14 de octubre de 2026 - 1:01 PM
En 1957, Jorge Mario Bergoglio, quien décadas después se convertiría en el papa Francisco, tenía 21 años y cursaba el segundo año de formación sacerdotal en el seminario diocesano de Buenos Aires.
En una entrevista concedida al diario argentino La Nación en febrero de 2021, Francisco recordó que, por esa época, una fuerte gripe afectó a varios seminaristas, entre ellos él.
“Lo cierto es que mi caso evolucionó de una manera más tórpida”, dice la entrevista, concedida al periodista Nelson Castro.
La gripa evolucionó a tal punto que, durante los exámenes, le encontraron a Francisco tres quistes en el lóbulo superior del pulmón derecho.
“Había también un derrame pleural bilateral que me producía dolor y dificultad respiratoria. Por lo tanto, luego de analizar minuciosamente mi caso, procedió a la realización de una punción pleural para extraer el líquido. Tras ello, comenzaron a tratarme y, para el mes de octubre, cuando ya estaba recuperado, me anunciaron que debían operarme para extirpar el lóbulo afectado porque existía la posibilidad de una recaída. Naturalmente, yo acepté la operación. Fue un momento difícil”, contó en ese entonces Francisco en la entrevista con La Nación.
El propio Francisco explicó que los quistes le provocaban dificultades para respirar, fiebre persistente y dolor. La cirugía fue exitosa y el pontífice pudo continuar con su vida sin limitaciones respiratorias, según su testimonio. Francisco murió el 21 de abril de 2025, a los 88 años, tras sufrir un ictus (accidente cerebrovascular) que derivó en un colapso cardiovascular irreversible, luego de un periodo de salud delicada que incluyó una neumonía.
El periodista especializado en el Vaticano, Néstor Pongutá Puerto recuerda, en diálogo con EL TIEMPO, el episodio que vivió Francisco y lo compara con la situación de León XIV, a quien recientemente le extirparon el lóbulo inferior del pulmón derecho tras confirmarse un adenocarcinoma pulmonar.
Y lo expone así: “La historia deja también coincidencias sorprendentes: en su juventud, al papa Francisco le extirparon parte del lóbulo superior del pulmón derecho y, décadas después, a su sucesor, León XIV, le han retirado el lóbulo inferior de ese mismo pulmón. Dos pontífices, dos generaciones y una singular coincidencia que pone de manifiesto la fragilidad de la condición humana, incluso en quienes llevan sobre sus hombros la responsabilidad de guiar a la Iglesia”.
El papa León XIV fue sometido a una cirugía en la que le extirparon el lóbulo inferior del pulmón derecho, después de que los médicos confirmaran la presencia de un adenocarcinoma pulmonar, un tipo de cáncer. Aunque el Vaticano informó que la intervención fue exitosa y que no hubo complicaciones, todavía es necesario conocer los resultados de los análisis posteriores para establecer si el tumor fue eliminado por completo y si se requiere algún tratamiento adicional.
Rafael Beltrán, cirujano de tórax del Instituto Nacional de Cancerología y vocero de la Liga Colombiana Contra el Cáncer, explicó que, por las características conocidas del caso, el pontífice podría haber tenido un cáncer de pulmón en una etapa temprana, lo que permitiría considerar la cirugía como un tratamiento con intención curativa. Sin embargo, advirtió que la confirmación depende de los resultados definitivos de patología, en particular del análisis de los ganglios linfáticos que fueron extraídos durante el procedimiento.
“En los próximos días, yo me atrevería a decir que quizás menos de una semana, tengamos los resultados finales del estudio anatomopatológico”, señaló Beltrán en entrevista con EL TIEMPO.
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