


La misión Artemis II de la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA) dirigió nuestra mirada al espacio despertando un entusiasmo que no sentíamos hace años. Este tipo de acontecimiento debía servir para despertar nuestra curiosidad intelectual, particularmente entre los más jóvenes. Sin embargo, todos hemos escuchado alguna vez a alguien decirle a un niño o una niña que dice que quiere ser astronauta que más le vale que sea muy bueno en matemáticas si es que pretende perseguir ese sueño. A esa edad, el interés del menor está centrado en su curiosidad por la exploración y realmente no comprende qué relación tiene una cosa con la otra. Pero desafortunadamente, desde cada vez más temprano el sistema educativo obliga a los estudiantes a escoger un camino: las ciencias o las letras. Después, los exámenes estandarizados refuerzan estas concepciones y en muchas ocasiones cierran para siempre las puertas de una carrera científica a personas que contaban con la pasión y el entusiasmo necesario para emprenderlas exitosamente.

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