


El 28 de abril de 1965, coincidiendo esta fecha con el duelo por la muerte y el entierro del líder nacionalista Pedro Albizu Campos, Estados Unidos, bajo las órdenes de Lyndon B. Johnson, invadió Santo Domingo. El propósito era sofocar lo que U.S.A. entendía era una insurrección comunista que violaba su seguridad nacional. Eran los años de la Guerra Fría; se había intentado quebrar la hegemonía estadounidense en las Américas, su “esfera de influencia”, como se prefiere decir hoy en día. La excusa era la amenaza comunista; aquella revuelta en realidad sólo pretendía restituirle el poder a Juan Bosch, presidente electo de Santo Domingo, depuesto mediante un golpe de estado.

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