


La muerte del eminente musicólogo cubano Cristóbal Díaz Ayala, radicado en Puerto Rico, es señal del paso de una generación que tuvo un gran impacto sobre la sociedad puertorriqueña. Muchos cubanos como él, que llegaron en los años sesenta, contribuyeron poderosamente a enriquecer diversos sectores culturales de la Isla. Habría que recordar a juristas como Alberto Blanco, periodistas extraordinarios como Carlos Castañeda y José Luis Díaz de Villegas, profesores como Himilce Esteve de Campos, artistas como Zilia Sánchez y Rolando López Dirube y estudiosos del cine como mi propio y querido marido, Luis Trelles Plazaola. Ellos -y muchos más- ensancharon el campo cultural puertorriqueño con prácticas y conocimientos traídos de una Cuba que fue la isla caribeña más desarrollada en las artes y en las letras durante los años cuarenta y cincuenta.

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