23 de enero de 2026 - 2:00 PM

Actualizado el 23 de enero de 2026 - 3:04 PM

Loíza - Con la primera visita de campo a la costa de Parcelas Suárez, en este municipio, el Departamento de Recursos Naturales y Ambientales (DRNA) inició este viernes la evaluación para solicitar al Cuerpo de Ingenieros del Ejército de Estados Unidos (USACE, en inglés) los permisos para instalar el mecanismo contra la erosión conocido como “trapbag”, una alternativa que no impediría el acceso a la playa y cuya ejecución los residentes reclaman con urgencia ante la emergencia que enfrentan.
“Estamos haciendo una evaluación del ‘site’ (lugar) ahora mismo. De aquí, pues, partimos. Vamos a darle velocidad, pero tienen que suceder ciertas cosas. Hay que conseguir permiso para remover esto (escombros); hay que conseguir el permiso para instalar esto (barrera para rellenar arena)”, explicó el secretario del DRNA, Waldemar Quiles Pérez.
La compañía TrapBag, con sede en el estado de Florida, fue la escogida para adquirir su innovadora barrera protectora a inundaciones y control de erosión. Esta herramienta, que tiene un costo inicial de $100 por pie lineal, funcionaría como una tela que forma cubos, de alrededor de cuatro pies de profundidad, que se rellenarían con arena.
“No debemos tener problemas (con el USACE), porque ya hay un permiso aquí para instalar un material rocoso, que el impacto es mucho mayor al que vamos a estar imponiendo nosotros en el área. Estamos confiados que pronto debemos estar empezando”, dijo Quiles Pérez, quien es ingeniero.
Para el líder comunitario Alexis Correa, esta propuesta del DRNA es “efectiva” y no impediría el acceso a la playa, como lo hubiera hecho un revestimiento de rocas que el Municipio de Loíza proponía.
“Tenemos que olvidarnos de las peleas pequeñas. Es una buena solución porque, si se coloca roca, no tendríamos acceso a la playa. Con esta alternativa, sí lo tendríamos. Es más blanda, natural y tendríamos el acceso que podríamos sembrar, que a los muchachos de la comunidad le encanta”, declaró, al mencionar que “cruzan los dedos” para que el “trapbag” ya esté instalado en marzo, cuando aumenta el oleaje.

De momento, el titular del DRNA no ha querido ofrecer una fecha exacta de cuándo culminarían los trabajos.
“Los cubos (del ‘trapbag’) vienen colocados como si fuera un acordeón y, cuando se llega al campo, se estira y ellos se abren. Esos cubos se rellenan la primera mitad con arena y se aplica agua para consolidar la arena, y después se deposita más arena. Ese proceso se repite dependiendo la configuración que se escoja en el área”, detalló Quiles Pérez.
Al recorrido del DRNA, se unieron los consultores del proyecto costero Vida Marina, de la Universidad de Puerto Rico en Aguadilla, a cargo del doctor Robert Mayer y subvencionado por la National Wildlife Foundation.
“Buscando soluciones que se están utilizando en otras partes del mundo, apareció esa estructura (‘trapbag’) que me llamó la atención. Llamamos a la compañía y nos presentaron ejemplos en costas similares a la nuestra. Hay que hacer unos estudios primero para caracterizar esta costa para ver qué es lo que mejor funciona aquí (a mediano y largo plazo), pero lo vimos como una buena opción”, explicó Mayer, experto en rehabilitación costera, sobre esta técnica que nunca se ha utilizado en el archipiélago.
El arquitecto paisajista José Juan Terrasa, también consultor de Vida Marina, explicó que el “trapbag” es “fácil de remover o remplazar, flexible, menos costoso y se ha utilizado en diferentes partes de Estados Unidos”, como en Sarasota, Florida.
“Hay que ver si eso resulta mejor que simplemente depositar roca, porque hemos visto, en otras partes de Puerto Rico, que depositar rocas puede resolver el problema bien a corto plazo, pero crea otros problemas a largo plazo y puede hasta acelerar la erosión si no se instalan correctamente”, planteó.

El grupo de la UPR-Aguadilla tiene un acuerdo colaborativo de “comanejo de la zona costanera” con el DRNA y estará a cargo del primer paso en Parcelas Suárez: limpieza de escombros. Incluso, ya hicieron unas tomas aéreas para tener las coordenadas y se hará una agrimensura de la costa.
“Las costas son extremadamente dinámicas y hay que estar monitoreando continuamente (el ‘trapbag’)”, dijo Terrasa.
Pese a los beneficios atribuidos al “trapbag”, Mayer insistió en que no es un “silver bullet” (solución mágica o perfecta) para un problema complejo como la erosión costera, por lo que ya que deben ir mirándose alternativas a largo plazo.
“Necesitamos de los ingenieros costeros en el equipo para que determinen cuál es la mejor solución para las diferentes situaciones. Veo que, poco a poco, estamos dejando los desacuerdos y las pugnas de poder, y estamos moviéndonos en la dirección correcta y creo, como puertorriqueño, es lo mejor que podemos hacer por el bien de las comunidades y del ecosistema que tenemos que cuidar”, acotó.

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