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prima:Shirley Silva Cabrera: una mirada a la muerte y al duelo

Desde hace 16 años, comenzó su formación de tanatóloga y ahora busca la regulación de esta profesión a nivel isla

5 de enero de 2020 - 12:00 AM

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Esta historia fue publicada hace más de 6 años.
Shirley Silva Cabrera, una de las seis tanatólogas certificadas en Puerto Rico, acompaña a los pacientes desde el diagnóstico de su enfermedad terminal hasta su muerte.
Shirley Silva Cabrera, una de las seis tanatólogas certificadas en Puerto Rico, acompaña a los pacientes desde el diagnóstico de su enfermedad terminal hasta su muerte. (teresa.canino@gfrmedia.com)

Nunca la conoció, pero Shirley Silva Cabrera siente que los escritos de la famosa psiquiatra y escritora Elizabeth Kubler Ross, experta en el tema de la muerte y los cuidados paliativos, le hablan directamente a ella.

Estudió terapia física en la Universidad de Puerto Rico, pero un retiro espiritual, cuando tenía 14 años, le sembró la inquietud en la tanatología. Y el interés volvió cuando en sus terapias a los pacientes, comenzó a tener experiencias con personas que estaban cerca de la muerte. Ellos le inspiraron a estudiar de manera profesional la tanatología.

Graduada del Colegio San Vicente de Paúl, en Santurce, Shirley completó un certificado en tanatología del “National Center for Death Education” en 2004 y, al año siguiente, se certificó por la “Association for Death Education and Counseling” (ADEC). Su compromiso con mantenerse al día en este tema la ha motivado a seguir tomando cursos y certificaciones. Por eso, durante el 2013-14, acudió al Colegio de Formación Teológica Ministerial, donde completó un doctorado en Filosofía en Psicoterapia Eclesiástica y, posteriormente, completó un “fellow” en tanatología del ADEC. Entre sus mentores, se destacan la doctora Sandra Bertman, a quien describe como “distinguished death educator” y el escritor Brian Weiss, famoso psiquiatra conocido por sus creencias en la reencarnación y en la regresión de vidas pasadas. También, asegura vivir agradecida de la oportunidad que le dieron los doctores Pablo Rodríguez y Víctor Medina, de Centro Médico, de incursionar los conceptos de tanatología y cuidados paliativos en el Hospital de Trauma de Centro Médico. Su más reciente proyecto es la publicación del libro “Cuando los dibujos hablan- Percepciones tanatológicas: un estudio contemplativo sobre la muerte y el duelo”. Pero en el tintero hay otros proyectos más, como lograr la regulación de la práctica de la tanatología en Puerto Rico.

¿Qué es tanatología?

—Es la ciencia que estudia, interviene y analiza los eventos de muerte, duelo y cambios significativos del ser humano. Puede acompañar desde el diagnóstico de la enfermedad terminal hasta su muerte. Y puede acompañar a las familias en diversas clases de duelo y también ser sostén y apoyo para personas sobre la muerte y distintos tipos de pérdida. No necesariamente la tanatología trabaja la muerte física, sino grandes pérdidas, como pérdidas de empleo y divorcios. Claro, la base para iniciar la tanatología, a nivel histórico, fue el sufrimiento del paciente y su familia ante la proximidad del fin de la existencia.

Basado en su experiencia en este tema, ¿cuál es la percepción general de las personas sobre la muerte? ¿Están preparadas?

—Ya nos encontramos en un período en que el tema de la tanatología se ha dado a conocer más social y culturalmente. Está teniendo más aceptación, pero todavía necesita más ampliación. El dominio de la preparación para la muerte y duelo debe ser más evidente en los escenarios de salud. También, necesitamos mucha investigación porque la tanatología es un campo multidisciplinario que conlleva mucho sufrimiento debido a estamos apegados a unas circunstancias y personas y cuando las perdemos, duele y reaccionamos de múltiples maneras a esa ausencia. No todos somos educados para enfrentar las pérdidas. No todos tenemos la madurez para enfrentar la muerte y el duelo. Desde niños, debemos trabajar y explorar para mejorar nuestra actitud hacia la muerte y la reacción a las pérdidas.

De todos los casos que ha atendido en Centro Médico, ¿cuál ha sido el más significativo y por qué?

—He atendido pérdidas múltiples, tragedias, masacres. También, hay pacientes que mueren en soledad, pidiendo perdón, ¿y a quién si no hay nadie? Ahí, nace mi interés mayor de lograr que la tanatología se torne en una práctica oficial de los servicios de salud, para darles más presencia a estas expresiones. El lenguaje simbólico del moribundo es sumamente importante y siempre me conmueve, que me revelen los secretos más profundos del alma. A nivel de grandes tragedias es complejo, por eso es importante que los profesionales que se dediquen al duelo y la muerte se eduquen.

¿Cómo la comunidad médica y los profesionales de la salud abordan esta profesión? ¿Son facilitadores o todavía falta educación?

—Nuestros sistemas de salud deben formalizar un requerimiento para que puedan ejercer con respeto la tanatología. Es una responsabilidad colectiva. No solo es ser acompañantes de pacientes moribundos, también se pueden dedicar a la investigación y a la educación.

¿Ha habido algún caso tan difícil que le ha hecho cuestionar la misma muerte?

—No, mi actitud siempre ha sido de apertura. No quiero decir que no hubo dolor, ni desesperanza, más con situaciones personales, no profesionales. Somos humanos. Es estar atentos a distintas revelaciones a tu alrededor, como el apoyo de un ser querido, la respuesta de compañeros de trabajo. Soy consciente que soy humana y voy a tener mis procesos, como los demás, con más conocimientos, pero los sentimientos son los mismos. La muerte puede conducir a una crisis existencial, pero también se aprende a mejorar, y la madurez emocional te ayuda a manejar esa crisis, porque no es evitable.

¿Por qué estudió tanatología? ¿Fue una decisión ya predeterminada o motivada en alguna experiencia personal?

—Lo principal fue el sufrimiento observado en los pasillos, la soledad de los pacientes, que en su cama experimentan una serie de experiencias parasensoriales cuando se acerca la muerte. Era ver cómo ese mundo de la trascendencia se revelaba ante ese paciente y él no tenía quién lo escuchara. Yo era terapista física y me decían: “Nena, ven acá, me están diciendo esto, estoy viendo esto, estoy escuchando una música”. En una ocasión, un paciente muy querido me dijo: “En tres díasregreso a casa. Mi casa es pequeña, pero hermosa, rodeada de un jardín con flores hermosas y grandes”. Al tercer día, el pacientemuere. Él estaba usando un lenguaje simbólico. A ese paciente nunca lo voy a olvidar. Otros son los que solicitan perdón y hacen un repaso de su vida. Todos los profesionales de la salud deben estar atentos a esto. Necesitamos ser acompañantes no solo físicos, sino espirituales. Me maravillo de los nuevos descubrimientos sobre las experiencias de los seres humanos. En mi caso, una vez me comprometí (al campo de la tanatología) se comenzaron a correr velos de experiencias únicas de una sabiduría muy especial, de milagros, de logros. Ya la tanatología es una ciencia profesional. Desde el 1999, comencé en Puerto Rico a presentar mi compromiso con la tanatología. En el 2004, tomo el examen y comienzo mi aspecto clínico de una manera estructurada. En mi caso, es un compromiso de por vida, pero me tengo que seguir educando. Cada tres años tengo que recertificarme.

¿Cree en la muerte digna? ¿Qué es exactamente y cómo aplica en Puerto Rico? ¿Cuál entiende que debe ser el acercamiento correcto?

—Me opongo al suicidio asistido y a la eutanasia. También está el que muere en un hospicio, en una unidad de cuidados paliativos, en su hogar, en el hospital con todas las medidas terapéuticas posibles. Es un concepto amplio y particular para cada paciente que hay que respetar. Debemos estudiar estos temas, pero no parcializarnos porque, independientemente de lo que cada país legisle, cada profesional tendrá que desarrollar una posición de cómo se va a conducir con estos tópicos.

¿Qué son los cuidados paliativos? ¿Con cuánta frecuencia se practica en Puerto Rico? ¿Qué falta?

—Los cuidados paliativos son ese componente del cuidado total del paciente, a nivel físico, mental, espiritual y emocional, especialmente en pacientes con condiciones serias, incluyendo terminales. Es el cuidado del médico, del enfermero, del trabajador social, del tanatólogo, del sicólogo, del farmacéutico. Es multidisciplinario, interdisciplinario y transdisciplinario. A nivel hospitalario, que sepa, son mínimos en Puerto Rico. Nosotros (en Centro Médico) estamos bajo una contemplación (de cuidados paliativos), a nivel primario. El Hospital de Veteranos fue el primero en aportar los cuidados paliativos a nuestro pueblo. Ese es mi sueño para Puerto Rico completo, no solo un programa de tanatología, sino que se explore la posibilidad de un programa de cuidados paliativos. Si lo hacen a nivel primario, van a tener avances. No a todos los profesionales de la salud les interesan los cuidados paliativos y la tanatología, pero debemos ser presencia sanadora incluso, de nuestros compañeros de trabajo, que también pueden sufrir de síndrome de quemazón y síndrome de fatiga de compasión.

¿Hace falta política pública en Puerto Rico para abordar estos temas de la muerte y el duelo?

—Por eso es que es importante que se legisle. No se le ha dado el espacio. Una vez se legisle la tanatología, se abre un mundo de posibilidades para trabajar otros dilemas de cuidado y calidad de vida de nuestra población. Pueden haber protocolos en cada institución. También, hay esfuerzos del sistema religioso de implementar acciones en sus comunidades. A nivel legislativo, ese es el futuro que nos espera. Es una necesidad de ocuparnos un poco más del cierre de vida y el impacto de distintos tipos de pérdida.

¿Cuántos tanatólogos hay en Puerto Rico? ¿Hacen falta más? ¿La tanatología se enseña en Puerto Rico?

—Hay diferentes foros, distintas vertientes de la tanatología, a nivel de cursos y certificaciones. El Proyecto del Senado 1355, del representante José Vargas Vidot, intenta reglamentar la práctica de la tanatología en Puerto Rico. Nuestra isla tiene más egresados con certificados en tanatología (200) que tanatólogos certificados, que hay seis. Independientemente del destino del Proyecto del Senado 1355, hay unos estándares internacionales y nos tenemos que regir por lo que Estados Unidos dicta. Un certificado es un documento que presenta las horas de estudio que realizaste en un tema particular. Con un certificado en tanatología, no debe designarse que es tanatólogo. Eso ha traído conflicto a nivel de representaciones que no son las correctas. A más preparación, más oportunidades de incursionar en otros aspectos y de manera más independiente. En el futuro, aquí pudieran haber maestrías y doctorados. Aquí en Puerto Rico, todavía estamos en unas fases iniciales, pero a nivel internacional lo hay.

A ley de comenzar un año eleccionario, ¿cómo le gustaría que los candidatos políticos abordaran este tema y política pública al respecto?

—Me encantaría que hubiera una normativa, que cada hospital y agencia de salud ofreciera unos servicios, que existiera un programa y los profesionales estuvieran debidamente cualificados en la tanatología para poder trabajar como se debe. Hay que ver si logramos tener una Junta o creamos un examen o se busca un acuerdo con las organizaciones de credenciales. Esto ya está estructurado, ya hay estándares de cómo conducirnos en este campo.

¿Cómo ve a Puerto Rico y qué receta le daría?

—Contemplo a Puerto Rico en un estado donde permea un duelo prolongado. Es un velo que, de momento se corre para dar atisbos de esperanza y, de momento, vuelve y nos cubre y volvemos a reconsiderar si estamos avanzando. La exhortación es a seguir amando nuestros valores, que nos dan sostén y resiliencia. También, a identificar recursos internos para sobrepasar todo tipo de adversidades.



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