

27 de octubre de 2026 - 4:23 PM

Las elecciones en Israel no arrojan un ganador claro, según indican los sondeos a pie de urna, lo que probablemente dará lugar a semanas de intensas negociaciones para formar gobierno.
Los israelíes acudieron a las urnas este martes en unos comicios decisivos, mientras el país se enfrenta a guerras inconclusas, un dolor persistente y la indignación por el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023, además de profundas divisiones en torno a su líder más longevo, el primer ministro Benjamin Netanyahu.
Netanyahu, quien votó poco después del mediodía, se enfrenta a una serie de partidos que buscan apartarlo del poder. Los sondeos de opinión apuntaban a una contienda muy reñida con su principal rival, el exjefe militar Gadi Eisenkot.
Más del 74% de los electores habilitados habían votado para las 8:00 p.m.; se trata de la mayor participación registrada a esa hora en décadas, superando en 8 puntos porcentuales la cifra de las últimas elecciones, celebradas en 2022, según la Comisión Central Electoral. Los sondeos a pie de urna, conocidos al final de la jornada, ofrecerán una indicación de cómo votaron los israelíes, mientras que los resultados oficiales se contabilizarán en los próximos días.
La contienda se percibe, en gran medida, como un referéndum sobre los casi 17 años —mayormente ininterrumpidos— de mandato de Netanyahu, un periodo que ya había dejado a la sociedad israelí profundamente dividida en diversas cuestiones, incluso antes del ataque más mortífero de su historia. Los conflictos resultantes en Gaza, el Líbano e Irán, sumados a la violencia de los colonos en la Cisjordania ocupada, han provocado indignación a nivel mundial, tensando las relaciones con los aliados más cercanos de Israel y alimentando un aumento del antisemitismo.
Para los israelíes, estas elecciones se consideran una lucha por la naturaleza misma del Estado, que enfrenta a Netanyahu y a sus aliados ultranacionalistas y religiosos contra aquellos que buscan preservar los fundamentos liberales y seculares del país.
Más de 7 millones de personas están habilitadas para votar, y se ha informado que decenas de miles han llegado desde el extranjero para participar.
En el fragmentado panorama parlamentario de Israel, ningún partido ha logrado jamás obtener una mayoría absoluta por sí solo. Existe la posibilidad de que ni la coalición de Netanyahu ni el bloque de partidos que busca desplazarlo cuenten con el apoyo suficiente para alcanzar una mayoría. Esto podría desencadenar semanas de negociaciones antes de que se confirme quién liderará el gobierno.
“Es un momento muy emotivo y trascendental”, declaró Netanyahu. Tras votar, declaró a los periodistas que, a su juicio, los partidos árabes —que podrían inclinar la balanza electoral— “están recibiendo un apoyo masivo, verdaderamente masivo. Están acudiendo a las urnas en cifras sin precedentes”.
En elecciones anteriores, Netanyahu ya había advertido sobre una alta participación de la población árabe con el fin de movilizar a sus propios votantes de derecha. Aunque no presentó pruebas que respaldaran su afirmación más reciente, los datos de la Comisión Central Electoral indican que la participación aumentó considerablemente tanto en las comunidades árabes como en los bastiones liberales.
Como otra señal de inquietud, el partido derechista Likud, liderado por Netanyahu, solicitó ampliar el horario de votación más allá de las 10:00 p.m. horas; sin embargo, la comisión electoral rechazó la petición al considerar que no estaba justificada. Eisenkot se opuso a dicha ampliación e instó a los votantes a hacer caso omiso de las “tácticas de miedo” empleadas por Netanyahu.
Los partidos liderados por árabes en Israel podrían convertirse en la pieza clave para la formación de gobierno, siempre y cuando otras formaciones políticas acepten unir fuerzas con ellos. La población árabe en Israel representa aproximadamente el 20%.
Según Ofer Kenig, investigador del Instituto para la Democracia de Israel —un centro de estudios con sede en Jerusalén—, una mayor participación en zonas donde predomina el apoyo a la oposición podría suponer un problema para Netanyahu.
En Kiryat Shmona, un bastión de Netanyahu cercano a la frontera con el Líbano, un hombre pateó y arrancó un cartel de Eisenkot.
Estos comicios constituyen la primera votación nacional en Israel desde el ataque del 7 de octubre, que desencadenó la guerra en Gaza y otros conflictos derivados. En Tel Aviv, familiares de algunas de las personas fallecidas el 7 de octubre, así como antiguos rehenes, guardaron un minuto de silencio.
Alrededor de 330,000 jóvenes israelíes —muchos de ellos ante la perspectiva del servicio militar obligatorio bajo la sombra de la guerra— están habilitados para votar por primera vez.
Se registraron denuncias aisladas de irregularidades y problemas en los centros de votación; sin embargo, Dean Livne, director general interino de la La comisión electoral señaló que, hasta el momento, el número de quejas ha sido mucho menor que en elecciones anteriores.
Israel se encuentra cada vez más aislado debido a su actuación en Gaza y Cisjordania. El apoyo público entre los estadounidenses se ha desplomado, y varios socios en Europa y otras regiones han impuesto sanciones a Israel. Netanyahu se enfrenta a una orden de detención internacional por presuntos crímenes de lesa humanidad en Gaza, acusaciones que él niega.
Asimismo, las tensiones persistentes con Irán planean sobre el proceso electoral. Antes de la votación, Netanyahu intensificó sus amenazas, advirtiendo a Teherán que se expondría a “un golpe devastador” si atacaba a Israel.
Sus partidarios ven en Netanyahu a un líder firme y a un estadista consumado que ha guiado a Israel a través de una “guerra de redención” tras el momento más oscuro del país. Consideran que protege la seguridad y la identidad judía de Israel frente a la presión internacional y a las élites liberales internas.
Por el contrario, sus detractores lo perciben como un líder que fomenta la polarización y que, acosado por un proceso judicial por corrupción, ha prolongado la guerra en Gaza y la crisis de los rehenes por motivos políticos. Sostienen que está socavando la independencia del poder judicial y debilitando los pilares democráticos de Israel. Además, lo acusan de favorecer un sistema que ha permitido a los judíos ultraortodoxos eludir el servicio militar obligatorio.
Sus seguidores consideran a Eisenkot un líder capaz, con una trayectoria impecable en materia de seguridad, quien —junto a sus posibles socios de gobierno— podría actuar como un baluarte frente al avance del iliberalismo. Dado que el conflicto le ha afectado personalmente —su hijo y dos de sus sobrinos murieron en Gaza—, sus partidarios creen que él siente profundamente el dolor que aún recorre Israel.
Los partidos que probablemente apoyarían a Eisenkot se han comprometido a mejorar la posición internacional de Israel, a trabajar para que los hombres ultraortodoxos cumplan el servicio militar y a reforzar la independencia del poder judicial.
Las elecciones giran en torno a “quién sirve y quién elude el servicio; quién participa activamente en la construcción de este país y quién no”, señaló Nisso Shitrit, un votante en Jaffa.
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