Si analizamos el tracto histórico, veremos que existe una línea invisible que conecta directamente todos los sucesos ocurridos en siglos pasados con los que actualmente experimenta el mundo; algo así como un efecto dominó de hechos que repercuten, una y otra vez, en el proceso de las civilizaciones.
Ese es el caso de la catástrofe económica que experimentan las diferentes economías en la actualidad. Y, aunque con sus propias particularidades, la crisis actual está directamente atada a otras crisis del pasado, como lo fue el llamado “Pánico de 1857”. Esta fue la primera crisis financiera mundial, que comenzó en Estados Unidos e Inglaterra y que tuvo serias repercusiones a nivel mundial, incluyendo Puerto Rico.

Esta crisis económica golpeó a la isla duramente al provocar una caída drástica en los precios de exportación de los principales productos de Puerto Rico: el azúcar y el café.
La caída de precios precipitó desastres económicos, inestabilidad en el comercio local y severas dificultades para la élite comercial —en su mayoría extranjeros de origen europeo— exacerbando los problemas monetarios que ya venía experimentando la isla desde principios de siglo.
Como explica el doctor Ricardo Camuñas Madera en su artículo ‘Los alemanes en el Puerto Rico del siglo XIX’, “la crisis financiera de 1857, fue un efecto de la baja precipitada de los precios en Estados Unidos e Inglaterra, que puso fin a dos años de empuje económico, motivado por la guerra de Crimea, acompañado por una loca carrera especulativa”.

La disminución de la demanda de productos agrícolas provocó un descenso en la venta de tierras e inició un período de dificultades económicas para inversores y agricultores.
Hasta el siglo XIX, las fluctuaciones económicas estaban relacionadas principalmente con la escasez de bienes, la expansión del mercado y la especulación, pero el Pánico de 1857 cambió el juego.
La Guerra de Crimea
La guerra de Crimea (1853-1857) —península ubicada en el mar Negro y punto estratégico para Rusia— es considerada el conflicto bélico propulsor de la crisis económica de 1857 al generar un auge artificial en las exportaciones agrícolas estadounidenses debido a las interrupciones del suministro ruso a Europa, que posteriormente se reactivó, una vez se reestableció la paz en la región.

La caída de la demanda, sumada a la especulación excesiva en los ferrocarriles estadounidenses (foco de inversión europea en Estados Unidos) y la fuga de capitales extranjeros, desencadenó una crisis bancaria, cuyo origen se hizo infame con la quiebra de la “Ohio Life Insurance and Trust Company”.
Durante los cuatro años de la guerra, Europa dependió del grano estadounidense, así como del café y el azúcar producido en Puerto Rico. Cuando Rusia reanudó las exportaciones a finales en 1857, la demanda de grano estadounidense ya se había desplomado, arruinando a los especuladores de tierras en Norteamérica.
La guerra de Crimea —que marcó la decadencia del Imperio Otomano dando paso a la creación, por parte de los europeos, de los países que hoy componen el llamado Medio Oriente— llevó a los inversores de Europa a retirar su capital de los ferrocarriles estadounidenses para financiar sus propias empresas militares.

Para 1857, los bancos estadounidenses estaban sobre endeudados, lo que provocó múltiples quiebras bancarias.
Daños colaterales
En Inglaterra
Esta crisis financiera es considerada como la primera crisis económica global del mundo post-industrial, sentando el precedente que definiría futuras crisis de este tipo y creando daños colaterales en todo el mundo.
Para la década de 1850, la economía mundial ya estaba grandemente entrelazada, convirtiéndose en un sistema interdependiente. Por tal razón, la crisis tuvo un efecto dominó en todos los mercados mundiales.
El gobierno del primer ministro británico, Lord Palmerston, logró eludir los requerimientos de la Ley bancaria de Peel (Bank Charter Act) de 1844, legislada para revitalizar el sistema bancario británico, centralizando la emisión de billetes bajo el Banco de Inglaterra. Esta ley exigía que todos los billetes de recién impresión estuvieran respaldados al 100% por reservas de oro.
La emisión de papel moneda propulsada por Palmerston, sin el respaldo de las reservas de oro, creó una burbuja económica que finalmente estalló en 1857, en Inglaterra.

En Estados Unidos
A principios de esa década se experimentó un período de gran prosperidad económica que también se extendió a Puerto Rico. En Estados Unidos, esta bonanza estuvo impulsada particularmente por la demanda en la industria del transporte ferroviario, con trenes que se dirigían hacia el oeste cargados de nuevos colonos. Sin embargo, la crisis en Inglaterra comenzó a afectar las inversiones europeas en el ferrocarril, así como el mercado europeo para varios productos producidos en Estados Unidos, especialmente el azúcar y el café, que eran los principales productos de exportación de Puerto Rico en ese entonces.
Ello, a su vez, provocó gran incertidumbre entre los banqueros e inversionistas de la costa oeste de Estados Unidos. Como consecuencia, los bancos asumieron más cautela en la otorgación de créditos para estos negocios.
Para la primavera de 1857, según explica Michael A. Ross en su texto ‘Justice of Shattered Dreams: Samuel Freeman Miller and the Supreme Court During the Civil War Era’, “los créditos comerciales se habían agotado, obligando a los ya sobre endeudados comerciantes del oeste a recortar nuevas compras de inventarios”.
Como resultado del limitado poder adquisitivo en el oeste de Estados Unidos, los comerciantes de todo el país vieron caer sus ventas y ganancias.
Cataclismo de quiebras
Camuñas Madera explica en su artículo que las casas de comercio que operaban en Puerto Rico con capital proveniente de los países compradores de azúcar y café, se vieron de repente sin ese dinero para operar sus negocios.

“Como consecuencia, muchos inversionistas que tenían comprometido su capital en Mayagüez, y Aguadilla, y que vivían en Bremen y Hamburgo, vieron grandes pérdidas”, indica el historiador.
Las quiebras alcanzaron a las casas de comercio más sólidas y de mayor prestigio, afectando la adquisición de capital en Puerto Rico.
“Así lo notamos en la reunión del 5 de marzo de 1858, cuando la sociedad quebrada de los señores los señores Camacho Decastro se enfrentó a la Junta de acreedores... En esta Junta, los comerciantes endeudados mostraron sus libros y hablaron claro, explicando que lo ocurrido es parte de la crisis universal”, añade Camuñas Madera.
Ninguna de las casas alemanas de comercio sobrevivió, mientras que los comercios ingleses en Puerto Rico suspendieron los pagos. La única casa de comercio que sobrevivió la crisis en la isla fue la estadounidense, “Latimer and Company”.
No obstante, Camuñas Madera explica que, a pesar de que los comercios de inmigrantes franceses sufrieron daños, pudieron seguir operando y sobrevivir.

Pérdida de capital
Durante el proceso de quiebra de estas empresas se perdió una cantidad enorme de capital en un país que ya sufría por la escasez de inversión.
El historiador utiliza como ejemplo el caso de una de estas casas de comercio que participó de la quiebra, “Camacho Decastro y Compañía”, que se enfrentó a sus acreedores durante una reunión el 5 de marzo de 1858, donde reveló sus finanzas y explicó que lo ocurrido tenía una conexión directa con la crisis mundial.
Según el registro de la reunión, los representantes de la casa comercial señalaron que “el precio del azúcar en los Estados Unidos y en Europa comunicó extraordinaria vida al comercio de esta isla: nosotros seguimos el impulso de este movimiento y negociamos en elevada escala; pero cae súbitamente el precio del azúcar, viene luego a los Estados Unidos una crisis financiera, se declara también en Europa y esos acontecimientos nos precipitan. Somos una de las victimas del cataclismo norteamericano-europeo”.

Camuñas Madera destaca la importancia que las autoridades insulares le dieron a estas quiebras, además de que se midió detenidamente la gran importancia de la crisis en Puerto Rico.
“La contracción fue muy seria, ocasionó escasez de todo, ya que sólo llegaban productos desde Barcelona y Baltimore, en Estados Unidos”, indica el Camuñas Madera.
La liquidación de inversiones fallidas, la estabilización de los precios agrícolas y la confianza restablecida en los bancos lograron comenzar a levantar la economía ya para 1859. Sin embargo, a pesar de la quiebra de bancos y el impacto directo que tuvo la debacle de la industria de ferrocarriles, el sur de los Estados Unidos, incluyendo a Puerto Rico, se recuperó más rápido que el norte.

