


Durante décadas, la cruzada contra las enfermedades cardiovasculares ha tenido un enemigo público número uno: el llamado colesterol LDL, popularmente conocido como “colesterol malo”. Se nos ha enseñado a vigilar obsesivamente esa cifra y adaptar nuestra dieta para mantenerlo bajo. Sin embargo, la medicina evoluciona y en los últimos años hemos experimentado un cambio de paradigma importante. El foco ya no está en la cantidad total del colesterol malo, sino en la molécula que lo transporta. El examen de sangre que con mayor precisión identifica el riesgo de que una arteria se bloquee es la apolipoproteína B (ApoB).

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