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prima:Sabías que… inmigrantes chinos en Puerto Rico ayudaron a construir la PR-1 a finales del siglo XIX

La historia y las aportaciones de esta comunidad en la isla datan desde mucho antes de la invasión estadounidense de 1898

2 de abril de 2026 - 11:10 PM

Si fuéramos a describir la sociedad del Puerto Rico moderno sería inevitable exponerla como un crisol de diferentes culturas que, a lo largo de varios siglos, convergieron en este archipiélago, formando al puertorriqueño moderno.

Las aportaciones de comunidades de inmigrantes franceses, canarios, corsos y alemanes provenientes de Europa durante la segunda mitad del siglo XIX y la primera del XX, se fundieron con comunidades de criollos, mulatos, mestizos, así como africanos, esclavos y libertos, nacionales e inmigrantes, creando un perfil único que prevalece hasta el presente.

Sin embargo, existe una comunidad de migrantes en Puerto Rico que ha sido un tanto ignorada por los historiógrafos, pero cuya contribución es importantísima para el desarrollo de la sociedad que hoy día conocemos.

La comunidad de chinos en Puerto Rico, aunque no tan amplia como la de otros grupos migratorios, realizó grandes aportaciones sociales en la isla.

Como explica el historiador y profesor universitario de origen chino-cubano, José Lee Borges, en su obra “Los chinos en Puerto Rico”, muchos de estos inmigrantes que llegaron a América fueron campesinos que durante años experimentaron hambrunas en su país y la migración constituía su única oportunidad de mejorar su calidad de vida y la de sus familias.

Trabajadores chinos en Puerto Rico a principios del siglo XX.
Trabajadores chinos en Puerto Rico a principios del siglo XX. (Archivo General de Puerto )

Necesidad de mano de obra

Los movimientos antiesclavistas que tomaron fuerza durante el siglo XIX, por un lado, lograron la encomiable tarea de erradicar la trata de africanos, pero, por otro, crearon un grave problema de mano de obra en las Antillas.

Como solución para este problema se introdujo el uso de los “braceros escriturados” en las colonias del Caribe. O sea, la importación de mano de obra diestra desde otros países: “braceros” porque constituían brazos para las obras y “escriturados” porque eran reclutados a través de contratos o “escrituras”.

Los primeros intentos de introducir a braceros chinos en el Caribe datan de 1806 en la isla de Trinidad, donde no tuvieron un resultado positivo. Dos décadas más tarde, en 1846, el gobierno insular permitió la entrada a Cuba de los primeros 600 trabajadores chinos, con la promesa de mitigar la necesidad de brazos.

“El censo de 1861 reportó un total de 56,844 chinos en Cuba, número que ascendió a 117,230 en 1877. La llegada de estos fue tanta que se dice, de manera extraoficial, que durante 1859 habría alrededor de 200,000 chinos en Cuba”, añade Lee Borges.

Periodico La Correspondencia de Puerto Rico, 4 de abril de 1902
Periodico La Correspondencia de Puerto Rico, 4 de abril de 1902 (Archivo General de Puerto Rico )

Sin embargo, el proyecto de Cuba, al igual que el de Trinidad, tampoco fue tan beneficioso para la agricultura como esperaban los hacendados cubanos.

Braceros chinos en Puerto Rico

Durante gran parte del siglo XIX, Puerto Rico se caracterizó por permanecer rezagado en el orden económico y de mano de obra del Caribe.

La isla comienza a confrontar un problema serio de escasez de obreros como consecuencia directa de los movimientos abolicionista; ello sumado a la Revolución Industrial, que tomaba vuelo y requería más mano de obra.

“A partir del siglo XIX, cuando el tráfico de esclavos se limita por los movimientos abolicionistas, surge una insistencia por parte de los hacendados en introducir trabajadores contratados a Puerto Rico”, indica el profesor.

El primer proyecto de inmigración de trabajadores chinos a Puerto Rico data de 1846, pero fue un intento que el gobierno español desatendió hasta 1852. Al no tener regulaciones serias, la Real Orden del 13 de octubre de 1848 autorizando la entrada de estos obreros, se paralizó y no fue hasta cuatro años después que se reanudaron los intentos.

El gobernador general de Puerto Rico, Fernando de Norzagaray, luego de escuchar los argumentos acerca de la conveniencia de introducir trabajadores contratados chinos como solución al problema de la escasez de obreros, accedió a reanudar el proyecto.

En 1852, uno de los más ricos hacendados le había pedido permiso al gobernador para introducir 500 o 1,000 chinos, porque entendía que sería un beneficio para la agricultura.

Sanb Juan, Puerto_Rico and vicinity, 1901-1903. The_Military_Road, between mountain and stream.
Sanb Juan, Puerto_Rico and vicinity, 1901-1903. The_Military_Road, between mountain and stream. (Archivo General de Puerto Rico)

Confinados chinos realizan obras

Según Lee Borges, a pesar de ser un trabajo voluntario, el sistema de braceros escriturados fue uno cruel, con elementos similares a la esclavitud, resultando muchas veces en actos de rebeldía y venganza por parte de los braceros chinos ante el maltrato y las injusticias de los hacendados.

“El trabajador chino desquitó su rabia y coraje cometiendo homicidios por los cuales terminó como confinado”, indica el profesor. “Al estar confinado, el amo no tenía que pagar su salario, ni cumplir con el contrato, por lo cual no representaba una pérdida económica para este, como sería un esclavo africano”.

Muchos de estos braceros chinos asesinaron mayorales, a sus ayudantes negros e incluso a otros chinos. Por esta razón, fueron condenados por distintos foros judiciales españoles en Cuba.

No obstante, ello no disuadió a las autoridades a utilizar los servicios de estos, ahora convictos, inmigrantes chinos.

Con el mismo propósito, en la segunda mitad del siglo XIX a Puerto Rico llegan más de 300 de estos confinados chinos para realizar obras públicas junto a otros confinados locales. Fue entonces que el 1 de julio de 1865 llegaron los primeros 143 confinados chinos desde el presidio de Samaná, en el Santo Domingo español, a bordo del vapor Pájaro del Océano.

“Algunos de estos asiáticos, pertenecientes al ingenio Santa Teresa, fueron acusados el 23 de diciembre de 1862 por el homicidio del mayoral Manuel Segarra”, explica Lee Borges.

Martín segundo y Afó, chinos de Cantón contratados por el ingenio Las Cañas, en Matanzas, fueron sentenciados en Cuba por homicidio en 1879
Martín segundo y Afó, chinos de Cantón contratados por el ingenio Las Cañas, en Matanzas, fueron sentenciados en Cuba por homicidio en 1879 (archivo general de puerto rico)

La Carretera Central

Según el profesor, los confinados chinos jugaron un papel importantísimo en la construcción de la Carretera Central —hoy día la carretera PR-1, que conecta el norte de la isla con el sur.

“No es de extrañar que a Puerto Rico llegaran chinos para los trabajos de la carretera central. Tenían una reputación de trabajar en diferentes obras de infraestructura, además de conocerse como agricultores”, explica en referencia a los trabajos de estos en la construcción de vías del ferrocarril en California durante el siglo XIX.

En 1854, como parte de un ambicioso plan general de carreteras para Puerto Rico, se comenzó la construcción de la carretera central.

“La fuerza laboral empleada en esta obra estuvo compuesta por cientos de presidiarios de la isla y los más de 300 confinados que fueron traídos de Cuba”, indica el profesor quien explicó además que, en su mayoría, estos confinados chinos laboraron en el trayecto que discurre entre Coamo, Aibonito, Cayey y Caguas.

“Los confinados trabajaban bajo la continua vigilancia de sus guardianes. Picaban la piedra, a acarreaban en las carretillas y abrían el camino cortando las rocas menos resistentes a pico y barra. Usaban los taladros en las más sólidas rocas, colocaban la carga de la pólvora con el fulminante de dinamita que conectaban con la meca que habría de producir la explosión”, explica Lee Borges.

Confinados, incluyendo algunos chinos, en el patio de la cárcel La Princesa en San Juan en 1900.
Confinados, incluyendo algunos chinos, en el patio de la cárcel La Princesa en San Juan en 1900. (archivo fotografico de puerto rico)

Otras obras

La mayoría de los estudios realizados en Puerto Rico sobre la comunidad de confinados chinos enmarcan únicamente su presencia como parte de la construcción de la carretera central. Sin embargo, el profesor argumentó que esta fuerza laboral construyó otras importantes obras de infraestructura.

“Tenemos chinos que laboraron en la construcción del tendal de ladrillos de Ponce en 1887 y en la construcción del faro del cayo Culebrita, construido por la Corona española entre 1882 y 1886”, indica.

Por su carácter de confinados, explica, los chinos también estuvieron expuestos al trabajo de jardinería, mayormente a partir de 1890.

Sin embargo, esta presencia se vio amenazada debido a la Ley de Exclusión para los chinos, establecida en 1882 (y abolida en 1943) en Estados Unidos que, según los primeros censos estadounidenses, decimó en 1899 la población china en la isla a unos 75. En 1910 el número descendió a 12, mientras que para 1920 aumentó a 32 y para la próxima década se dice que descendió nuevamente a 23.

El profesor argumenta en su libro que el imaginario social sobre la inmigración china ha experimentado varias etapas históricas hasta el día de hoy.

Faro de Culebritas, 1886.
Faro de Culebritas, 1886. (biblioteca del congreso de estados unidos)

“En la época de la Ilustración, se representaron como ‘forjadores de sabiduría’; más tarde, en el momento de la expansión colonialista del siglo XIX, se convirtieron en el ‘peligro amarillo’; después, tras el establecimiento de la China comunista, como un ‘peligro rojo’ que amenazaba con invadir el mundo como hormigas”, señala Lee Borges.

No obstante, esta comunidad, al igual que todas las poblaciones que se ven obligadas a emigrar, lo hacen con el sueño de trabajar y lograr una mejor calidad de vida para ellos y sus familias a la vez que realizan grandes aportaciones sociales en los lugares a donde emigran.

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