Sigilosas y sin prisa bajan por plena calle, en apretado bonche, un grupo de conocidas, amigas, hermanas y parejas relacionadas con Elvia Cabrera Rivera y su hija Anthonieska Avilés Cabrera cerca de la medianoche del 10 de agosto de 2025. En la escasa evidencia audiovisual que se presentó en corte durante el juicio en el que Cabrera resultó culpable de asesinato en primer grado —por entregarle a su hija el arma con la que fue asesinada la adolescente Gabriela Nicole Pratts Rosario—, nada, excepto nuestro conocimiento previo del desenlace, sugiere la insurgencia de un “motín”, ni mucho menos la comisión del crimen que ocurriría unos minutos después en el Desvío Roberto Colón de Aibonito.

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