


El 16 de junio de 2015, Donald J. Trump bajó las escaleras de su torre neoyorquina para anunciar que aspiraba a la nominación presidencial en las primarias republicanas. Ahí comenzó la locura. La humillación viciosa a los inmigrantes hispanos diciendo que: “Cuando México envía a su gente, no está enviando a los mejores... traen drogas, delincuencia, son violadores y algunos, supongo, son buenas personas”. Luego, irracionalmente, jactándose de que él podía, “matar a cualquiera en la 5ta Avenida y no me costaría un solo voto”.

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