

Puerto Rico ha perdido a una de sus voces más lúcidas y perseverantes, la demógrafa Judith Rodríguez. Su obra trasciende la academia porque logró que los números hablaran de lo más íntimo de nuestra sociedad: los nacimientos, las migraciones, los matrimonios y las muertes que moldean nuestra vida colectiva. Judith dedicó décadas a estudiar el dramático viraje demográfico de la isla. Documentó desde el descenso implacable de la natalidad hasta el éxodo de jóvenes y la acelerada transición hacia una población más envejecida. Nadie ha explicado con tanta claridad cómo esos cambios afectan la economía, la educación, el mercado laboral y hasta la viabilidad del país mismo.
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