Indonesia finaliza la búsqueda de víctimas tras el sismo y el tsunami en Célebes (semisquare-x3)
El secretario general de Naciones Unidas, António Guterres (c), junto al el vicepresidente indonesio, Jusuf Kalla (c-i), durante su visita a una zona afectada por el terremoto y posterior tsunami en la ciudad de Palu, en Idonesia. (EFE)

Las autoridades de Indonesia han dado por terminada la búsqueda de víctimas por el terremoto y posterior tsunami que causaron al menos 2,075 muertos hace dos semanas en el norte de la isla de Célebes, visitada este viernes por el secretario general de Naciones Unidas, Antonio Guterres.

Más del 75% de las víctimas mortales se registraron en la ciudad de Palu, uno de los lugares supervisados por Guterres, quien estuvo acompañado por el vicepresidente indonesio, Jusuf Kalla, en la zona, donde se cree que puede haber hasta 5,000 desaparecidos bajo los escombros.

"Aquí en Palu vi de primera mano la destrucción causada por los recientes terremoto y tsunami. A todas las personas que he visto y con las que he hablado: vuestra fuerza y resistencia son extraordinarias", afirmó en un tuit el secretario general, quien se mostró "profundamente entristecido" al ver tanta gente sufriendo.

"La ONU está con vosotros para ayudar en las tareas de rescate y asistencia del gobierno", agregó Guterres, que esta semana asistió a la reunión del FMI y el Banco Mundial en la isla indonesia de Bali.

Naciones Unidas ha pedido $50 millones de ayuda urgente para los supervivientes de la catástrofe.

Las tareas de rescate llegan a su fin justo dos semanas después del sismo de magnitud 7.5, que desencadenó un tsunami que se adentró más de un cuarto de milla en algunos lugares.

El temblor también causó una licuefacción del terreno, fenómeno que ocurre cuando un suelo de tierra arenoso y con grandes bolsas de agua se quiebra y libera gran cantidad de barro, lo que genera un corrimiento de tierra en lugares que pueden ser llanos.

Así ocurrió en el barrio de Balaroa, en el oeste de Palu, y en la aldea de Petobo, unas 4 millas al sureste, donde los jefes locales estiman que hay unas 5,000 personas enterradas, aunque la cifra oficial de desaparecidos asciende a 680.

En cualquier caso, las posibilidades de encontrar a alguien vivo bajo los escombros o el barro son casi inexistentes y los cadáveres son cada vez más difíciles de desenterrar debido a su avanzado estado de descomposición.

Las autoridades decidieron suspender la búsqueda de supervivientes ayer, pero a última hora ampliaron las tareas 24 horas ante la insistencia de los familiares de los desaparecidos.

El Gobierno convertirá las áreas más devastadas en zonas verdes y parques para la memoria, incluidos Balaroa, Petobo y Jono Oge, donde muchos cadáveres siguen sin desenterrar.

Cerca de la mitad de los muertos rescatados fueron enterrados en fosas comunes para, según los equipos de rescate, prevenir la aparición de epidemias, mientras que los heridos ascienden a 2,549 y unas 82,000 personas se encuentran desplazadas.

La Cruz Roja no recomienda las fosas comunes, ya que recuerda que los cadáveres no causan epidemias en situaciones normales, y aconseja almacenar los cuerpos en contenedores refrigerados o provistos de hielo seco, o enterrarlos de forma temporal para que puedan identificarse más adelante.

Poco después de la catástrofe, el portavoz de la Agencia Nacional de Gestión de Desastres (BNPB), Sutopo Purwo Nugroho, reconoció que el sistema de alertas instalado tras el tsunami de 2004, que causó 226,000 muertos en una docena de países bañados por el océano Índico, no funcionó.

Los países enviaron en los siguientes días donaciones y ayuda humanitaria, aunque las autoridades indonesias impidieron la entrada a algunos equipos de rescatistas extranjeros, al carecer de los permisos oficiales.

El portavoz explicó que algunos cooperantes extranjeros entraban con visados de turista y sin poder demostrar su formación en asistencia humanitaria, de acuerdo al diario The Jakarta Post


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