


Hablemos de Bad Bunny y sus detractores. Una parte sustancial de las críticas dirigidas al artista no parecen descansar en un análisis riguroso del contenido discursivo de su obra, sino más bien en un rechazo de naturaleza fonológica e ideológica. No se objeta tanto lo que se dice sino más bien cómo suena quien lo dice. En términos sociolingüísticos, este fenómeno responde menos a una evaluación estética que a una operación de jerarquización simbólica: la voz del hablante —marcada por el dialecto puertorriqueño— activa en ciertos oyentes una cadena de prejuicios históricamente asociados a las variedades no estandarizadas del español caribeño.

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