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La dinastía Alomar sigue viva en el Clásico Mundial de Béisbol

Generaciones de una de las familias más emblemáticas del béisbol boricua han representado con orgullo a Puerto Rico en escenarios internacionales, escribe el historiador Jossie Alvarado

5 de marzo de 2026 - 1:00 PM

Las opiniones expresadas en este artículo son únicamente del autor y no reflejan las opiniones y creencias de El Nuevo Día o sus afiliados.
Sandy Alomar Jr. fungirá como coach de primera base de Puerto Rico en el Clásico Mundial de Béisbol. (Ross D. Franklin)

La familia Alomar ha escrito capítulos memorables en la historia del béisbol puertorriqueño, representando a Puerto Rico con honor en distintos escenarios internacionales a través de varias generaciones.

Antonio “Tony” Alomar abrió el camino en 1952 al convertirse en el primer Alomar Conde en integrar la Selección Nacional, participando en la XIII Serie Mundial Amateur celebrada en Cuba.

Años más tarde, en 1980, la tradición continuó con Luis “Gui” Alomar, hijo de Rafael Alomar Conde, quien vistió los colores patrios en un torneo preparatorio en Venezuela.

En 1984, durante la XXVIII Serie Mundial Amateur, Santos Alomar Conde asumió el rol de coach del equipo nacional.

Su compromiso con el béisbol boricua lo llevó nuevamente al escenario internacional en 2003, esta vez como dirigente de la Selección Nacional en el Preolímpico de Panamá.

El legado familiar también incluye a Roberto Alomar, exaltado al Salón de la Fama del Béisbol en Cooperstown, quien aportó su experiencia como coach durante los Juegos Panamericanos de Toronto 2015.

Más recientemente, Santos Alomar Jr. se convertirá en el quinto miembro de la familia en representar a Puerto Rico con la Selección Nacional, desempeñándose como coach de primera base en el Clásico Mundial de Béisbol 2026.

El debut de Sandy Jr. está programado para este viernes en el Hiram Bithorn, donde su tío Rafael Alomar Conde el 22 de octubre de 1962 pegó el primer “hit” en la historia de este místico estadio.

Así, generación tras generación, los Alomar han dejado una huella profunda en el béisbol puertorriqueño.

Su historia es sinónimo de entrega, pasión y orgullo nacional; una herencia deportiva que se vive, se celebra y se documenta como parte esencial de nuestra identidad beisbolera.

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