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Es obligatorio controlar la violencia cuando viajas

Raisa Rivas Español explica las repercusiones de la violencia en los aviones, cruceros y parque temáticos

30 de agosto de 2025 - 10:45 PM

Las opiniones expresadas en este artículo son únicamente del autor y no reflejan las opiniones y creencias de El Nuevo Día o sus afiliados.
Magic Kingdom. (Suministrada)

Ninguno hemos quedado sin reaccionar a las muestras de violencia que hemos visto recientemente en nuestra sociedad. Desde profesionales de salud mental hasta políticos han reaccionado escandalizados, pidiendo cordura, ofreciendo consejos y buscando soluciones para evitar que sigan ocurriendo.

“El mundo entero está convulso”, decía mi amiga Ivonne y es verdad que la violencia está arropando a la mayoría de las personas. Esto incluye también a los viajeros, que cada vez más son noticia, por sus rabietas, escándalos y peleas, hasta en el “Lugar Más Feliz de la Tierra”, es decir, Walt Disney World.

Tengo décadas visitando esos parques, en muchas ocasiones invitada como prensa, y en muchísimas otras, como poseedora de pase anual. Estoy muy acostumbrada a estar en la muchedumbre, y aunque en ocasiones el gentío es agobiante, me manejo muy bien en esas circunstancias, incluyendo en las fechas donde están más llenos, como el 4 de julio o Navidad.

Pero después de la pandemia, el cambio es notorio en el público. Es como si no les importara pagar ese dineral que cuestan las entradas de los parques, para perderlo, como la paciencia, en un minuto. Por suerte, en todos los parques de Orlando, incluyendo los de Disney, hay cero tolerancia para el desorden. Recientemente, fui a ver el nuevo desfile, Disney Starlight: Dream the Night Away, en Magic Kingdom y llegué con tres horas de anticipación, encontrando ocupados ya muchos de los espacios de mejor visibilidad. De inmediato, me ubiqué en el mejor lugar que encontré y esperé pacientemente el desfile.

Justo antes de empezar, varios padres, sin miramiento, empezaron a pasar a sus niños pequeños por debajo de las sogas que dividen, para luego “disimuladamente” irse acercando ellos, bloqueando la vista de los que habíamos esperado por horas. Una costumbre cada vez más frecuente, y que aunque los empleados se esfuerzan en llamarles la atención, siempre hay varios “listos” que logran quedarse.

A veces hay quienes se hacen de “la vista larga”, para evitar problemas, pero otros reaccionan molestos. En julio, una turista colombiana, fue acusada de agarrar fuertemente a una joven de 17 años, a quien quería remover para ver mejor el desfile. La turista no puede regresar a ninguna propiedad de Disney, según reportaron medios como Wesh.

En los aeropuertos, ni se diga. Los viajeros molestos (muchas veces con sobradas razones), se quieren desquitar con el personal de las aerolíneas, por cambios, cancelaciones o políticas que los afectan. Pero tienen que buscar otra manera que no sea gritando, insultando o tirándole objetos a los empleados. Esto aplica igualmente cuando se está dentro del avión. ¡No discuta! Busque sus alternativas para quejarse, y hacer valer sus derechos. Si muestra agresividad, puede perder el vuelo, ser sacado del avión o ser arrestado, sin poder volver a usar esa aerolínea.

¿Y en los barcos? También hay expresiones agresivas, en muchos casos asociados con el alto consumo de alcohol. Dos incidentes recientes en barcos de Carnival, han dejado unos 30 pasajeros en la lista de “no viajar”. Uno de ellos fue en el puerto de Galveston, Texas, al desembarcar, según reportó el diario US Today, y otro, hace unos días, con pasajeros protestando a las 2:00 a.m. aparentemente por la calidad de unos nuggets, según` el New York Post.

En vacaciones, se hacen cosas fuera de la rutina, y está perfecto, para eso son las tan necesarias escapadas. Si eso es lo que defines como “portarte mal en las vacaciones”, no hay problema.

Pero si vas pensando “tengo derecho de portarme mal pa’ pasarla bien”, ten cuidado. La frase solo aplica a la canción “Soltera”, de Shakira. Porque dependiendo de la severidad, podrías no solo dañar el viaje, sino hacer que no puedas ni empezarlo, o peor aún, que tenga repercusiones legales y termines en prisión.

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