

27 de abril de 2026 - 11:19 AM

LA HABANA - En una tarde reciente, un grupo de ancianos residentes se deslizó a través de las puertas de madera de la Iglesia del Espíritu Santo en La Habana Vieja y se reunió para una modesta comida de carne molida, arroz, frijoles rojos y galletas saladas cubiertas con mayonesa - todo terminado con una taza de fuerte café cubano.
“Que el Señor bendiga desde su altura la comida que nuestro vientre tomará con deleite”, corearon al unísono antes de comenzar su almuerzo, un ritual que tiene lugar tres veces por semana en el comedor adyacente a la iglesia.
Entre los casi 50 ancianos se encontraba Carmen Casado, una ingeniera química jubilada de 84 años que acude sin falta. Su pensión mensual de 2,000 pesos cubanos equivale a $4 al cambio informal que la gente utiliza a diario. Vive sola, no tiene hijos y no recibe remesas de familiares en el extranjero.
Dice que las comidas de la iglesia son un complemento necesario a las escasas raciones, como pan, arroz y judías, que puede obtener gratuitamente en las bodegas o tiendas estatales.
“Esto es un salvavidas para nosotros, los jubilados con pensiones pequeñas”, dijo Casado, hablando en tono rápido. “Sólo con lo que nos dan las bodegas no es suficiente”.
Los ancianos se encuentran entre los más afectados por la grave crisis económica de la isla, que se ha agravado drásticamente desde principios de año a raíz del embargo petrolero impuesto por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump.
La mayoría son antiguos empleados públicos -profesores, médicos, enfermeros, técnicos, conserjes, abogados- cuyas pensiones suelen ser inferiores a $10 al mes y que deben hacer frente a recortes en la cesta de la compra subvencionada durante décadas, así como a la soledad provocada por la creciente emigración de los jóvenes.
Eran jóvenes cuando Fidel Castro entró en La Habana y vivieron todos los grandes acontecimientos de la isla, desde la invasión de Bahía de Cochinos hasta que el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, estrechó la mano de Raúl Castro en 2016.
Ahora, su espíritu revolucionario se está poniendo a prueba en la última crisis, que les obliga a vender cigarrillos en las calles, hacer cola para conseguir una barra de pan y buscar comidas gratuitas ofrecidas por las iglesias y algunas instituciones estatales.
Después de comer, Casado recorrió a pie las cuatro manzanas que la separan de su casa para ocuparse de las tareas domésticas que aún realiza sin ayuda. Su casa está en el segundo y último piso de un edificio del siglo XIX que, como muchos de la capital, se está cayendo a pedazos.
Nacido en 1942, Casado era un adolescente cuando triunfó la revolución liderada por Castro. Su vida ha abarcado los momentos más decisivos de la isla, desde la Crisis de los Misiles de 1962 hasta el llamado Periodo Especial tras el colapso de la Unión Soviética. También vivió los años 70 y 80, cuando la economía de la isla estaba fuertemente subvencionada por los soviéticos y el sistema cubano parecía prometer un futuro mejor.
“Esta es nuestra vida; hemos nacido y crecido aquí”, dijo.
Incluso antes de que se agravara la crisis económica y antes de la oleada de emigración de los últimos cinco años, Cuba ya era uno de los países con la población más envejecida de América Latina, una tendencia que se ve reforzada por la elevada esperanza de vida y las bajas tasas de natalidad.
Según la Oficina Nacional de Estadística de Cuba, a finales de 2024 casi el 26% de la población tendrá 60 años o más. Esto es casi el doble de la media regional del 14.2% en el mismo año, según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, CEPAL.
En los últimos cinco años se ha producido en Cuba un descenso de la población de casi 1.5 millones de habitantes, debido principalmente a la emigración. El número de cubanos residentes en la isla, que era de 11.1 millones, se ha reducido a sólo 9.7 millones.
El impacto de la crisis y el éxodo de los jóvenes es visible a simple vista. Los ancianos caminan solos por las calles, algunos rebuscando en la basura, otros haciendo largas colas para conseguir el pan y el arroz que proporciona la cartilla de racionamiento, los alimentos básicos subvencionados que el Estado garantiza a todos los cubanos.
La situación de los ancianos es tan crítica que el gobierno ha autorizado recientemente a empresarios privados a gestionar servicios de atención a la tercera edad y residencias, una medida que supone un cambio significativo respecto al modelo tradicional de control estatal total.
Casado insiste en que sigue siendo una privilegiada. Es mentalmente aguda y no tiene ningún impedimento físico -ni siquiera usa bastón- y se las arregla sola. Su única medicación es media pastilla para la tensión, que, “de momento”, sigue estando disponible en las farmacias públicas.
A pesar de la pobreza y la soledad, sigue teniendo fe en el gobierno y culpa de los males del país a Estados Unidos.
“Estamos haciendo todo lo que podemos aquí para que el país avance”, dijo. “Pero el caso es que tenemos un enemigo muy poderoso, y está ahí mismo, justo en nuestra puerta”.
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Esta historia fue traducida del inglés al español con una herramienta de inteligencia artificial y fue revisada por un editor antes de su publicación.
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