Leo Aldridge
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Fiona y los dos Puerto Rico

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Durante los próximos meses van a poder verse, de forma más marcada que nunca, dos Puerto Rico paralelos y totalmente distintos. En un Puerto Rico – principalmente el del área metro – se regresará en pocos días a la normalidad y el paso del huracán Fiona habrá sido, salvo puntuales excepciones, una mera inconveniencia. Muchos puertorriqueños del área metro continuarán con sus rutinas de trabajo y estudio, saldrán a restaurantes, a conciertos, a la playa y a la Placita, y con el pasar de los días estarán emocionalmente más alejados del desastre en el otro Puerto Rico.

Evelyn Cardín perdió el techo de su residencia en el Barrio Pasto de Aibonito, a causa del huracán Fiona.
Evelyn Cardín perdió el techo de su residencia en el Barrio Pasto de Aibonito, a causa del huracán Fiona. (Carlos Rivera Giusti)

En el otro Puerto Rico – principalmente el sur y suroeste – se vivirá otra realidad completamente diferente. Las rutinas de trabajo quedarán suspendidas o interrumpidas por no se sabe cuánto tiempo. Las escuelas, cerradas primero por el huracán María, luego por los terremotos en el sur, luego por el COVID-19, ahora clausurarán, al menos temporeramente, en lo que se abre camino y se rehabilitan estructuras. Más importante aún, habrá que esperar a que regrese la luz, cosa que, si nos dejamos llevar por la historia reciente, podría tomar largas semanas o hasta meses.

La diferencia entre los dos Puerto Rico siempre ha existido para el que quisiera verla, pero ahora será inevitable para cualquiera con dos dedos de frente. Y no solo es una diferencia de clase social o económica, es también geográfica: el área metro versus el “resto de la isla”.

No tiene por qué ser así. Puerto Rico, por diseño, está excesivamente centralizado desde los tiempos de Muñoz Marín, quien así lo prefería por consideraciones políticas. Sin embargo, en decenas de municipios, los alcaldes y sus equipos representan el único rostro del gobierno que conocen decenas de miles de ciudadanos. Son, en palabras más sencillas, los que resuelven el día a día de los ciudadanos.

A pesar de esa realidad, y a pesar de que los funcionarios municipales muchas veces son los primeros respondedores en emergencias como la que acabamos de atravesar, la política pública no va dirigida hacia la descentralización y el municipalismo, sino todo lo contrario. La Junta de Supervisión Fiscal, quizás por no entender los municipios, le ha declarado la guerra al Fondo de Equiparación, que le suplía a los ayuntamientos dinero a cambio de que no cobraran ciertos impuestos.

El centralismo es tal que La Fortaleza actualmente se queda con casi todas las contribuciones que pagamos: por ingresos individuales, por ingresos corporativos, IVU estatal, las cruditas al combustible, impuestos a las gomas y a los vehículos de motor, a los celulares, el marbete, el arbitrio al alcohol y los juegos de azar. Los municipios, en cambio, solo recaudan las contribuciones sobre la propiedad, el IVU municipal de 1%, patentes y arbitrios de construcción. Pero las recaudaciones municipales están sujetas a exoneraciones del gobierno central a través de decretos que, por supuesto, no se consultan con los alcaldes.

Según la Liga de Ciudades, el 84% de todos los recaudos contributivos va a las arcas del gobierno central y el restante 16% a los municipios. Pero aquí la parte más importante de los datos de la Liga: el gobierno central gasta el 70% del dinero que recauda en la zona metropolitana, donde vive apenas el 26% de la población de Puerto Rico. El restante 30% del dinero del gobierno central va para “el resto de la isla”, donde habitan tres cuartas partes de los puertorriqueños.

La visión gubernamental es, indudablemente, metro-centrista.

Por supuesto que el huracán fue devastador para la región sur y suroeste, pero las consecuencias – y la dificultad de la recuperación – están intrínsecamente relacionadas con las decisiones de política pública que, por años, han relegado “al resto de la isla” para priorizar el desarrollo del área metro.

En una isla relativamente pequeña como la nuestra, los dos Puerto Rico geográficos no deben tener tan marcadas diferencias. Y, si queremos ser verdaderamente solidarios más allá de consignas y lamentos por las vicisitudes de los que viven “allá”, es hora de reconocer el rol clave de los municipios en las vidas diarias de miles de ciudadanos y exigirle al gobierno central que invierta de forma proporcional por todo Puerto Rico y cese su histórica política metro-centrista.

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