


Durante la Semana Santa recién finalizada, recordaba como durante gran parte de mi vida adulta, a pesar de los problemas que siempre surgían, existía la sensación de que el mundo iba en progreso continúo y que los conflictos e injusticias que le afectaban serían superados. Al repasar el saldo de lo acontecido durante el primer cuarto del siglo XXI, encontramos que ese progreso amplio y generalizado que esperabamos en la sociedad no ha resultado lo auspicioso que quizás pensamos o al menos deseamos. Los adelantos en la ciencia y la tecnología no han sido igualados con un mejoramiento en el manejo de las pasiones, envidias, frustraciones y complejos que afectan a la humanidad desde sus orígenes.

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