


El derecho internacional funciona cuando se acaba el jabón en el baño. El problema es que el jabón siempre se acaba cuando uno ya está desnudo y mojado, nunca se acaba antes de que uno se quite la ropa y se empape en la bañera. Ante lo obvio, pegar un grito para que alguien nos haga el favor de traernos un jabón o salir a buscarlo todo mojado, a riesgo de un resbalón, el derecho internacional nos propone otra alternativa: bañarse como si hubiera jabón. Y eso fue lo que hizo el doctor Juvenal Urbino en “El amor en los tiempos del cólera” ante la guerra que tenía con su esposa Fermina Daza: fingir que en el baño siempre hubo jabón, que es lo mismo que hemos hecho todos desde que Estados Unidos invadió Irak o desde que Putin lanzó los primeros misiles a Ucrania, o desde que Netanyahu empezó a borrar la franja de Gaza del mapa, o desde que Maduro se robó las elecciones, o desde que Trump empezó a bombardear embarcaciones en aguas del Caribe, o desde que hace unos días Trump secuestró a Maduro por narcoterrorismo.

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