Sonia Ivette Vélez Colón

Punto de vista

Por Sonia Ivette Vélez Colón
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Código Civil: tiempo de estudio y de mejorar lo recibido

La necesidad de un nuevo Código Civil era ineludible. Responde a la realidad de la sociedad de este tiempo, que dista de la de finales del siglo 19 cuando recibimos el vigente hasta ahora y de las primeras décadas del siglo pasado cuando recibió su revisión como un todo. Es imperativo esbozar normas pertinentes a esta época, incorporar otras que están en otros estatutos y que son propias del Código y eliminar tantas que nada tienen que ver ya con nosotros.

Hay que redactar artículos con el lenguaje adecuado para que, de paso, logren mantenerse vigentes y trascender generaciones. Por destacar algunas, hay que saber hablar sobre la vida, cuándo y cómo comienza, reconociendo las nuevas formas en que se gesta, y por quién se gesta, provocada en muchos casos por adelantos científicos de los tiempos. Hay que atender la manera en que se relacionan las personas en pareja, las consecuencias de esas relaciones y cómo, organizada y civilizadamente pueden terminar las mismas. Es ineludible hablar de luz solar o eólica; de la manera en que la experiencia nos dice ya, cómo se adquiere la titularidad de la propiedad o cómo se es responsable cuando se cause un daño, ello más allá de lo que regulaban dos artículos contenidos en el hasta entonces vigente Código. Y hay que hacer justicia a aquellos que queremos reconocer y proteger como nuestros verdaderos herederos.

En lo personal me consta y reconozco el extraordinario esfuerzo, la activa y desinteresada participación de profesionales de excelencia en este trabajo. Entonces, ¿por qué si hay tanto que atender y tanto que se atiende, hemos visto reparos a la aprobación de este estatuto que incorpora tantos elementos importantes?

Porque todo bajo el sol tiene su tiempo, porque el fruto se recoge maduro y no en medio de la contagiosa pandemia. Porque se advierte la necesidad de integrar y atemperar otros estatutos y otras actividades a la nueva realidad jurídica que traerá el Código. Su lectura debió procurar las menos interrogantes e interpretaciones posibles. Carece de la profunda discusión legislativa que ameritaba al incorporarse tantas nuevas corrientes y enmiendas de último momento. No sabemos si contaremos con comentaristas que al momento de la temprana interpretación arrojen luz sobre la intención e interpretación de los artículos, lo que hará más difícil la resolución de conflictos. Debió traer esperanza a grupos que históricamente se han sentido en desventaja. Se debió redactar un cuerpo inclusivo, que atendiera todas las preocupaciones de siempre de grupos vulnerables y desventajados. No se debió recibir con suspicacia y con tantos señalamientos de ambigüedad. Tenía que ambicionar la máxima coherencia, la claridad y la accesibilidad de los textos a toda la comunidad. Había que velar por el tiempo para diseñar un proceso de transición y estudio adecuado, porque no es poco ni de poca monta lo que se cambia. Se debió buscar el espacio para lograr el mayor de los concesos porque estamos conscientes de que la unanimidad aquí no se va a alcanzar. Porque como colectivo debimos sentirnos regocijados, en celebración y altamente satisfechos con el resultado de tanto esfuerzo y trabajo.

El nuevo Código ya está con nosotros, su inevitable llegada, en un sistema de derecho adversativo, tenía que venir con visiones encontradas. Es hora de prepararse para aprender y aplicar un nuevo derecho civil lo que nos obliga a estar más conscientes, más alertas, más proactivos.

Por mi formación y experiencias previas en ocasión de que se pusieran en vigor, reglas procesales, de evidencia, así como otros códigos, siempre se requiere de esfuerzos individuales y del colectivo. Será necesario el compromiso, la dedicación al aprendizaje y la vocación de estudio de adultos. Imagino la ardua y encomiable tarea de la Academia Judicial Puertorriqueña, a la altura de lo que ha sido siempre su tradición, en apresto para a tiempo tener una judicatura capacitada y versada. Recuerdo la selección de jueces con destrezas pedagógicas, prepararse esmeradamente para ser educadores de otros jueces, de sus pares, y de otros miembros del componente gubernamental. Es requisito redactar currículos educativos, manuales, presentaciones, resúmenes, convocar a operadores del derecho, oficiales jurídicos, abogados, trabajadores sociales de la Rama Judicial y de otros entes públicos y privados. La Oficina de Inspección de Notaría requerirá de nuevas cartas normativas que impactarán el delicado y cuidadoso ejercicio de la notaría. Deberán considerarse esfuerzos educativos interagenciales para iniciar su aplicación con coherencia y compás. El Colegio de Abogados y Abogadas, las Escuelas de Derecho y todo el componente de educación jurídica continua tendrán en este tiempo, aun en pandemia, una responsabilidad educativa extraordinaria. Las nuevas tecnologías serán aliadas en el proceso de enseñar.

La comunidad jurídica completa, abogados y abogadas, profesores, fiscales, procuradores, notarios, que están ahora atentos y activos, tenemos la ineludible obligación en este tiempo de estudio que se avecina, de advertir, relacionar, identificar y comunicar incorrecciones e incoherencias. Igual señalar y celebrar las incorporaciones que hacen del documento el que logremos tener un mejor derecho. Es momento de ser activistas en el proceso de la mejora continua de lo que hemos recibido.

Finalmente, cada ciudadano debe ser convocado y considerado en este esfuerzo de enseñanza. Después de todo, lo que buscamos en un derecho para todos y todas que se convierta en mecanismo de inclusión y acceso para tener una mejor justicia.




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