


La cúrcuma lleva siglos formando parte de la cocina tradicional asiática y de la medicina tradicional china. Es la especia responsable del característico tono amarillo del curry, y su compuesto principal biológico, la curcumina, ha generado interés científico por sus posibles efectos antiinflamatorios, aunque no se absorbe bien en el intestino. Sin embargo, parece que no es necesario que la cúrcuma se absorba porque actúa como un modulador ecológico de la flora intestinal, favoreciendo Lactobacillus y Bifidobacterium, mientras reduce las bacterias proinflamatorias. Además, ocurre otro fenómeno interesante: la flora intestinal transforma la curcumina en otras moléculas más activas, creando un circuito bidireccional que mejora el ecosistema intestinal.

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