


Durante décadas, el cannabis ha ocupado un lugar singular en la medicina y en la cultura popular. Ha sido asociado con el alivio del dolor, la ansiedad y la pérdida de apetito, y, de forma muy particular, con el control de las náuseas y los vómitos. Sin embargo, en los últimos años ha emergido una paradoja clínica inquietante: en algunos consumidores crónicos, el cannabis provoca exactamente los síntomas que se supone debe aliviar. Este fenómeno se conoce como síndrome de hiperémesis cannabinoide (SHC), y su reconocimiento ha aumentado a la par del uso más frecuente y potente de esta sustancia.

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