José Esteban Sevilla Medina, quien murió de un disparo en el pecho en una barricada durante el ataque de la policía y fuerza armadas, es enterrado en Masaya. (AP) (horizontal-x3)
José Esteban Sevilla Medina, quien murió de un disparo en el pecho en una barricada durante el ataque de la policía y fuerza armadas, es enterrado en Masaya. (AP)

Managua  — Las familias de las últimas víctimas nicaragüenses comenzaban el lunes a enterrar a sus muertos después de un violento fin de semana en el que al menos diez personas fallecieron en varias ciudades y un obispo fue agredido durante diversos actos de represión policial y paramilitar contra quienes participaban en los bloqueos viales organizados por la oposición para presionar al gobierno de Daniel Ortega.

Gerald Vasquez, un universitario de 20 años, fue uno de los jóvenes que perdió la vida el sábado a manos de los grupos progubernamentales que atacaron la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua. Familiares y amigos acompañaron su féretro hasta un cementerio de Managua gritando “Eran estudiantes, no eran delincuentes”.

“Tenemos contabilizadas por lo menos a diez personas fallecidas por heridas de balas y lanzamos un S.O.S porque es necesario abrir un corredor humanitario para evacuar heridos, que son más de 20”, dijo a The Associated Press Álvaro Leiva, director de la Asociación Nicaragüense Pro Derechos Humanos. “Estamos hablando de cinco poblados atacados”, agregó.

El departamento de Estado de Estados Unidos, condenó el lunes la escalada violenta en el país centroamericano.

“Cada víctima adicional a esta campaña de violencia e intimidación mina más la legitimidad de Ortega”, dijo su portavoz, Heather Nauert. “Una elecciones prontas, justas y transparentes son el mejor camino para que Nicaragua regrese al camino de la democracia y el respeto a los derechos humanos”.

Las localidades afectadas por la violencia el domingo se encuentran en lo que se conoce como el corredor de los Pueblos Blancos, conformado por las ciudades de Diriá, Diriomo Niquinohomo, Catarina y Masaya, todas ubicadas al sur de Managua.

En Masaya, el barrio indígena de Monimbó tuvo ataques desde el amanecer. “Los ataques no han cesado y la ciudad está cerrada, nadie puede entrar ni salir”, dijo Leiva.

En el municipio de Nindirí, muy cerca de Masaya, el obispo Abelardo Mata fue agredido cuando se transportaba para asistir al sepelio del familiar de unos amigos, según relató al canal 100%Noticias, Roberto Petray, amigo cercano del religioso.

“Lo bajaron de la camioneta y le quebraron los vidrios, le pincharon las llantas”, dijo Petray.

Imágenes difundidas por el mismo canal mostraron a simpatizantes del gobernante Frente Sandinista atacando el vehículo de Mata, quien se tuvo que refugiar en una casa cercana al sitio del ataque.

“Los obispos apoyan el golpe de Estado que se le quiere dar al gobierno, están parcializados”, gritaba un manifestante mientras varios más golpeaban los vidrios de la camioneta del religioso.

“Acabo de hablar con Monseñor Abelardo Mata y después del incidente en Nindirí finalmente ya está fuera del peligro”, informóen su cuenta de Twitter el obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Managua, Silvio Báez.

Se trata del tercer ataque en una semana a miembros de la Iglesia Católica que son mediadores en el proceso de diálogo entre el gobierno y la sociedad civil pero han criticado al presidente por no parar los asesinatos.

“Son condenables jurídica y moralmente los ataques perpetrados por la Policía Nacional, por grupos paramilitares pro-gubernamentales y turbas azuzadas para agredir y sembrar terror al pueblo que se manifiesta cívicamente”, afirmó la Conferencia Episcopal en un comunicado del fin de semana.

El portal oficialista 19 Digital publicó fotografías de los tramos de carreteras que habían sido despejados por la acción gubernamental y afirmó que “la población puede circular con tranquilidad y seguridad para realizar sus actividades cotidianas” porque habían “liberado” los bloqueos.

Los opositores mantienen estos cortes de carreteras como medida de presión contra el gobierno que no ha atendido los llamamientos a la paz y a la celebración de elecciones anticipadas que solicita la sociedad civil.

Nicaragua vive su peor crisis en 40 años. Las tensiones se originaron en abril luego de que el gobierno de Ortega anunció recortes al seguro social. Los cambios se revirtieron poco después, pero los estudiantes salieron a las calles y ocuparon la principal universidad del país para pedir la renuncia del presidente. Las manifestaciones y la inestabilidad se extendieron por todo el país tras la violenta reacción policial.

Organismos de derechos humanos independientes cifran en 351 los muertos, la mayoría de ellos civiles. El gobierno, a través de una Comisión de la Verdad, asegura que los fallecidos son más de 200.


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