuando llegaron representantes del gobierno, les ofrecieron comida empacada y preparada. Los líderes de la comunidad indicaron que preferían recibir la comida y que ellos la cocinaban.

Un grupo de entre siete y 11 mujeres del barrio –casi todas viven solas–, se han encargado de preparar los alimentos. “No había dónde comprar comida, no había agua”, narró Abreu González.

A María Laboy, quien coordina el menú del comedor, FEMA le ha negado cuatro veces la solicitud de asistencia para reparar su vivienda. Pero, no falla un día en ayudar a alimentar a sus vecinos. “Esta es mi terapia”, indicó Laboy.

Delia Labina fue empleada de comedores escolares en la escuelita Juan de Dios López del barrio. Ahora, su tarea, como voluntaria, está en el comedor del Proyecto de Ayuda Mutua. “Nos da mucha tranquilidad”, dijo.

El Nuevo Día conoció el Proyecto en una visita reciente de Nieves a la capital estadounidense, invitada por la organización Hispanic Heritage Foundation, que hace una década le ayudó a financiar el inicio de sus estudios universitarios en la Universidad de Pensilvania. Nieves –quien tiene una maestría en Política Pública Social e Innovación Social de la Universidad de Oxford– fue a hablar de la experiencia de Mariana.

Aquel día, Nieves contrastó la normalidad de la capital estadounidense con el día a día del barrio Mariana, “una comunidad olvidada”. Pero, sostuvo que fue la misma sensación que ha sentido cuando tiene que ir a San Juan. Son momentos que le han permitido “sentir el dolor de lo que se pierde”, como la posibilidad de tener una nevera funcionando y pleno acceso a tecnología.

Recordó una visita que dieron, en medio de la crisis, al Centro de Operaciones de Emergencia (COE) para advertir al gobierno que AvWatch estaba disponible para instalar redes de banda ancha en Vieques o el centro del país.

“Era un momento en que la comunicación salvaba vidas”, dijo Nieves. Sudados y con ropa casual, tuvieron problemas hasta para acceder al COE.

Nunca lograron respuesta. La funcionaria que les atendió les pidió llenar unos documentos. Y les comentó que al otro día se iba de vacaciones. “Pudimos haberle dado WiFi a Vieques. No se hizo. Fue frustrante. La gente de Avwatch se tuvo que ir”, indicó.

Para Rodríguez Sánchez, el Proyecto de Ayuda Mutua ha supuesto un cambio de tono, pues ha puesto en pausa su trabajo musical. El cantautor ha musicalizado la poesía de conocidos escritores, para el Festival de la Palabra, incluidos Julia de Burgos y Francisco Matos Paoli.

Tiene aún a mitad de camino las poesías de Luis Palés Matos. “Se terminará cuando pueda”, dijo Rodríguez Sánchez.

En los últimos días, ha retomado el trabajo para terminar su disco, con el objetivo de donar parte de las ganancias al proyecto comunitario que ha ayudado a formar.

Aquí se quedan

El Nuevo Día visitó la semana pasada el barrio Mariana. La clientela del comedor había bajado. Pero, seguirá abierto.

Ahora, el Proyecto de Ayuda Mutua pide a los clientes que puedan pagarlo, un donativo de tres dólares por plato. Y tiene una agenda mucho más abarcadora.

Van a limpiar toda una colina para sembrar sus propios productos. Construirán un anfiteatro al aire libre para el festival, conciertos y otras actividades.

Arecma ha tenido bajo su custodia la antigua escuela Juan de Dios López, cerrada hace cinco años. “Extrañamente la cambiaron de elemental a intermedia. No había matrícula, y la cerraron”, dijo Rodríguez Sánchez, quien fue al kindergarten en esa escuela.

El Proyecto de Ayuda Mutua escucha propuestas para desarrollar pequeñas empresas en la escuela, la que quieren convertir en un centro de innovación. Una persigue establecer una fábrica de jabones. Otra, manufacturar galletas.

Los voluntarios –de distintas partes del mundo– serán alojados en uno de los salones de la escuela, en la que se construirán duchas.

Prevén tener una biblioteca, un centro de trabajo social, una lavandería comunitaria que funcione con energía solar, y un salón café. También quieren neveras que funcionen con energía solar.

Arecma ha tenido un permiso de uso de la escuela durante los últimos tres años. La autorización está próxima a vencer, por lo que buscan renovarla. “Estamos pintando, arreglando el techo”, dijo Rodríguez Sánchez.

Pero, lo que tienen claro es que la tarea apenas comienza para crear una comunidad más fuerte frente a desastres naturales.

Rodríguez Sánchez subrayó que la semilla está sembrada, y “de aquí no nos sacan”.