Este 8 de marzo se conmemora el 115 aniversario del Día Internacional de la Mujer, momento en el que se reflexiona sobre las luchas de las féminas para asegurar su participación en la sociedad como entes independientes y con igualdad de derechos humanos y civiles que los hombres.
En Puerto Rico, desde el siglo XIX, el feminismo ha sido un motor histórico de cambio, logrando hitos a lo largo del Siglo XX y entrado el XXI. Desde el derecho al voto femenino en 1929 hasta la declaración de estado de emergencia por violencia de género, en 2021, la lucha por la igualdad de derechos se ha mantenido como una constante de cambio en la sociedad puertorriqueña.

Compartimos cinco hitos que quizás no conocías sobre la lucha de las mujeres en Puerto Rico.
Pionera de la lucha feminista
Al hablar de mujeres pioneras en la lucha feminista de Puerto Rico, el primer nombre que figura inmediatamente es el de Ana Roqué de Duprey.
Roqué de Duprey, también conocida como “Flor del Valle” por su trabajo en botánica, nació en Aguadilla el 18 de abril de 1853 y fue una educadora, científica, sufragista y una de las fundadoras de la Universidad de Puerto Rico, en una época histórica en la que solo el 16% de la población puertorriqueña sabía leer y escribir.
Fundó organizaciones como la Liga Feminista Puertorriqueña, en 1917, y la Asociación de Mujeres Sufragistas, en 1924, para lograr el voto femenino en la isla. También fundó publicaciones como “La Mujer”, en 1893; “La Evolución”, en 1902; “La Mujer del Siglo XX”, en 1917; “Álbum Puertorriqueño”, en 1918 y “El Heraldo de la Mujer”, en 1920.

Lío de pantalones
La también activista femenina, y contemporánea de Roqué de Duprey, Luisa Capetillo Perón (1879-1922), escandalizó a la sociedad puertorriqueña de principios del siglo XX por utilizar pantalones en público y defender la igualdad, el amor libre y el voto femenino.
Tuvo que enfrentarse a la justicia local por persistir en el uso de pantalones, convirtiéndose en la primera mujer en hacerlo en Puerto Rico, en 1915.
Durante una estancia en Cuba, también fue detenida por “escándalo público” debido a la misma razón, y llevada ante el juez García Solá. En ese momento, Capetillo Perón defendió su derecho a usar pantalones y afirmó que era una prenda cómoda y saludable. El juez finalmente la absolvió.

Capetillo Perón defendió el voto de las mujeres, aunque su mayor preocupación fue la organización de la mujer en sindicatos obreros.
A la vanguardia del sufragio femenino
A pesar de que el historiador Fernando Picó ha sido enfático a través de su trabajo historiográfico en que las mujeres han sido el grupo más marginado en la historia de Puerto Rico, la isla estuvo a la vanguardia del sufragio femenino a principios del Siglo XX.
Como resultado de las políticas de desarrollo económico implementadas después de la invasión estadounidense de 1898, las mujeres comenzaron a tener la oportunidad de educarse y comenzar a plantear asuntos de equidad y justicia que no habían formado parte del discurso histórico hasta entonces.
Puerto Rico aprobó el voto para mujeres alfabetizadas en 1929, instituyéndose en la práctica durante las elecciones de 1932, mucho antes que otros países latinoamericanos.

Luego de más de dos décadas de lucha para lograr una mayor participación en los procesos políticos del país al comienzo del Siglo XX, las mujeres puertorriqueñas finalmente lograron que se le reconociera su derecho al voto.
“Ya me puedo morir, porque ya he votado”, indica el récord histórico que fueron las palabras de Roqué de Duprey al salir de emitir su primer voto durante las elecciones de 1932. Irónicamente, a los 82 años y atada a un sillón de ruedas, la líder sufragista murió sin enterarse de que, por razones técnicas, ése primer voto tuvo que ser anulado.
Primera mujer Legisladora
María Luisa Arcelay fue la primera mujer elegida a una cámara legislativa en Puerto Rico y en toda América Latina, en 1932. Asimismo, fue una de las líderes más reconocidas de la industria de la aguja en la isla.
Luego de que en abril de 1929 se aprobara la ley que reconoció el derecho al voto a las mujeres de 21 años que supieran leer y escribir, Arcelay se postuló para un escaño legislativo en representación de la coalición entre el Partido Unión Republicana y el Partido Socialista, ganando en los comicios de 1932 y siendo reelecta a su cargo en las elecciones de 1936.
Durante sus ocho años en la posición de representante en la Cámara por el Distrito 16 de Mayagüez, originó y fue coautora de una gran cantidad de proyectos de ley y resoluciones entre los que se destacan la creación de la Lotería de Puerto Rico, las cortes juveniles y del sistema de hogares de crianza, así como la conformación de un fondo de pensiones para maestros y sociedades cooperativas de artículos manufacturados a mano, y la imposición de penalidades a padres que no proveían sustento a sus hijos.

Presidió la Comisión de Agricultura y Comercio de la Legislatura y fue miembro de la de Instrucción y de Hacienda y la del Trabajo. También, realizó labores cívicas y sociales como la dirección de la Junta de Precios y Racionamiento de Puerto Rico en tiempos de guerra, y la del Hogar Infantil de Mayagüez.
Reforma familiar de 1976
Un hito clave en la lucha feminista de Puerto Rico fue la aprobación, el 21 de mayo de 1976, de la Ley número 51, mejor conocida como la Reforma Familiar de 1976, que permitió por primera vez a las mujeres ser coadministradoras de la sociedad de bienes gananciales en un matrimonio, dándoles igualdad de derechos para firmar créditos, tener patria potestad y administrar bienes, eliminando la sumisión legal al esposo.

Según señala la presidenta de la Comisión de Derecho Civil del Colegio de Abogados y Abogadas de Puerto Rico, Migdalia Fraticelli Torres, en su trabajo investigativo “Examen crítico y nuevas perspectivas del régimen patrimonial o económico del matrimonio” (2002) la reforma introducida con esta ley “dotó a la normativa que regulaba el régimen económico del matrimonio de un nuevo contenido y alcance, sobre todo en las relaciones de pareja y la autoridad y responsabilidad que cada cónyuge asume en el campo doméstico, como cónyuge, padre, madre o gestor económico del patrimonio conyugal y familiar”.
“La equiparación de ambas partes en el ejercicio de las facultades y responsabilidades que exige la gestión económica del matrimonio celebrado bajo el régimen de sociedad de gananciales constituyó un adelanto en el estado de Derecho patrio”, añade la también profesora de leyes.

