


Cuando era juez en el Centro Judicial de Carolina tuve varios casos “mediáticos” (la masacre de Halloween, la masacre de Trujillo Alto, el robo del bebé de Plaza Carolina, etc.). Así que sé cuán difícil es reunir las condiciones apropiadas para celebrarle al acusado de un caso mediático un juicio justo e imparcial. Por eso tuve que “secuestrar” jurados, imponer órdenes de mordaza y velar continuamente por que se observaran mis instrucciones en cuanto a la exposición de los miembros del jurado a lo que ocurría a su alrededor. No hay medidas infalibles, absolutamente garantes del derecho a que el juicio ante un jurado no esté de algún modo “contaminado” con lo que se dice o se ve fuera del salón de sesiones o el de deliberaciones. No hay manera de garantizar una total asepsia de esos lugares en que trabaja el jurado respecto a la información externa sobre los hechos del caso que está juzgando. Pero hay que tratar.

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